Irán abre Ormuz a quien rompa con EE.UU. e Israel
La Guardia Revolucionaria ofrece libre paso por el estrecho a los países europeos y árabes que expulsen a los embajadores estadounidenses e israelíes.
El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) de Irán ha emitido una declaración en la que ofrece "plena autoridad y libertad para cruzar el estrecho de Ormuz" a cualquier país árabe o europeo que expulse de su territorio a los embajadores de Estados Unidos e Israel, según han difundido la televisión estatal iraní (IRIB) y los canales oficiales del IRGC como Sepah News en Telegram. La oferta condicional, fechada alrededor del 9 y 10 de marzo, se enmarca en la agresión imperialista sin precedentes desatada el pasado 28 de por parte de EE.UU. e Israel contra la República Islámica, que ha llevado a Teherán a bloquear de facto el tránsito por la vía por donde circula alrededor del 25% del comercio mundial de petróleo. La declaración, recogida por algunos medios internacionales y escasamente difundida en occidente, busca presionar diplomáticamente a los aliados de Washington para aislar a los países más belicistas.
Irán pone así sobre la mesa la carta de la libertad de navegación, en un momento en que el estrecho de Ormuz permanece prácticamente cerrado para los buques asociados a EE.UU. e Israel y amenaza con provocar una crisis económica internacional. El IRGC ha mantenido un control estricto de la vía desde el inicio de la guerra, llegando a amenazar con misiles y drones cualquier intento de paso de la flota estadounidense o sus aliados, mientras que países como Qatar, Bahréin o Emiratos Árabes han recibido recordatorios de las consecuencias de albergar bases estadounidenses, en forma de andanadas de misiles iraníes. La oferta establece una condición clara: la expulsión de los embajadores estadounidense e israelí a cambio de autorización para el tránsito, en una jugada que busca explotar las contradicciones entre los países árabes que mantienen relaciones con Israel —como Emiratos, Bahréin o Marruecos— y sus poblaciones, mayoritariamente hostiles a la guerra contra Irán y al genocidio en Palestina.
La iniciativa iraní se produce mientras el presidente Donald Trump amenaza con "consecuencias sin precedentes" si Irán no retira las minas desplegadas del estrecho, y después de que la agencia internacional de la energía (AIE) aprobara la mayor liberación de reservas de su historia para paliar la crisis energética. Para los países europeos, altamente dependientes del petróleo del Golfo, la oferta supone un dilema entre la lealtad a la alianza trasatlántica y la acuciante necesidad material de garantizar el suministro energético en un contexto de precios disparados y cierre parcial del flujo energético ruso. Mientras tanto, Israel, que no tiene acceso directo al estrecho pero cuyos aliados dependen de él, observa con preocupación cómo Irán utiliza su posición geoestratégica para erosionar el apoyo internacional a la guerra de agresión.
Los países del mundo siguen con atención las reacciones a la propuesta, que por ahora no ha recibido respuestas oficiales de los gobiernos árabes o europeos. La declaración del IRGC redobla la apuesta estratégica iraní de vincular la seguridad de navegación de actores internacionales con su posicionamiento político respecto a EE.UU. e Israel, en un momento en que la guerra ha entrado en su duodécimo día con un balance de más de 1.300 asesinados en Irán y 570 en Líbano. El estrecho de Ormuz se convierte así en el epicentro de una pugna mundial, mientras los países de la región sopesan el coste de mantener sus embajadas frente a la necesidad de mantener sus economías a flote.