Irán, Rusia y China realizan maniobras navales conjuntas en el estrecho de Ormuz
Los ejercicios militares 'Maritime Security Belt 2026' se desarrollan frente a la flota de guerra de EE.UU., enviando una clara señal frente a las amenazas de Washington.
En un contexto de máxima tensión en el golfo Pérsico, las marinas de guerra de la República Islámica de Irán, la Federación Rusa y la República Popular China han iniciado esta semana las maniobras conjuntas Maritime Security Belt 2026 en el estrecho de Ormuz, según ha informado la televisión estatal iraní IRIB. Los ejercicios, que incluyen el cierre temporal de partes de esa estratégica vía marítima por donde transita el 20% del petróleo mundial, se desarrollan frente a una imponente flota estadounidense desplegada en la zona para presionar a Teherán mientras se desarrollan las negociaciones indirectas sobre su programa nuclear. El secretario del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa, Nikolai Patrushev, confirmó que el objetivo oficial de las maniobras es "reforzar la seguridad marítima, mejorar la cooperación contra la piratería y el terrorismo marítimo y realizar operaciones de socorro coordinadas".
El despliegue militar estadounidense en la región es de gran envergadura. El portaviones USS Abraham Lincoln, dotada de cazas F-18 y F-35, navega acompañada de tres destructores —Frank E. Petersen Jr., Michael Murphy y Spruance— frente a la costa nororiental de Omán. En el interior del estrecho operan otros dos destructores, el McFaul y el Mitscher, mientras que tres buques de combate —Santa Barbara, Tulsa y Canberra— se encuentran al norte de Qatar, entre la costa iraní y la península arábiga. A esta flota se sumará próximamente un segundo portaaviones, el USS Gerald Ford, inicialmente destinado al ataque imperialista contra Venezuela, según ha informado la prensa especializada en cuestiones marciales. Las bases aéreas de Al Kharj (Arabia Saudí), Al Udeid (Qatar) y Al Dhafrah (Emiratos Árabes Unidos) albergan además drones, unidades de vigilancia y cazabombarderos, mientras otros 12 cazas F-15 permanecen en la base jordana de Muwaffaq Salti.
La administración Trump quiere ampliar las conversaciones sobre el programa nuclear iraní con exigencias adicionales sobre el programa de misiles balísticos convencionales de Teherán, actualmente su principal medio de disuasión frente a las amenazas israelíes y estadounidenses, que el año pasado se consumaron en una agresión sin precedentes contra el país persa. Según analistas citados por el medio italiano Contropiano, el objetivo de Washington es dejar a Irán "incapaz de responder a eventuales ataques" y, por tanto, "entregarse desnudo a todas las malas intenciones occidentales".
La presencia de las flotas rusa y china en las maniobras con Irán adquiere así una dimensión política fundamental: Moscú y Pekín, socios de Teherán en los BRICS y principales compradores de su petróleo —China adquiere el 80% del crudo iraní—, envían una señal clara de advertencia a Washington: la presión sobre tiene un límite e Irán no está sola.
Aunque ni China ni Rusia buscan un enfrentamiento directo con EE.UU., su participación en estas maniobras indica, en el lenguaje geopolítico, que Washington "está superando la paciencia" de ambas potencias. Mientras los medios occidentales minimizan o ignoran estas maniobras, la realidad sobre el terreno muestra que la correlación de fuerzas en una de las regiones más vitales del planeta podría estar cambiando. La respuesta de Irán y sus aliados no es una declaración de guerra, sino la constatación de que, frente a la agresión imperialista de EE.UU., la coordinación entre los países que rechazan el unilateralismo estadounidense se hará efectiva.