La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, ha lanzado este lunes una advertencia sin precedentes a los gobiernos de todo el mundo ante la escalada bélica en Oriente Próximo. Durante una intervención en un simposio organizado por el Ministerio de Finanzas de Japón en Tokio, Georgieva instó a los responsables políticos a "pensar en lo impensable y prepararse para ello", en medio de la creciente incertidumbre económica provocada por el conflicto desatado tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero.

La responsable del FMI subrayó que la economía internacional enfrenta un escenario de "shocks encadenados" que podrían prolongarse incluso después de que cesen las hostilidades. "Incluso si este conflicto termina pronto, antes o después llegará un nuevo shock", advirtió, enumerando la pandemia, la guerra en Ucrania y la crisis del coste de la vida como señales de una era marcada por turbulencias permanentes.

En este sentido, Georgieva insistió en que los países "deben centrarse en lo que pueden controlar": "fortalecer las instituciones, mantener marcos de políticas sólidos y preservar el margen de maniobra fiscal y monetario". El principal foco de preocupación es el impacto energético de la guerra. Georgieva recordó que cada aumento sostenido del 10% en los precios del petróleo durante la mayor parte del año se traduce en un incremento de 40 puntos básicos en la inflación general mundial y una caída de entre el 0,1% y el 0,2% en el crecimiento del PIB global.

La advertencia llega justo después de que el barril de Brent llegara a superar los 119 dólares el lunes, acumulando una subida del 27% en la última semana, mientras que el West Texas Intermediate estadounidense alcanzó los 119,48 dólares, con un incremento del 35,6% en el mismo lapso temporal. El estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y del comercio de gas natural licuado, ha visto reducido su tráfico marítimo en un 90% desde el inicio del conflicto, según datos del FMI.

La ruta, vital para las importaciones energéticas de Asia —que concentra cerca de la mitad de sus compras de crudo y una cuarta parte de su GNL a través de este paso—, permanece prácticamente bloqueada ante las advertencias de la Guardia Revolucionaria iraní y los ataques a infraestructuras petroleras en la región. Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos han tenido que reducir su producción ante la imposibilidad de exportar y el llenado de sus depósitos de almacenamiento.

Los efectos ya se dejan sentir en el bolsillo de la población. En el Estado español, la gasolina y el diésel han subido un 12% en una sola semana: la gasolina se ha encarecido 15 céntimos por litro y el gasoil 28 céntimos. La electricidad también se ha visto afectada, con precios del kilovatio hora hasta un 57,6% más elevados que la semana anterior.

Las organizaciones agrarias alertan de que el encarecimiento de los fertilizantes y el gasóleo, que ya han subido entre un 20% y un 40%, se trasladará al coste de los alimentos en las próximas semanas. El ministro de Economía español, Carlos Cuerpo, reconoció que la guerra "ya está teniendo efectos tangibles" en la economía española y anunció que el Gobierno activará medidas para "proteger a ciudadanos y empresas".

Ante este panorama, Georgieva insistió en que los gobiernos "deben reforzar sus defensas económicas" y "ser ágiles para responder a las crisis". "En un mundo más fragmentado y volátil, la resiliencia económica se convierte en la primera línea de defensa", señaló, abogando por un "crecimiento" impulsado por el sector privado, finanzas públicas e "instituciones sólidas".

El FMI publicará un análisis detallado del impacto de la guerra en sus Perspectivas de la Economía Mundial, previstas para mediados de abril. Mientras tanto, los mercados financieros muestran la incertidumbre: el Ibex 35 cayó un 3,17% el lunes, el Nikkei japonés se desplomó más de un 5% y los futuros de Wall Street anticipaban pérdidas superiores al 1,5%. Los ataques de EE.UU. e Israel, que ya han causado miles de muertos en Irán, han supuesto un varapalo para la estabilidad de un sistema internacional que, como advierte el FMI, "deberá prepararse para lo peor".