La industria alemana redujo 124.000 empleos en 2025, un 2,3% menos que el año anterior, con el sector del automóvil como principal damnificado al perder unos 50.000 puestos de trabajo, según un análisis de la consultora EY recogido por Tagesschau. Esta cifra duplica los 56.000 empleos destruidos en 2024 en el conjunto industrial y evidencia la aceleración de la crisis en el tejido industrial alemán. Desde 2019, año previo a la pandemia, la industria germana ha visto desaparecer 266.200 empleos, de los cuales 111.000 corresponden al sector automovilístico, lo que representa una caída del 13% de la fuerza de trabajo del motor.

La facturación de las empresas industriales alemanas cayó un 1,1% en 2025, después del desplome del 3,5% en 2024, sin descontar el efecto de la inflación. En sectores como automoción, papel y textil, el descenso fue del 3%. La consultora EY señala que es el "descenso de las ventas", el que está detrás de los despidos, especialmente en el segmento del coche eléctrico. La transición hacia la "movilidad eléctrica", lejos de ser una oportunidad, se está convirtiendo en una excusa para acelerar despidos y reestructuraciones que las empresas presentan como "modernización".

Aunque la industria química y farmacéutica aguantó algo mejor, con 2.000 empleos perdidos en 2025 e incluso un aumento del 3% desde 2019, el panorama general es sombrío para los trabajadores. Las insolvencias entre empresas industriales alcanzaron en 2025 su nivel más alto desde 2013, con especial incidencia en los proveedores de componentes de automoción. EY advierte de que los recortes continuarán en 2026 debido a la "debilidad de los pedidos y a la competencia internacional". Además, los grandes fabricantes alemanes están trasladando producción, investigación y desarrollo al extranjero, lo que significa una sangría de empleo técnico en el país.

Detrás de las cifras hay una estrategia empresarial consciente que prioriza los beneficios y la cotización bursátil por encima del empleo y el tejido industrial. La llamada "transición energética", en lugar de planificarse con criterios sociales, se está utilizando para seguir deslocalizando y precarizando. Mientras las multinacionales del motor alemanas registran beneficios millonarios, decenas de miles de trabajadores son despedidos o empujados a prejubilaciones anticipadas. La socialización de las pérdidas y la privatización de las ganancias se consolida como modelo: una vez más, los costes de esta reconversión industrial silenciosa los pagan los trabajadores, mientras las empresas se preparan para seguir compitiendo en el mercado internacional sin reparar a los trabajadores que construyen su riqueza.