La CGT de Lyon fue objeto este fin de semana de una amenaza de atentado con bomba, según ha denunciado el sindicato en un comunicado recogido por L'Humanité. El correo electrónico, enviado el sábado a las alcaldías de distrito de Lyon, contenía mensajes como "Voy a matar a todos los moros, izquierdistas y demás negros" y afirmaba que se habían colocado explosivos en el local sindical. La amenaza, firmada con una dirección que incluía el código neonazi "88" (Heil Hitler), fue puesta en conocimiento de la policía, que inspeccionó el edificio sin hallar artefactos. La CGT ha presentado una denuncia y su secretario en Lyon, Sébastien Douillet, ha declarado: "No nos van a callar. La CGT era, es y seguirá siendo antifascista".

En Tours, dos militantes de la Juventud Comunista han sido víctimas de agresiones en los últimos días, según ha denunciado el Partido Comunista de Touraine. Los hechos ocurrieron la noche del jueves 19 de febrero, horas después de una concentración fascistas convocada en homenaje a Quentin Deranque, y se repitieron el sábado 21. Las víctimas señalan el carácter político y racista de los ataques. En los mismos días, la Facultad de los Tanneurs amaneció con pintadas de cruces célticas y el local de campaña de Marie Quinton, candidata de LFI a la alcaldía de Tours, fue vandalizado.

Todos estos episodios se inscriben en una ola de intimidaciones que recorren el Estado francés desde la muerte del neofascista Quentin Deranque el 14 de febrero. El pasado miércoles, la sede central de La Francia Insumisa en París tuvo que ser evacuada por una amenaza de bomba similar. El jueves, los locales del sindicato Solidaires en Lyon también sufrieron ataques. Meses atrás, mucho antes de la muerte de Deranque, en Alès, el bar Le Prolé, habitual punto de encuentro de comunistas, fue asaltado; tres personas, presuntos militantes de fascistas cercanos al Bloc montpelliérain, han sido detenidas y puestas en libertad provisional este martes en relación con estos sucesos.

La reciente escalada de violencia coincide con la autorización gubernamental de la marcha fascista del 21 de febrero en Lyon, donde se produjeron saludos nazis e insultos racistas. El Gobierno de Emmanuel Macron, que ha anunciado diligencias contra el colectivo fascista femenino Némésis y otros dos grupúsculos fascistas, sigue observando una violencia que apunta directamente a sindicatos y organizaciones de izquierda. La CGT lo ha expresado con claridad, señalando una continuidad histórica: "Quienes hoy desean nuestra muerte son los herederos de aquellos que querían ver extinguirse la República en 1934, y que se apresuraron a colaborar en 1940". Esta mención se refiere a dos episodios históricos. En febrero de 1934, grupos fascistas protagonizaron violentas protestas en París que estuvieron a punto de derribar el Gobierno republicano, un evento que los socialistas y los comunistas interpretaron como un intento de golpe de Estado fascista . La segunda parte de la frase alude a la Francia de Vichy, el régimen liderado por el mariscal Pétain que, tras la derrota militar frente a la Alemania nazi en 1940, no solo firmó un armisticio sino que colaboró activamente con los ocupantes, persiguiendo a judíos, republicanos, comunistas y miembros de la resistencia .

Con esta comparación, el sindicato, al igual que muchas otras organizaciones antifascistas francesaas, sitúa la actual ola de violencia fascista no como un "delirio aislado", sino como la continuación de una tendencia histórica que ya llevó a Francia al desastre en el pasado. La pasividad de las instituciones actuales repite los mismos patrones que en aquel entonces resultaron fatales para las libertades políticas, civiles y sociales de la clase trabajadora francesa.