Irán designa al hijo de Khamenei como nuevo líder supremo
La Asamblea de Expertos elige a Mojtaba Khamenei, una muestra de continuidad que desafía las pretensiones de Washington de imponer un cambio desde fuera.
La Asamblea de Expertos de Irán ha designó este domingo a Mojtaba Khamenei, segundo hijo del ayatolá Ali Khamenei, como nuevo líder supremo de la República Islámica, según ha informado la agencia estatal IRNA. La decisión, tomada por mayoría en una reunión a puerta cerrada del órgano de 88 clérigos encargado de elegir al sucesor, representa un desafío en toda la regla a las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, que había afirmado que "Estados Unidos debía participar en la designación del nuevo líder que fuera de su agrado".
El fallecido ayatolá fue asesinado el pasado 28 de febrero en el primer ataque de la ofensiva conjunta de EE.UU. e Israel, que ya ha causado miles de víctimas. Posteriormente se pudo saber que el ayatolá decidió quedarse en su puesto pese al inminente ataque, y que asumió su destino siendo plenamente consciente de ello. Ahora le sucede su hijo Mojtaba, que nunca ha ocupado un cargo público pero ha tejido profundos vínculos con la Guardia Revolucionaria, consolida la línea dura y cierra la puerta a cualquier cambio impuesto desde el exterior, mientras manda un claro mensaje a Washington: Irán no se doblegará.
El nombramiento de Mojtaba, de 56 años, rompe con la tradición de que el líder supremo posea altas credenciales clericales —su rango de hojatoleslam es inferior al de ayatolá que ostentaban su padre y Jomeini— y experiencia en cargos públicos. Su designación era una posibilidad que llevaba años circulando en los círculos políticos iraníes, pese a las reservas sobre una sucesión que pudiera recordar a una monarquía hereditaria. Estas salvedades se explican por la situación excepcional que vive el país: en plena guerra abierta con Estados Unidos e Israel, con la capital bajo bombardeos y el país enfrentando su mayor amenaza en 47 años, la Asamblea de Expertos ha priorizado la continuidad y la capacidad de mando sobre las formalidades teológicas y burocráticas.
La elección de alguien que durante décadas ha actuado como enlace con la Guardia Revolucionaria y ha permanecido en la sombra del poder envía un mensaje inequívoco a Washington: ni la República Islámica se va a desmoronar ni van a permitir injerencias externas en su sucesión. Como señaló un miembro de la asamblea, el nuevo líder debía ser alguien a quien "el enemigo odie", en referencia a las declaraciones de Trump. La designación blinda así la línea dura y cierra la puerta a cualquier cambio impulsado desde fuera en un momento en que los misiles siguen cayendo sobre la capital. Los líderes en Teherán, incluido el secretario del Consejo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, y el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Ghalibaf, han llamado a la unidad en torno al nuevo líder. Trump, por su parte, ha reiterado que sin la aprobación de Washington, el nuevo dirigente "no durará mucho". El portavoz de la Guardia Revolucionaria ha advertido de que el país puede mantener una guerra de alta intensidad durante seis meses y que en los próximos días utilizarán misiles de largo alcance "avanzados y poco utilizados".
Mientras Teherán designaba a su nuevo líder político y espiritual, los bombardeos continuaban sin tregua. En la madrugada del domingo, la aviación israelí alcanzó por primera vez depósitos de almacenamiento de petróleo y refinerías en Teherán, provocando enormes incendios y una densa nube de humo tóxico que cubrió la capital persa. El gobernador de Teherán anunció la reducción de la cuota diaria de combustible de 30 a 20 litros por persona. Al menos cuatro camioneros fueron asesinados en los ataques. Simultáneamente, la Media Luna Roja iraní denunció que un bombardeo estadounidense había alcanzado una planta desalinizadora de agua en la isla de Qeshm, dejando sin suministro a 30 aldeas. Por su parte, Irán respondió con una vigésimo séptima andanada de misiles contra objetivos en la Palestina ocupada por el Estado de Israel y bases estadounidenses en la región, alcanzando una instalación militar en Kuwait y una planta desalinizadora en Bahréin, según confirmaron las autoridades de ambos países.
El coste humano de la guerra sigue creciendo. Un séptimo soldado estadounidense ha sido declarado muerto por las heridas sufridas en una represalia iraní contra una base en Arabia Saudí, según confirmó el Comando Central de EE.UU. (CENTCOM). Israel ha reconocido la muerte de al menos 13 colonos y otros 2.000 habrían resultado heridos desde que la entidad sionista y Washington comenzaran con los ataques. En Líbano, un ataque israelí contra un hotel en el barrio céntrico de Raouche en Beirut mató al menos a cuatro personas e hirió a otras diez, en lo que las autoridades libanesas describieron como un intento de asesinato selectivo de comandantes de la fuerza especial Quds de la Guardia Revolucionaria iraní. La ofensiva de Israel sobre el sur del Líbano ya ha desplazado a más de medio millón de personas, según el gobierno libanés, que permite a las tropas israelíes ocupar su propio territorio.
En el frente diplomático, mientras China, a través de su ministro de Exteriores, Wang Yi, declaraba que la guerra "nunca debería haber ocurrido" y que "el mundo no puede volver a la ley de la selva", el presidente Trump insistía en que la única salida es la "rendición incondicional" de Irán. La Guardia Revolucionaria advirtió que si los ataques contra infraestructuras energéticas continúan, Irán responderá contra instalaciones similares en los países del Golfo, lo que podría provocar una catástrofe medioambiental y humanitaria en una región que depende casi por completo de la desalinización para su suministro de agua. Mientras los líderes mundiales hablan de "rendición", la población iraní no se rinde, y hace cola para donar sangre en hospitales saturados. En el Líbano, la gente huye de sus hogares en medio de la noche, y los primeros soldados estadounidenses empiezan a regresar a casa en ataúdes. La guerra de "la clase Epstein", como se ha empezado a popularizar internacionalmente la alianza entre EE.UU. e Israel, que debía durar "semanas", en palabras del propio Trump, se ha convertido ya en una gran conflagración regional que sacude al mundo.