El primer ministro belga, Bart De Wever, ha roto el tabú europeo al reclamar abiertamente una negociación con la Federación Rusa para poner fin a la guerra en Ucrania y restablecer el suministro de energía barata, en una entrevista publicada este domingo por el diario L'Echo. "Debemos normalizar las relaciones con Rusia y recuperar el acceso a la energía barata. Eso es sentido común", afirmó el dirigente conservador, que también advirtió de que la estrategia europea de apoyar militarmente a Ucrania y asfixiar la economía rusa se ha vuelto "insostenible sin el respaldo de Estados Unidos". De Wever reconoció que en privado muchos líderes europeos comparten esta opinión, pero "nadie se atreve a decirlo en voz alta".

Las declaraciones de De Wever exponen la profunda división en la UE sobre cómo abordar el conflicto. Mientras Francia, Italia y Hungría se han mostrado partidarias de abrir canales de diálogo con Moscú, Polonia y los países bálticos se oponen radicalmente a cualquier compromiso. El propio De Wever, en su intervención, combinó el llamamiento al diálogo con una exigencia de rearme y despliegue de tropas en la frontera oriental: "No debemos ser ingenuos con Putin". La paradoja de pedir más gasto militar mientras se reclama energía barata rusa muestra las contradicciones de una UE incapaz de articular una posición común mientras se encuentra expuesta a las presiones cruzadas de Washington y Moscú.

El contexto energético añade urgencia al debate. Esta misma semana, EE.UU. autorizó temporalmente la compra de petróleo ruso varado en el mar para aliviar la presión sobre los precios, una decisión que el canciller alemán, Friedrich Merz, calificó de "errónea" y que, según advirtió, permitirá al Kremlin "explotar la guerra en Irán para reforzar su ofensiva en Ucrania". El presidente del Consejo Europeo, António Costa, se sumó a las críticas, denunciando el impacto negativo sobre la "seguridad europea". La guerra en Oriente Medio ha disparado el crudo por encima de los 100 dólares, agravando la crisis energética y evidenciando la dependencia europea de unas importaciones que De Wever propone recuperar.

Mientras tanto, el primer ministro belga descartó cualquier ayuda estatal para paliar la subida de los precios de la energía, argumentando que "no va a entrar en pánico y tirar miles de millones por la ventana como hizo el gobierno anterior". La postura contrasta con la creciente presión social en varios países europeos, donde las facturas energéticas se disparan mientras los gobiernos recortan derechos y servicios públicos.

La apuesta de De Wever por un acuerdo con Putin, presentada como "sentido común", no es más que la constatación de que, para las élites europeas, la estabilidad de los mercados y el acceso a recursos baratos priman sobre cualquier consideración ética o geopolítica, al margen de los discursos que han aflorado en el bloque comunitario desde 2022.