Los aranceles suponen un "impuesto" de 200.000 millones aplicado directamente al trabajador estadounidense
Trump traslada el 94% del coste de la guerra comercial a los hogares, mientras las grandes fortunas y las arcas públicas se nutren de una recaudación récord basada en el consumo básico.
El reciente análisis del Instituto Kiel para la Economía Mundial revela una realidad aritmética cruda que contradice la retórica política oficial de las autoridades estadounidenses: los aranceles impuestos en 2025, lejos de ser sufragados por potencias extranjeras, han recaído casi en su totalidad sobre los hombros de la clase trabajadora de Estados Unidos. Los datos, extraídos de más de 25 millones de transacciones comerciales que suman cerca de 4 billones de dólares, demuestran que los exportadores extranjeros apenas absorbieron el 4% del coste arancelario. El 96% restante se trasladó directamente a los precios de importación, funcionando en la práctica como un impuesto regresivo que castiga el consumo diario de las familias más empobrecidas.
La magnitud del impacto numérico es devastadora para la economía doméstica. La recaudación aduanera de EE. UU. se disparó en aproximadamente 200.000 millones de dólares durante 2025. Esta cifra no representa una transferencia de riqueza desde el exterior, sino una extracción masiva de recursos de las empresas y hogares estadounidenses hacia el Tesoro Público. Para el trabajador medio, esto se traduce en que por cada 100 dólares recaudados por el Estado bajo la premisa de "proteger la industria", 96 dólares han salido directamente de carteras locales a través de precios inflados en bienes de primera necesidad, suministros y productos manufacturados.
Los estudios de caso sobre países como Brasil e India confirman que la "elasticidad" del mercado es un mito frente a la rigidez de las cadenas de suministro internacionales. Tras la imposición de gravámenes de hasta el 50% a productos brasileños, los precios de exportación no disminuyeron; lo que colapsó fue el volumen de comercio, encareciendo la oferta disponible para el comprador estadounidense. En el caso de India, los registros aduaneros de origen verifican que los exportadores mantuvieron sus precios intactos y simplemente redujeron sus envíos. Los trabajadores se enfrentan así a una doble penalización: productos más caros y una menor variedad de bienes disponibles.