Se llamaba James Kamau Ndungu, tenía 32 años y soñaba con un trabajo de chef donde le pagarían 1.865 euros al mes en Rusia. El 28 de junio de 2025 partió de Limuru, al norte de Nairobi, hacia una promesa de un futuro que nunca llegó. Su madre, Anna, relata a Il Manifesto cómo un agente de reclutamiento les gestionó pasaporte, billete y visado sin coste alguno: "Era todo demasiado perfecto". El 17 de julio James llamó por última vez desde un teléfono: dijo que lo llevaban a un bosque, que emprendía un largo viaje y pidió oraciones. En octubre, su cuerpo destrozado por una mina apareció en una foto que se hizo viral en la red social X. Este sábado se celebran en Limuru sus funerales con ataúd vacío. Su cadáver nunca ha regresado a casa. Varios vídeos en redes sociales han recogido episodios de combates donde se aprecian soldados negros, presumiblemente africanos, con uniforme militar de la Federación Rusa. Se ha reportado al menos un caso documentado en vídeo donde un recluta africano recibe un trato degradante y racista por parte de un soldado que le grita en ruso.

No es el único caso, ni mucho menos. Según datos del gobierno keniano citados por el diputado Kimani Ichung'wah en un informe basado en fuentes de los servicios de inteligencia, entre 3.000 y 4.000 africanos de 35 países han sido reclutados por Rusia para combatir en Ucrania. Un millar son kenianos: 89 combaten en primera línea, 39 están hospitalizados, 28 han desaparecido y al menos tres han muerto. Los reclutadores ofrecían entre 2.300 euros mensuales y bonificaciones de hasta 8.000 euros, y seleccionaban a exmilitares, expolicías y desempleados. Ichung'wah ha denunciado abiertamente la complicidad de funcionarios de la embajada rusa con las agencias de reclutamiento y las redes de trata de seres humanos.

Decenas de madres, hermanas y esposas se manifestaron este viernes en el centro de Nairobi para exigir al Gobierno de Kenia que repatríe a los jóvenes y aclare la suerte de los desaparecidos. Monica Nerima busca a su hermano Oscar, exsoldado keniano reclutado como guardaespaldas que desapareció en agosto. Hace dos semanas, un comandante les informó de su muerte el 14 de agosto, pero el cuerpo sigue retenido.

Damaris Mutanda, que viajó toda la noche desde Kericho, solo quiere saber si su marido vive o ha muerto: "Se lo debo a nuestros hijos Pretty y Delton". La policía siguió a las manifestantes durante horas y les negó el acceso al Ministerio de Exteriores, permitiéndoles solo llegar al Parlamento para entregar una petición. "Traer a casa nuestros hijos, vivos o muertos", coreaban las mujeres mientras depositaban fotografías de sus familiares vestidos con el uniforme de la Federación Rusa.

Al caer la tarde, las mujeres encendieron velas blancas junto a las imágenes. La asociación Vocal Africa, que organizó la protesta, calcula que las cifras de afectados son aún mayores y que al menos 600 agencias de reclutamiento ilegales han sido clausuradas. El ministro de Exteriores, Musalia Mudavadi, ha prometido viajar a Moscú para denunciar el fenómeno del reclutamiento con engaño. En febrero, un keniano fue arrestado en la frontera con Etiopía acusado de tráfico de personas para engrosar las filas de lo que la prensa local no duda en llamar "carne de cañón".

Respuesta de Rusia

La embajada rusa en Nairobi emitió un comunicado el pasado 19 de febrero en el que rechaza "en los términos más enérgicos" las acusaciones de implicación en el reclutamiento de ciudadanos kenianos. En la nota, la delegación diplomática asegura que "las autoridades gubernamentales de Rusia nunca han participado en el reclutamiento ilegal de ciudadanos kenianos en las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa" y que "en ningún momento ha emitido visados a kenianos que buscaran viajar a Rusia con el propósito declarado de participar en la operación militar especial" en Ucrania. Sin embargo, el texto añade que "la legislación de la Federación Rusa no impide que los ciudadanos de países extranjeros se alisten voluntariamente en las Fuerzas Armadas" si se encuentran en Rusia de forma legal y "eligen participar hombro con hombro con los militares rusos". La embajada insta además a finalizar los acuerdos bilaterales con Kenia que, según afirma, "llevan años pendientes de aprobación por las autoridades kenianas". Mientras tanto, las madres siguen esperando junto a las fotografías de sus hijos muertos o desaparecidos.