Siete policías portugueses detenidos en Lisboa acusados de torturas
Investigan una trama de torturas, vejaciones y vídeos de palizas compartidos por WhatsApp en la comisaría de Rato, donde ya hubo arrestos previos por otros "casos aislados" de violación.
Al menos siete agentes de la Policía de Seguridad Pública (PSP) portuguesa han sido detenidos este miércoles en Lisboa acusados de delitos de torturas graves, abuso de poder y ofensas a la integridad física, según informaron la Fiscalía de Portugal y la propia policía en un comunicado conjunto, recogido por Naiz. Las investigaciones, que permanecen bajo secreto de sumario, están dirigidas por siete magistradas del Ministerio Público y se centran en hechos ocurridos en varias comisarías de la capital lusa, especialmente en la de Rato, donde en julio de 2025 ya se detuvo y acusó a dos agentes por tortura, abuso de poder y violación, cometidos principalmente contra personas vulnerables, como un intento de violación con una porra contra un joven de origen marroquí, según recogió la cadena portuguesa JN.
Según publica el medio portugués Expresso, algunos de los agentes detenidos estarían directamente implicados en "casos aislados" de torturas a personas arrestadas en la comisaría de Rato, mientras que otros habrían presenciado las palizas sin hacer nada. El escrito de acusación del Departamento de Investigación y Acción Penal (DIAP) de la Fiscalía en Lisboa explica que existen "sospechas" de que al menos dos grupos de WhatsApp integrados por agentes habrían servido para difundir las imágenes de las vejaciones.
En uno de los vídeos compartidos en esos grupos se ve a una persona extranjera tirada en el suelo, obligado a besar las botas de cuatro agentes que le gritaban "kiss, kiss!" (besa, besa, en inglés). En otra grabación, según detalla Expresso, se aprecia a un policía cortando con un cuchillo las rastas de un detenido, también extranjero, mientras otros agentes reían, amenazaban a la víctima y la agredían en la comisaría de Bairro Alto. Estas revelaciones apuntan a una práctica sistemática de humillación y violencia en dependencias policiales, con total impunidad y complicidad entre los agentes.
Las autoridades están llevando a cabo nueve registros domiciliarios y siete no domiciliarios, estos últimos en las propias comisarías de la PSP. Paradójicamente, la propia policía aseguró que "seguirá colaborando con las autoridades judiciales" para "esclarecer completamente los hechos y para que se haga justicia". El caso evidencia, una vez más, la existencia de redes de encubrimiento del abuso dentro de las fuerzas policiales, todo un entramado de violencia que utiliza las comisarías como escenario de tortura y los teléfonos móviles como canal de propaganda de la barbarie policial.