"Estamos ante algo mucho, mucho más grande que la covid". Así arranca el artículo del programador Matt Shumer, titulado Algo grande está sucediendo, que se viralizó con más de 80 millones de visitas en cuatro días a principios de febrero, según recoge El País. Shumer, que trabaja con inteligencia artificial (IA), advierte de que las empresas del sector ya están despidiendo a informáticos y desarrolladores "porque las herramientas que ellos crearon ya se están programando a sí mismas"."No estamos haciendo predicciones. Les contamos lo que ya ha ocurrido en nuestros propios trabajos y les advertimos que son los siguientes", escribe.

La alerta de Shumer, que apunta en la misma dirección de los expertos más pesimistas, coincidía con una semana de fuertes caídas en bolsa para compañías de software, videojuegos y servicios informáticos, ante el temor de los inversores a que los nuevos modelos de IA dejen obsoletas sus actividades. Yves Bonzon, responsable de inversiones del banco suizo Julius Baer, explicaba que "el rápido progreso de las herramientas de IA alimenta el temor generalizado de una disrupción en las industrias más expuestas". El banco UBS señala que las preocupaciones afectan ya a sectores como los seguros, los servicios inmobiliarios o la logística, aunque lo interpreta como "una oportunidad de inversión", "una validación del potencial de monetización de la IA".

Los recursos destinados a esta tecnología no tienen precedentes. Solo en 2026, Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft invertirán más de 650.000 millones de dólares, la mayor cantidad jamás concentrada en un año en cualquier otro desarrollo tecnológico; supera a la expansión del ferrocarril, la carrera espacial o la burbuja de las puntocom, según datos del sector. Esas colosales inversiones sin precedentes se destinan a centros de datos masivos y a entrenar modelos cada vez más potentes, en una pugna desenfrenada entre las grandes corporaciones por dominar el mercado.

"La mitad de todos los trabajos de cuello blanco podrían desaparecer en un plazo de entre uno y cinco años"

Las voces más pesimistas proceden de los propios ejecutivos del sector. Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, una de las empresas más avanzadas en IA, publicó hace unas semanas un artículo titulado La adolescencia de la tecnología, en el que calcula que la mitad de todos los trabajos de cuello blanco podrían desaparecer en un plazo de entre uno y cinco años. "El shock a corto plazo tendrá una magnitud sin precedentes", concluye.

Por si fuera poco, dos investigadores de OpenAI y Anthropic renunciaron a sus puestos alertando de los riesgos. Mrinank Sharma, que trabajaba en seguridad para evitar "el bioterrorismo asistido por IA", abandonó para "volverse invisible" y escribir poesía. Zoe Hitzig, investigadora de OpenAI, dimitió tras publicar en The New York Times sus "serias reservas" sobre la estrategia comercial de la compañía. Mientras las grandes tecnológicas compiten por amasar beneficios, quienes mejor conocen la tecnología huyen de ella y advierten, con una contundencia inquietante, de que "el mundo está en peligro". Los trabajadores, una vez más, serán quienes paguen los platos rotos de una revolución tecnológica diseñada para enriquecer a unos pocos.