La República Islámica de Irán podría autorizar el paso de un número limitado de petroleros por el estratégico estrecho de Ormuz si las transacciones se realizan en yuanes chinos, según ha revelado un alto funcionario iraní citado por la cadena estadounidense CNN. La propuesta formaría parte del plan de Teherán para gestionar el tráfico en la vía, bloqueada de facto desde el 1 de marzo como represalia por los bombardeos estadounidenses e israelíes que el 28 de febrero han acabado con la vida del entonces líder supremo Ali Khamenei y de más de 1.500 personas. El estrecho, por donde circulan 20 millones de barriles diarios y el 20% del gas natural licuado mundial, permanece prácticamente cerrado para los países alineados con Washington, mientras la ONU advierte del "impacto masivo" que esta situación tendrá sobre las operaciones de ayuda humanitaria en la región.

Mientras Teherán juega la baza del yuan para sortear el bloqueo, las petroleras estadounidenses se frotan las manos. La escalada del 47% en el precio del crudo desde el inicio de la guerra generará un beneficio extraordinario de 63.400 millones de dólares para las compañías del país si el barril promedia los 100 dólares este año, según cálculos de la consultora energética Rystad recogidos por el Financial Times. Solo en marzo, las petroleras obtendrán 5.000 millones adicionales de flujo de caja, según el banco de inversión Jefferies. El presidente estadounidense Donald Trump celebró la subida en su red Truth Social: "Estados Unidos es, con diferencia, el mayor productor de petróleo del mundo, así que cuando suben los precios, ganamos mucho dinero".

El negocio, sin embargo, no es para todos. Las grandes petroleras internacionales con activos en Oriente Medio, como BP, ExxonMobil, Shell o TotalEnergies, notan las consecuencias del bloqueo. Shell ha declarado fuerza mayor en varios envíos de gas desde Qatar, y SLB, la mayor empresa de servicios petroleros del mundo, ha emitido una advertencia de beneficios. Según Rystad, BP obtiene más de una quinta parte de su flujo de caja previsto para 2026 de sus operaciones en la región, lo que la convierte en la más expuesta, mientras que Chevron apenas alcanza el 5%. Las acciones de las europeas BP y Shell han subido un 11% y un 9% desde el inicio de la guerra, aprovechando la volatilidad, mientras las de Exxon apenas avanzan un 2%.

La propuesta iraní de aceptar yuanes supone un desafío directo a la hegemonía del petrodólar, mientras China lleva años intentando expandir el uso de su moneda en las transacciones energéticas. El barril Brent cerró la semana por encima de los 100 dólares, y analistas de RBC Capital Markets advierten de que podría superar los 128 dólares en las próximas semanas si el conflicto se prolonga. Mientras Trump presume de beneficios extraordinarios y las petroleras engordan sus cuentas, la población trabajadora paga las consecuencias del encarecimiento de la energía y los analistas alertan de una posible "destrucción de demanda" que, según Paul Sankey, fundador de Sankey Research, llevaría a países como Taiwán a replantearse su rechazo a la energía nuclear.