El Estado español se ha consolidado como el décimo exportador mundial de armamento en el periodo 2021-2025, con el 3% del volumen total de transferencias internacionales, según los datos del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). El informe sitúa al país en una posición destacada en el negocio internacional de la guerra y la muerte, con un peso exportador muy superior al de su capacidad como receptor —ocupa el puesto 39 entre los importadores—, ahondando en su perfil de actor principalmente vendedor en el mercado internacional de las armas. El volumen internacional de envíos ha alcanzado su nivel más alto desde 1990, con un aumento del 9% en el quinquenio respecto al periodo anterior, debido a las tensiones geopolíticas en curso.

Estados Unidos lidera la lista de exportadores con el 42% del total, seguido de Francia (10%), Rusia (7%), Alemania (6%) y China (6%). Entre los principales receptores destacan Ucrania, que acapara el 10% de las importaciones mundiales, India (8%), Arabia Saudí (7%), Qatar (6%) y Pakistán (4%). El peso de Ucrania como primer comprador muestra el flujo de armamento acelerado por la guerra con Rusia, un conflicto en el que el Gobierno español ha participado activamente con envíos de material militar y ayuda valorada en 17.000 millones de euros, según declaraciones de la secretaria de Estado de Comercio, Amparo López Senovilla, en el Congreso el pasado 5 de marzo.

Los datos del SIPRI contrastan con el discurso "pacifista" que el presidente Pedro Sánchez ha desplegado en las últimas semanas ante la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán. Desde el 4 de marzo, Sánchez ha repetido el lema "no a la guerra" en comparecencias institucionales y ha asegurado que "España no será cómplice" del conflicto. Quizá el presidente se refiera a no ser cómplice de esta guerra en concreto, mientras en otras, como la de Ucrania, la complicidad ha sido tan entusiasta que ha incluido 17.000 millones y un puesto en el top ten de vendedores. Sin embargo, tampoco es cierto que Madrid no sea copartícipe en la agresión contra Iran, porque el mismo Gobierno que proclama su "rechazo a las hostilidades" mientras acaba de autorizar una transferencia de 1.339 millones de euros al Ministerio de Defensa para "necesidades ineludibles", mantiene la actividad logística estadounidense en las bases de Rota y Morón —con 40 movimientos aéreos documentados por Flightradar24 entre el 27 de febrero y el 5 de marzo— y consolida su puesto entre los diez mayores vendedores de armas del planeta.

La posición española en el ranking exportador beneficia directamente a empresas como Airbus, Santa Bárbara Sistemas o Navantia, a las que adjudica "a dedo" contratos y créditos milmillonarios a cero interés. Las ventas al exterior de estas compañías dependen en buena medida de los presupuestos militares de estados en conflicto, en tensión permanente o que directamente están cometiendo genocidios, como es el caso de Israel. Mientras el Gobierno de Sánchez apela a la "paz" y a la "legalidad internacional", sus políticas comerciales concretas colocan al Estado español entre los actores que engrasan la maquinaria bélica y la sangría global, llevándose un 3% del pastel de las transferencias de armamento. La contradicción entre el discurso y los hechos queda patente en la comparación entre el puesto de exportador —décimo— y el de importador —trigésimo noveno—: el Estado español vende mucha más guerra de la que compra, y lo hace mientras su presidente asegura que "no a la guerra" es su bandera.