EE.UU. exige la destitución de Díaz-Canel para avanzar en las negociaciones, según The New York Times
La Casa Blanca habría comunicado a Cuba que el presidente debe dejar el cargo, buscando la salida de un dirigente al que considera un obstáculo para abrir la economía a empresas estadounidenses.
El gobierno de los Estados Unidos de América habría presionado a las autoridades cubanas con la destitución del presidente Miguel Díaz-Canel para lograr "avances significativos" en las conversaciones bilaterales, según revelan cuatro personas familiarizadas con las negociaciones citadas por The New York Times. La exigencia, que no ha sido presentada por Washington como un ultimátum sino como "un gesto positivo para allanar el camino hacia acuerdos productivos", forma parte de una estrategia de la administración Trump, testada en Venezuela, para forzar un "cambio desde dentro" de las esctructuras de poder del Estado. El NYT asegura que los negociadores estadounidenses "no estarían presionando contra miembros de la familia Castro", a los que acusa de ostentar "el verdadero poder" en la isla.
Los funcionarios estadounidenses consideran a Díaz-Canel un "halcón" reacio a las reformas estructurales que Washington quiere imponer, y su "sugerencia" supondría la primera gran sacudida política derivada de las conversaciones entre ambos países iniciadas hace unos meses. La medida daría a Trump otra una victoria simbólica similar al secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela en enero, permitiéndole presentarse ante la opinión pública como "el hombre que tumbó a otro líder izquierdista hostil a Estados Unidos". A su vez, la jugada podría decepcionar a los sectores más extremistas del exilio cubano en Florida, que aspiran a un cambio político en totalmente alineado en sus términos.
Mientras tanto, Cuba atraviesa una crisis energética sin precedentes. El lunes, el sistema eléctrico nacional colapsó por completo sumiendo al país en la oscuridad, en medio del bloqueo total a las importaciones de combustible. Díaz-Canel denunció el viernes en una rueda de prensa que "el Gobierno no tiene la culpa, la revolución no tiene la culpa, nuestro sistema electromagnético nacional no tiene la culpa. La culpa es del bloqueo energético que nos han impuesto". Las autoridades cubanas recuerdan que desde hace tres meses no puede entrar petróleo en la isla, después de que Trump bloqueara los envíos desde Venezuela y México detuviera sus suministros por presión de Washington.
El presidente cubano, de 65 años y con dos de mandato por cumplir, ha sido el primer dirigente no perteneciente a la familia Castro desde 1959. Su salida permitiría a Trump presentar una victoria política mientras Washington busca abrir la economía cubana a sus empresas y establecer las bases para un "Estado cliente". Mientras tanto, el gobierno cubano ha dado unos pasos significativos: este lunes, Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro y recientemente nombrado viceprimer ministro, concedió una inusual entrevista a NBC News para hablar de la apertura a la inversión extranjera.