"Nuestra intención es construir un muro de contención contra el giro autoritario de los estados y el fascismo"
Gazte Koordinadora Sozialista (GKS) ha organizado movilizaciones para el 31 de enero en Bilbo e Iruñea. Nos hemos reunido con dos miembros de la organización, Marina Basurko y Danel Errazu, para hablar de las manifestaciones y, sobre todo, de sus retos políticos ante el auge del fascismo.
En primer lugar, ¿podríais poner en contexto las manifestaciones?
El 31 de enero nos vamos a movilizar contra dos cuestiones: el fascismo emergente y la reforma autoritaria de los estados occidentales. Ambas son tendencias contra la clase trabajadora y para nosotros es prioritario articular contra ellas la unidad de clase en parámetros revolucionarios.
Entendemos que estas tendencias forman parte de la agenda de la oligarquía atlantista. Es decir, las oligarquías de Estados Unidos y Europa han apostado por el fascismo y el autoritarismo de los estados. Estamos presenciando la articulación de un nuevo movimiento fascista en todos los estados occidentales, tanto electoralmente como a nivel de calle. Asimismo, la oligarquía pretende establecer estados militarizados y autoritarios sustituyendo los estados asistenciales de Occidente. Podríamos poner muchos ejemplos relacionados con esto, pero quizá el más ilustrativo sea la medida impuesta por la OTAN a los estados europeos, que les obliga a destinar el 5% de sus presupuestos a la industria armamentística y al ámbito militar, con todo lo que eso conlleva.
Tenemos un compromiso claro para hacer frente a dicha tendencia y los miembros del Movimiento Socialista trabajamos día a día en esa misma dirección: en los centros educativos, en los puestos de trabajo, entre la juventud, entre los migrantes, etcétera. Ahora, apostamos por dar un paso más y salir a la calle. Miles de jóvenes nos movilizaremos contra el fascismo y el autoritarismo de los estados.
¿Qué objetivos tienen las movilizaciones y por qué es importante salir a la calle el 31 de enero?
Podemos decir que en Euskal Herria nos encontramos en una especie de encrucijada. Y es que, aunque las ideas reaccionarias se están expandiendo, el fascismo aún no ha articulado un cuerpo político unificado. Por lo tanto, a nuestro parecer, si conseguimos legitimar y expandir la lucha contra el fascismo, mucha gente no desarrollará una conciencia fascista. Nuestra intención es construir un muro de contención ante el fascismo y el giro autoritario de los estados.
En este contexto es fundamental salir a la calle y hacer una demostración de fuerza frente al fascismo. Es por eso que miles de jóvenes debemos tomar las calles el 31 de enero, tanto para extender la conciencia contra el fascismo y el autoritarismo entre la juventud, como para enviar un mensaje a los fascistas para que den un paso atrás.
"Debemos tomar las calles el 31 de enero, tanto para extender la conciencia contra el fascismo y el autoritarismo entre la juventud, como para enviar un mensaje a los fascistas para que den un paso atrás"
En este sentido, durante estas semanas realizaremos una campaña de agitación de masas: por un lado, llenaremos las calles, colegios y puestos de trabajo de Euskal Herria de mensajes contra el fascismo y el estado autoritario; y, por otro lado, nos reuniremos con miles de jóvenes de Euskal Herria, para concienciar sobre la necesidad de convertirse en activo político en esta lucha.
Además, nuestras movilizaciones tendrán también un enfoque internacionalista. La lucha contra el nuevo movimiento fascista y la militarización de los estados europeos tiene que adquirir necesariamente una dimensión internacional; de lo contrario, no hay nada que hacer. Por eso, desde Euskal Herria tenemos que mandar un mensaje internacionalista para que en los demás territorios también se reactive la lucha revolucionaria contra el estado autoritario y el nuevo fascismo.
El fascismo se basa en una visión ultranacionalista y supremacista, al mismo tiempo que muchos partidos, colectivos e individuos que no se consideran fascistas están volviendo al nacionalismo identitario. ¿Cómo entendéis esta tendencia?
Desde el Movimiento Socialista hemos señalado que la oligarquía ha apostado por establecer estados autoritarios y que, en ese camino, la clase media se está convirtiendo en una clase reaccionaria y está emergiendo un nuevo movimiento fascista. Así, entendemos este retorno al nacionalismo como parte de la reacción, y es precisamente el fascismo quien radicaliza esta concepción, defendiendo directamente posiciones ultranacionalistas excluyentes. Por lo tanto, entendemos que son parte del mismo proceso.
