El 11 de febrero, Guatemala anunció la expulsión progresiva de los 412 cooperantes sanitarios cubanos que desde 1998 trabajaban en comunidades indígenas y rurales en varios países. El gobierno guatemalteco, por ejemplo, habló de "análisis técnico" para "fortalecer el sistema sanitario nacional". Fernando González Davison, experto en relaciones internacionales, recordó ante Il Manifesto que esos médicos "fueron exactamente donde nadie más quería ir: comunidades devastadas por la guerra civil, aldeas donde la corrupción había vaciado los ambulatorios y los jóvenes graduados guatemaltecos se negaban a trasladarse". El primer ministro de Santa Lucía, Philip J. Pierre, denunció públicamente las presiones estadounidenses para que su gobierno interrumpa incluso el envío de estudiantes a formarse en Cuba, calificando la situación como "un problema enorme".

La ofensiva responde a una estrategia coordinada desde Washington. En febrero de 2025, el secretario de Estado Marco Rubio anunció restricciones de visado para funcionarios cubanos implicados en misiones médicas y extendió las sanciones a cualquier funcionario extranjero considerado "cómplice" del programa, al que calificó de "trabajo forzado". En agosto, las medidas alcanzaron a funcionarios brasileños y granadinos. Desde entonces, uno tras otro, los países han capitulado: Paraguay, Bahamas, Guyana, Antigua y Barbuda. El primer ministro antiguano Gaston Browne defendió durante todo 2025 el programa cubano como "esencial", para luego cancelarlo en diciembre sin dar explicaciones y sustituir a los cubanos por personal reclutado en Ghana.

600.000 médicos cubanos han servido en 160 países

Los números desmienten cualquier preocupación humanitaria por parte de Washington. Desde 1963, más de 600.000 sanitarios cubanos han servido en 160 países. En 2019, Naciones Unidas estimaba en 30.000 los médicos cubanos activos en 67 naciones. Cuba, con 11 millones de habitantes y asfixiada por seis décadas de bloqueo, tiene la mayor densidad de médicos del mundo: 8,4 por cada mil habitantes, frente a 2,6 en Estados Unidos. Su formación y su sistema sanitario, levantado en medio de enormes dificultades, han sido aplaudidos por varios organismos internacionales por su excelencia. En Honduras, la mortalidad infantil cayó de 30,8 a 10,1 por mil nacidos vivos en las zonas atendidas por cubanos entre 1998 y 2003. En 2005, 2.400 sanitarios cubanos trataron a 1,7 millones de pacientes en 32 hospitales de campaña en el Pakistán devastado por el terremoto, y donaron las instalaciones al país al final de la misión.

Los médicos italianos no quieren trabajar en los hospitales calabreses; los cubanos sí

En Calabria (Italia) gobernada por los fascistas de Forza Italia, el presidente Roberto Occhiuto tuvo que firmar un acuerdo con la Comercializadora de Servicios Médicos Cubanos porque "no había alternativa": Los médicos italianos no quieren trabajar en los hospitales calabreses; los cubanos sí. El programa prevé llegar al millar de facultativos en la región. Los pacientes describen a estos heróicos doctores como una "bocanada de oxígeno" e "indispensables".

La cuestión del reparto y la retención salarial es real: de los 4.700 euros brutos que paga la región, al médico le llegan tan solo unos 1.200. Sin embargo, la pretensión de que sean Marco Rubio y la administración Trump quienes se erijan en "defensores de los derechos laborales" constituye una de las mayores inversiones retóricas de la política contemporánea. Mientras 27 millones de estadounidenses carecen de seguro médico y la esperanza de vida cae, EE.UU. pretende asfixiar al único país que ha demostrado que la salud puede ser un derecho y no una mercancía. Quienes pagarán el precio no serán ni Rubio ni los burócratas de Washington, sino los pacientes de las comunidades indígenas, los trabajadores pobres calabreses, todos aquellos parias de la tierra para quienes un médico cubano era el único médico posible.