Muere Michael Parenti, referente del marxismo estadounidense
El politólogo falleció en Berkeley a los 92 años tras una vida dedicada a desmontar la propaganda del poder, defender las conquistas del socialismo y confrontar el anticomunismo dominante.
El politólogo y escritor estadounidense Michael John Parenti murió el pasado sábado en Berkeley, California, a los 92 años, según han confirmado diversas necrológicas, archivos políticos y plataformas militantes. Nacido en Nueva York el 30 de septiembre de 1933, Parenti fue una de las voces marxistas más influyentes de EE.UU. y un referente internacional en la crítica al capitalismo, el imperialismo y los medios de comunicación. En palabras difundidas por su hijo, Christian Parenti, el intelectual “se ha ido al Gran Salón de Conferencias del Cielo”.
Parenti fue autor de más de 300 artículos y una veintena de libros, entre ellos Democracy for the Few, Inventing Reality: The Politics of the Mass Media (1986), Against Empire (1995), Blackshirts and Reds (1997), The Assassination of Julius Caesar: A People’s History of Ancient Rome (2004), textos de referencia para varias generaciones de militantes y lectores críticos con el capitalismo. Su obra se orientó a desvelar las estructuras de poder corporativo, las guerras imperialistas y los mecanismos de propaganda mediática de la burguesía, con una escritura deliberadamente accesible y dirigida más allá del ámbito estrictamente académico. Destacaba en sus conferencias por su labia, su lucidez y su lenguaje agitativo. En 1999 recibió el International Humanist Award de la American Humanist Association, en reconocimiento a su trayectoria intelectual.
Polémica con Noam Chomsky
Su afilado punto de vista lo llevó a debatir con intelectuales de la izquierda estadounidense, como Noam Chomsky. Parenti sostenía que Chomsky, pese a su retórica radical, limitaba deliberadamente el alcance de la crítica. Ambos coincidían en que los grandes medios sirven a los intereses del poder, de hecho Chomsky, en su obra Manufacturing Consent de 1988 había planteado una tesis sospechosamente similar a la que Parenti había formulado antes en Inventing Reality (1986). Parenti reprochó que Chomsky apenas reconociera ese precedente en su obra y, sobre todo, que rechazara los análisis estructurales que nombran actores concretos —corporaciones, agencias de inteligencia, élites políticas— tachándolos de “conspirativos”. Frente a ello, Parenti respondía que “la alternativa a una teoría de la conspiración es una teoría de la inocencia” y recordaba que organismos como la CIA “son, por definición, conspiraciones”.
La divergencia fue aún más profunda en la lectura del socialismo real y del imperialismo. Mientras Chomsky, siguiendo los pasos del pensamiento liberal occidental, equiparó el a Stalin con Hitler, calificó el leninismo de “contrarrevolución” y presentó la política exterior estadounidense como “una sucesión de errores o malas decisiones”, Parenti documentó los logros históricos de las sociedades socialistas y defendió que las guerras de Estados Unidos no eran “fallos”, sino operaciones racionales al servicio de intereses de clase, con beneficios claros para empresas y élites determinadas. Esta diferencia se expresó posteriormente de forma especialmente nítida en los Balcanes y Libia: Chomsky apoyó la intervención de la OTAN en Yugoslavia y la zona de exclusión aérea en Libia; Parenti las denunció desde el principio como guerras imperialistas con consecuencias sociales devastadoras previsibles, llegando a señalar públicamente a figuras de la izquierda institucional por su apoyo a estas intervenciones imperialistas.
Finalmente, Parenti criticó el papel político que, a su juicio, ocupó Chomsky en el espacio público estadounidense: un intelectual muy visible, con acceso a grandes medios y universidades, que canalizaba el descontento hacia una crítica abstracta del poder sin cuestionar frontalmente el capitalismo ni defender experiencias socialistas concretas. En contraste, Parenti —aunque fuera marginado de la academia y relegado a circuitos militantes y medios pequeños— asumió el coste profesional por mantener una posición abiertamente comunista y antiimperialista. Para sus seguidores, esa diferencia explica por qué intelectuales como Chomsky fueron ampliamente promovidos y Parenti, en cambio, sistemáticamente silenciado y apartado.
Parenti y el "socialismo real"
Parenti también fue una figura atípica dentro el marxismo estadounidense: nunca renegó de la Unión Soviética. Tras su colapso, combatió lo que calificó como una oleada de historiografía anticomunista. Ante la desinformación, documentó las conquistas sociales de los estados socialistas —empleo, sanidad, educación y vivienda— y sostuvo que su existencia forzó concesiones y reformas en los países capitalistas, como los derechos laborales y programas sociales que beneficiaron a la clase obrera, en lo que se ha conocido como Estado del bienestar.
Se definió como socialista y marxista hasta su último día de vida, que coincidió con las protestas de Minneapolis y el asesinato de Alexander Pretti a mano de agentes federales. Su obra Blackshirts and Reds comienza con la siguiente dedicatoria: “A los rojos y a los otros incontables héroes anónimos que resistieron a los Camisas Negras del ayer, y que continúan su lucha hasta el día de hoy en contra de los camisas blancas corporativos”.