"La oligarquía ha apostado por establecer estados autoritarios y, en ese camino, la clase media se está convirtiendo en una clase reaccionaria y está emergiendo un nuevo movimiento fascista"
De todas formas, debemos separar la cuestión nacional del nacionalismo. La primera hace referencia a una situación de opresión y la segunda es una perspectiva política. En cuanto a Euskal Herria, la cuestión nacional sigue siendo una realidad hoy en día, porque entre otras cosas, los derechos lingüísticos y la voluntad nacional de la clase trabajadora siguen siendo oprimidos. Por consiguiente, defendemos el derecho de autodeterminación de la clase trabajadora o de la mayoría social de Euskal Herria y reivindicamos el Estado Socialista Vasco como vía para dar salida a la cuestión nacional.
El nacionalismo, sin embargo, es un enfoque político que sitúa a escala nacional la solución de diferentes cuestiones o problemáticas. Nosotros no defendemos una estrategia nacionalista y creemos que políticamente tiene límites evidentes. En cuanto a las cuestiones actuales que estamos tratando, es decir, la guerra, el fascismo y el autoritarismo, la estrategia nacionalista es completamente impotente. Por eso es necesario articular la clase trabajadora a nivel internacional, desde una perspectiva internacionalista y basada en la independencia de clase.
Asimismo, el nacionalismo está adquiriendo actualmente un carácter identitario y reaccionario en la mayoría de los lugares, ya que la oligarquía ha puesto en marcha un plan propagandístico para difundir ideas reaccionarias. Partidos y colectivos que se basan en parámetros puramente identitarios y nacionalistas han empezado a hacer propuestas excluyentes. En general, se puede decir que la clase media está adquiriendo un carácter reaccionario y, con ello, los partidos políticos también están girando hacia la derecha.
Además, hay quien sitúa el antifascismo en parámetros nacionalistas. ¿Cuál es vuestra posición?
Es cierto que algunos sitúan el antifascismo en parámetros nacionalistas. En Euskal Herria, mismamente, defienden la fórmula "antifascismo = antiespañolismo". Es cierto que el fascismo español quiere difundir e imponer ideas supremacistas, como claramente vimos en el acto de la Falange española en Gasteiz, y tenemos que seguir haciéndoles frente a este tipo de agentes fascistas. Tampoco podemos obviar que en Euskal Herria estén haciendo intentos de crear agentes fascistas basados en el nacionalismo vasco. Por eso, venga de donde venga, debemos hacer frente a los fascistas, incluso si vienen en nombre de una supuesta superioridad vasca.
"En Euskal Herria estén haciendo intentos de crear agentes fascistas basados en el nacionalismo vasco. Por eso, venga de donde venga, debemos hacer frente a los fascistas, incluso si vienen en nombre de una supuesta superioridad vasca"
Durante estos meses varios agentes han llevado a cabo una campaña de criminalización contra vosotros. ¿Qué lectura hacéis de ello?
En la medida en que el programa político representado por el Movimiento Socialista es contrario al poder burgués, estará en el punto de mira del estado y de los demás aparatos de la burguesía. En este sentido, la criminalización y la represión son una amenaza y una realidad permanente, de la misma manera que para cualquier agente revolucionario con un cuerpo mínimo. En este caso, los medios de comunicación españoles y vascos al servicio del poder han llevado a cabo una campaña de intoxicación y criminalización, creando un relato manipulado que proclama un supuesto aumento exponencial de la violencia en los movimientos revolucionarios de izquierdas.
"En estos años la violencia fascista ha ido creciendo con total impunidad, mientras que los partidos reformistas no han hecho nada al respecto. Ahí está el auge de la violencia en estado puro"
Pero ¿cuál es la realidad? Pues bien, la realidad es que en estos años la violencia fascista ha ido creciendo con total impunidad, mientras que los partidos reformistas no han hecho nada al respecto. Ahí está el auge de la violencia en estado puro. Ante eso, varios agentes hemos conseguido combatir el fascismo en la calle, lo que ha puesto de manifiesto de golpe dos cuestiones: la hipocresía de estos partidos de izquierda, y el hecho de que a los partidos políticos y a los aparatos de estado les preocupa más la respuesta antifascista comprometida que el fascismo emergente.
