El pasado 5 de marzo, la agencia Tasnim News publicó una declaración de el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) que afirma textualmente que "los buques militares y comerciales pertenecientes a Estados Unidos, el régimen sionista, países europeos y sus apoyadores no se les permitirá transitar por el Estrecho de Ormuz". La misma agencia reportó que el IRGC advirtió que "cualquier buque estadounidense, israelí o europeo detectado en el Estrecho de Ormuz será ciertamente golpeado". Tasnim también indicó que el IRGC golpeó un petrolero estadounidense en el norte del Golfo Pérsico con misiles, y reiteró que, según el derecho internacional y las regulaciones en tiempos de guerra, los derechos de navegación por el Estrecho de Ormuz quedan bajo el control de la República Islámica de Irán.

El brigadier general Kiyoumars Heydari, del IRGC, declaró en televisión estatal que "básicamente no creemos en cerrar el Estrecho de Ormuz" y que se actúa "de acuerdo con protocolos internacionales", negando un cierre total indiscriminado. Fuentes internacionales como S&P Global recogieron el 5 de marzo esta posición del IRGC vía Tasnim, destacando que Irán apunta a buques vinculados a potencias occidentales e Israel, mientras el tráfico marítimo sigue severamente interrumpido.

Reuters y Al Jazeera informaron de advertencias previas más amplias del IRGC, como la del 2 de marzo por Ebrahim Jabari: “El estrecho está cerrado; si alguien intenta pasar, los héroes de la Guardia Revolucionaria y la marina regular prenderán fuego a esos buques". Sin embargo, las declaraciones más recientes del IRGC se centran en restricciones selectivas.En la práctica, el tránsito por el Estrecho de Ormuz —por donde pasa alrededor del 20% del petróleo y gas natural licuado mundial— se ha detenido casi por completo desde finales de febrero de 2026, con cientos de tanqueros varados, según datos de seguimiento marítimo reportados por Reuters y NPR. Ataques a buques, interferencias en señales y cancelación de coberturas de seguros por parte de aseguradoras internacionales han paralizado el movimiento. Aunque el IRGC permite en teoría el paso a otros países, pocos se atreven a navegar por la zona.