El Estado español, líder de "crecimiento" en la UE según el FMI: un espejismo de la debilidad europea
Eleva al 2,3% su previsión para Madrid, casi el doble que la media de la eurozona, pero se sustenta en un aumento poblacional y del turismo, con un una deuda pública creciente y productividad estancada.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revisado al alza sus previsiones de crecimiento para el Estado español, situándolo como "la gran economía de la Unión Europea con mejor desempeño en 2026", con un aparente "avance" del 2,3% que casi duplica el 1,3% previsto para la eurozona. Sin embargo, este liderazgo relativo dice más de la debilidad estructural de los socios europeos —con Alemania al 1,1% y Francia al 1%— que de una fortaleza sólida de la economía española. El propio informe del FMI señala que el supuesto "crecimiento" español se explica en parte por aumentos proyectados del gasto público y por un "sólido desempeño" en sectores como el turismo, en un contexto de aumento poblacional, mientras advierte de que "un mayor déficit fiscal y una elevada deuda pública podrían ejercer presión sobre los tipos de interés".
La previsión del FMI supera incluso la del Gobierno español (2,2%) para este año, pero para 2027 reduce su estimación al 1,9%, dos décimas por debajo del Ejecutivo. De confirmarse, sería el ritmo de expansión más bajo desde 2014, excluyendo el 2020, marcado por la pandemia de la COVID-19. El organismo destaca que Madrid únicamente será superada por Washington (2,4%) entre las economías avanzadas, un dato que encubre una realidad matizada: el "crecimiento" español se sustenta en gran medida en factores coyunturales y demográficos, mientras arrastra lastres estructurales, empezando por una deuda pública que ronda el 107% del PIB y una productividad estancada.
El informe del FMI, titulado Perspectivas de la economía mundial, atribuye el "desempeño estable" global a un "equilibrio de fuerzas divergentes", donde los factores adversos —como la incertidumbre comercial y las tensiones geopolíticas— son compensados por el "aumento de la inversión en tecnología, incluida la inteligencia artificial (IA), así como por medidas de apoyo fiscal y monetario". Para la eurozona, sin embargo, el diagnóstico es aún más sombrío: "Se beneficia menos del reciente impulso a la inversión tecnológica" y sufre aún "los efectos persistentes del aumento del coste de la energía" tras el cierre del gas y el petróleo ruso por la guerra en Ucrania.
El organismo alerta de riesgos internacionales a la baja, como una posible corrección abrupta en los mercados financieros ligada a expectativas sobreinfladas de la IA, o un recrudecimiento de las tensiones comerciales. Para el Estado español, el principal desafío subyacente sigue siendo la sostenibilidad de sus cuentas públicas. El FMI insta a los países a "reconstruir la capacidad fiscal" con "supuestos realistas" sobre el gasto a largo plazo, en un claro mensaje para las economías con altos índices de endeudamiento. El "crecimiento" español, por tanto, se erige más como un espejismo en un panorama europeo deprimido que como el indicio de una transformación económica sólida.