Las bases de esta campaña de criminalización del Estado español las puso el PNV, que ya durante el pasado verano fue construyendo este tipo de discurso en Euskal Herria. Tenemos que tener en cuenta que el PNV, además de ser un partido de derechas del mundo empresarial, se está desgastando electoralmente y ha optado por profundizar en la reacción en busca del voto de una capa de la sociedad cada vez más a la derecha, lo que le ha dado beneficios electorales. Un camino que seguirá profundizando a partir de ahora.
"Es todo el sistema político el que está profundizando en los parámetros autoritarios. Criminalizar a la juventud que se enfrenta al fascismo es un ejemplo de ello, [...]. Todos los partidos políticos están comprando el marco autoritario del debate político"
Más allá de esa campaña de criminalización, es todo el sistema político el que está profundizando en los parámetros autoritarios. Criminalizar a la juventud que se enfrenta al fascismo es un ejemplo de ello, pero también focalizar el debate político nacional en torno a una pintada o formas de señalamiento similares. Todos los partidos políticos están comprando el marco autoritario del debate político.
Del mismo modo, los partidos socialdemócratas y liberales clásicos pretenden beneficiarse de la lucha contra el fascismo considerándose antifascistas. ¿Qué lectura hacéis del antifascismo institucional?
El acto de la Falange española en Gasteiz o el que tenía previsto Vito Quiles en Iruñea demostraron que se están desarrollando dos modelos de antifascismo diferentes: por un lado, el antifascismo institucional que defienden los partidos reformistas de izquierda y se basa en sacar provecho electoral a la preocupación por el fascismo. Por otro, el antifascismo revolucionario a nivel de calle, defendido por numerosos agentes del movimiento popular y de carácter de clase, que están dispuestos a enfrentarse a los fascistas en la calle.
En cuanto al Estado español, el antifascismo institucional gira en torno al PSOE y, como planteamiento político, tiene graves limitaciones, imposibilidades y riesgos. Para empezar, es el PSOE quien ha permitido dar los primeros pasos al fascismo: los grupos fascistas se han inscrito en el Ministerio de Justicia, se han manifestado y han normalizado su presencia en la calle (como lo han hecho Núcleo Nacional o Falange, entre otros muchos), o están llevando a cabo acciones violentas y armadas con total impunidad desde hace años, como Desokupa y grupos que golpean a migrantes. Cabe mencionar que el fascismo mediático es legal en el Estado español, y que difunde relatos, bulos y discursos de su interés. Por lo tanto, el antifascismo institucional no ha roto la colaboración existente entre el estado y el fascismo.
"El antifascismo institucional no ha roto la colaboración existente entre el estado y el fascismo"
Por otro lado, las ideas reaccionarias en el electorado de estos partidos de izquierda cada vez tienen más peso, ya que, lejos de hacer frente a la reacción, todos los partidos están girando hacia la derecha para conseguir una mayor cuota electoral. Eso no hace más que dañar la lucha antifascista. Además, han criminalizado el antifascismo a nivel de calle. Partidos como el PSOE o el PNV, entre otros, autodenominados antifascistas, han denunciado y criminalizado las respuestas antifascistas en la calle.
Por último, los partidos parlamentarios que defienden el antifascismo institucional no se basan ni en la ideología revolucionaria ni en la militancia política, y orientan su actuación hacia la construcción de un antifascismo electoral. En este sentido, les falta compromiso y generosidad militante para combatir el fascismo.
Por tanto, ¿cuál es la apuesta que hacéis vosotros?
Nuestra apuesta se basa en formar un frente de clase liderado por la clase revolucionaria contra el fascismo y el autoritarismo de los estados. Tenemos que crear un frente construido desde el movimiento popular y los colectivos de la clase trabajadora para combatir las medidas antiproletarias del estado y el fascismo.
Entendemos que esto tiene ciertas características y tareas. Por un lado, en tiempos en los que en muchos territorios el antifascismo está en parte desarticulado y el fascismo se extiende entre las nuevas generaciones, debemos conseguir que el antifascismo sea una tendencia de masas. En esa dirección, los comunistas debemos ser el pilar del nuevo antifascismo. Tanto a nivel de calle como ideológicamente, debemos derrotar a la reacción y al fascismo, anulando los relatos racistas, las mitologías nacionalistas, los imaginarios machistas, etc., que quieren poner de moda.
