El Gobierno de los Estados Unidos de América ha ordenado la retirada completa de los aproximadamente 1.000 soldados desplegados en Siria, según han confirmado tres funcionarios estadounidenses al Wall Street Journal. Afirman que las tropas ya han abandonado la base de Al Tanf, enclave estratégico en la frontera con Jordania e Irak, y la instalación de Al-Shaddadi, en el noreste del país. Anticipan que la salida del resto de efectivos se completará en los próximos dos meses, poniendo fin a una operación militar que se prolongó durante más de una década bajo el pretexto de "luchar" contra el autodenominado Estado Islámico (ISIS), cuyos combatientes se reintegran en las fuerzas gubernamentales comandadas por los herederos de Al Qaeda.

La decisión responde al cambio sobre el terreno tras la ofensiva relámpago lanzada en enero por las fuerzas del nuevo régimen sirio, liderado por Ahmed al-Sharaa, más conocido por su nombre de guerra Muhammad Al Jolani, que arrebató a las fuerzas kurdas la mayor parte de los territorios que controlaban. Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), principal aliado de Washington en Siria durante los últimos años, alcanzaron un frágil alto el fuego con Damasco respaldado por EE.UU. y han acordado integrarse en el ejército sirio. Funcionarios estadounidenses citados por el diario explican que la presencia militar "ya no es necesaria" debido a la "casi total desintegración" de las FDS y que el objetivo ahora pasa a ser "construir una mayor presencia diplomática en el país".

La administración Trump busca reducir el riesgo de fricciones con el ejército de Al Jolani. Ni el Wall Street Journal oculta que esta fuerza está "infiltrada de simpatizantes yihadistas, incluidos soldados con vínculos con Al Qaeda e ISIS", así como implicados en crímenes de guerra contra las minorías kurda y drusa. El citado diario recuerda que dos soldados estadounidenses y un intérprete civil fueron asesinados por un miembro de las fuerzas gubernamentales sirias en diciembre. El secretario de Estado, Marco Rubio, se reunió la semana pasada con su homólogo sirio para "buscar su cooperación en la lucha antiterrorista" y "mantener de la tregua con las FDS".

No es la primera vez que Trump ordena una retirada de Siria. En 2018, durante su primer mandato, ya intentó sacar a los 2.000 soldados entonces desplegados, provocando la dimisión de su secretario de Defensa, Jim Mattis. Finalmente, unos cientos de efectivos permanecieron para proteger campos petrolíferos, en un intento de hacerse con el crudo sirio. Jim Jeffrey, entonces enviado para Siria, reveló años después que en la administración "siempre estábamos haciendo juegos malabares para no dejar claro a nuestros líderes cuántos soldados teníamos allí".

Esta vez, la retirada se produce mientras EE.UU. concentra su maquinaria bélica frente a las costas de Irán, con dos portaaviones y una flota de guerra dispuesta para un eventual ataque conjunto con Israel, lo que evidenciaría que el repliegue puede no responder a un cambio de estrategia global, sino a una reordenación de fuerzas para mantener la hegemonía en la región.