El economista chino Justin Yifu Lin, uno de los asesores más escuchados por la cúpula del Partido Comunista Chino, ha advertido de que la burbuja de la inteligencia artificial en Estados Unidos podría estallar durante el periodo cubierto por el 15º plan quinquenal chino (2026-2030), según un discurso recogido por la revista Le Grand Continent. Lin, que fue vicepresidente senior y economista jefe del Banco Mundial, compara la situación actual con el estallido de la burbuja de internet en 2000 y con la crisis financiera de 2008, y alerta de que el desplome podría ser "igualmente devastador". En su intervención en el Foro de Economistas en Jefe de Fudan, el economista insta a Pekín a revisar radicalmente su política económica para prepararse ante el choque y aprovechar la ventaja como país de desarrollo capitalista tardío.

Lin basa su diagnóstico en el análisis de la economía estadounidense, cuyo crecimiento real no se ha recuperado completamente desde 2008 mientras los mercados bursátiles se disparaban. El Dow Jones ha pasado de 12.000 puntos en 2008 a más de 46.000 en la actualidad, lo que para Lin constituye un riesgo de burbuja aún mayor que el que ya existía entonces. El auge de la inteligencia artificial muestra, según el economista, "signos precursores similares" a los de la burbuja de internet de hace dos décadas. Frente a este escenario, Lin propone que China mantenga un crecimiento elevado —estima un potencial del 8% anual hasta 2035— basado en las ventajas del retraso tecnológico y en las oportunidades abiertas por la cuarta revolución industrial, donde Pekín parte en igualdad de condiciones con las economías avanzadas. Sin embargo, las metas de crecimiento chinas no son tan ambiciosas como plantea Lin: la cuarta sesión de la XIV Asamblea Popular Nacional fijó la semana pasada su meta de crecimiento más baja desde 1991, entre el 4,5 y 5% del PIB para 2026.

El plan de Lin para que China doble el PIB estadounidense pasa por alcanzar un PIB per cápita equivalente al 50% del de EE.UU., lo que con una población cuatro veces mayor situaría la producción total china en el doble de la estadounidense. En ese momento, argumenta, las regiones más avanzadas de China —Pekín, Shanghái, Tianjin y cinco provincias costeras con 400 millones de habitantes— igualarían la productividad de EE.UU., y las empresas tecnológicas estadounidenses dependerían del acceso al mercado chino para sobrevivir. "Estados Unidos dejaría de disfrutar de una ventaja tecnológica evidente y tendría dificultades para encontrar nuevas formas de frenar el desarrollo de China", sostiene el economista, que considera que Washington acabará abandonando su política de contención cuando Pekín alcance ese nivel.

Para lograr ese objetivo, Lin reclama un "salto teórico" que permita adoptar políticas monetarias y fiscales más agresivas, superando dogmas como el límite del 3% de déficit o la llamada "equivalencia ricardiana". Recuerda que China ya utilizó con éxito una política presupuestaria expansiva durante la crisis asiática de 1998, invirtiendo en infraestructuras que eliminaron cuellos de botella y aceleraron el crecimiento posterior, lo que permitió reducir la deuda sin subir impuestos.

El economista critica además los discursos que atribuyen la desaceleración china al avance del sector público o al envejecimiento, y defiende que la ralentización se debe sobre todo al hundimiento de las exportaciones tras la crisis global. "Es necesario un cambio en las percepciones que prevalecen en China, tanto sobre las causas de la actual desaceleración como sobre el margen de maniobra para utilizar las herramientas políticas", concluye.