"Tanto a nivel de calle como ideológicamente, debemos derrotar a la reacción y al fascismo, anulando los relatos racistas, las mitologías nacionalistas, los imaginarios machistas, etc., que quieren poner de moda"
Por otro lado, el frente contra el fascismo y la reforma autoritaria de los estados no puede ser subordinado a los partidos parlamentarios. Por el contrario, debemos articular la clase trabajadora como bloque, basado en la independencia política y organizativa, y debe adquirir una dimensión de masas. Este frente de masas de carácter de clase debe ser el máximo exponente organizativo del antifascismo, que debe ganar eficacia para hacer frente a la reforma autoritaria de los estados.
Planteáis que la lucha contra el fascismo y las reformas autoritarias de los estados deben ir de la mano. ¿Podéis profundizar en el segundo elemento?
La oligarquía pretende establecer en todo el mundo un nuevo paradigma del estado capitalista: el estado autoritario. Y el fascismo es, precisamente, la ideología a favor de ese modelo de estado. Por lo tanto, entendemos que debemos construir un frente para hacer frente a estas dos realidades.
"La oligarquía pretende establecer en todo el mundo un nuevo paradigma del estado capitalista: el estado autoritario. Y el fascismo es, precisamente, la ideología a favor de ese modelo de estado"
En este sentido, el planteamiento de los partidos reformistas tiene limitaciones evidentes. Y es que la lucha electoral contra el fascismo es insuficiente en muchos sentidos. Para empezar, porque no han hecho nada para que el fascismo no diera el menor paso. Pero más allá de eso, obedeciendo a la agenda de los dirigentes europeos, el gobierno de izquierdas liderado por el PSOE ha impuesto reformas y medidas autoritarias: aumento de los presupuestos militares, seguimiento de la Ley Mordaza, represión de las luchas obreras y aumento de la impunidad policial... Así, el gobierno español le está haciendo los deberes al fascismo.
Por eso decimos también que el frente antifascista debe basarse en la independencia de la clase trabajadora. Y que, con ello, debe servir para combatir el modelo autoritario de estado de la oligarquía, al menos, en tres ámbitos: la restricción de derechos civiles y políticos, el acoso y la creciente impunidad policial, y la militarización de los estados y las medidas belicistas.
Por último, toda esta lucha exige un horizonte estratégico que entendemos es el estado socialista, es decir, un modelo de estado basado en los intereses de la clase trabajadora, que tenga dimensión internacional y que ponga las bases para una sociedad sin clases.
En esta dirección, ¿cuáles son vuestras prioridades?
Para nosotros es prioritario crear un contexto de lucha que ponga en el centro las problemáticas de la clase trabajadora. Esto es, la cuestión de vivienda y desahucios, la problemática educativa, el deterioro de la sanidad, los macroproyectos destructivos de empresarios ligados a las energías renovables, el desmantelamiento del tejido industrial y deterioro de las condiciones laborales, el genocidio en Palestina, la violencia machista y opresión de la mujer trabajadora... Esas son las problemáticas del día a día de la clase trabajadora y ahí tenemos que situar el debate público, en el que el fascismo no está nada cómodo. En este sentido, creemos necesario continuar con la apuesta de movilizaciones ligadas a estas problemáticas, sin regalar al fascismo las calles y el discurso antisistema.
"Para nosotros es prioritario crear un contexto de lucha que ponga en el centro las problemáticas de la clase trabajadora. [...] es ahí donde tenemos que situar el debate público, donde el fascismo no está nada cómodo"
Tampoco podemos regalar al fascismo el concepto de nación. El fascismo elogia la visión nacional supremacista y esencialista, difunde ideas contra las naciones oprimidas y sitúa la defensa de las naciones en guerra con las demás naciones. Por tanto, el suyo es un punto de vista de odio basado en el supremacismo, el esencialismo y la enemistad. Por el contrario, nos resulta imprescindible confrontar esta concepción, defender el derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas y trabajar todo ello desde una perspectiva internacionalista y revolucionaria.
Por otro lado, debemos polarizar la indignación y el desapego político generado por las ofensivas de la oligarquía y el ciclo político reformista contra la propia oligarquía y sus instituciones, como la Comisión Europea, la OTAN o las patronales. No podemos dejar que la indignación y el malestar social se conviertan en caldo del cultivo para el fascismo.
Junto a ello, algo de vital importancia: debemos despertar la conciencia de la juventud trabajadora y hacer del comunismo una tendencia cultural. Es vital que la visión socialista-revolucionaria se convierta en hegemónica en las nuevas generaciones, en oposición a las perspectivas clasistas y fascistas.
"No podemos dejar que la indignación y el malestar social se conviertan en caldo del cultivo para el fascismo"