La República Popular China ha dado el pistoletazo de salida a su cuarta sesión de la XIV Asamblea Popular Nacional (APN) este jueves en Pekín, con el informe de trabajo del Gobierno por parte del primer ministro Li Qiang sobre la mesa. Este documento presentado en la sesión plenaria fija para 2026 un objetivo de crecimiento del producto interior bruto (PIB) de entre el 4,5% y el 5%, según informa China Daily. La cifra supone la cifra más baja desde 1991, pasando del 8-9% en mediados de los 90 al 6-6,5% en 2019 y el 5% que ha rondado en los últimos años.

Las autoridades chinas explican que esto refleja su voluntad de "priorizar la calidad sobre la cantidad" en el primer año del XV Plan Quinquenal (2026-2030). Los analistas consultados por el diario oficial subrayan que el objetivo "se alinea con la búsqueda del país de un desarrollo de alta calidad" y que un crecimiento sostenido en torno al 4,5% sería "más saludable" para una economía de semejante tamaño. Sin embargo, el contexto de la economía internacional, los conflictos arancelarios y las guerras comerciales tienen mucho que ver en las previsiones fijadas por el Gobierno chino.

El informe gubernamental establece también un objetivo de inflación en torno al 2%, medido por el índice de precios al consumo (IPC), que los expertos interpretan como un "ancla crucial" para estabilizar las expectativas en medio de presiones internas y externas. Zhou Mi, investigador de la Academia China de Comercio Internacional y Cooperación Económica, señala que el 2% "refleja que la oferta y la demanda están aproximadamente equilibradas" y proporciona a las empresas "rendimientos estables para continuar con la actividad económica normal".

El gobierno mantendrá una política fiscal de apoyo con un déficit en torno al 4% del PIB, recurriendo a bonos especiales a muy largo plazo, mientras que la política monetaria continuará siendo, en palabras de Pekín, "apropiadamente acomodaticia", con posibles recortes de tipos y coeficientes de reservas, aunque priorizando "medidas crediticias estructurales y selectivas".

Consumo interno a través del tiempo libre

Uno de los aspectos más novedosos del informe es el énfasis en el consumo, que los expertos vinculan no solo a la renta disponible sino también al tiempo libre. Yu Chunhai, decano ejecutivo de la Escuela de Economía de la Universidad Renmin, destaca que el Gobierno planea introducir vacaciones de primavera y otoño para estudiantes de primaria y secundaria, e implementar un sistema de permisos retribuidos escalonados para los trabajadores. "Estas medidas no son solo políticas sociales, sino también económicas", afirma el experto, argumentando que sin tiempo para viajar, formarse o realizar actividades culturales, el consumo potencial queda limitado. La paradoja china, según Yu, es que "los ingresos aumentan, pero el crecimiento del consumo sigue limitado" por la falta de ocio en una sociedad donde las jornadas laborales se han extendido.

"Autosuficiencia tecnológica"

El informe dedica especial atención a la autosuficiencia tecnológica y la apertura de alto nivel ante un entorno internacional cada vez más conflictivo, poniendo la vista en "nuevas fuerzas productivas de calidad". Bernard Dewit, presidente del Consejo Económico y Comercial Bélgica-China, señala la apuesta por las fuentes de energía y las tecnologías de nueva generación como "bases sólidas para un desarrollo estable y sostenible".

En un mundo sacudido por la guerra en Ucrania y la ofensiva estadounidense-israelí contra Irán, China presenta su plan quinquenal como "una apuesta por la estabilidad interna y la proyección exterior", con la vista puesta en duplicar el PIB per cápita para 2035. Mientras las potencias occidentales se enredan en conflictos bélicos y tensiones comerciales, Pekín ve la oportunidad de sentar las bases su planificación económica, pilar de su sistema, con luces largas, convencido de que las turbulencias internacionales exigirán "una economía sólida y tecnológicamente soberana".