La ofensiva militar que Estados Unidos e Israel mantienen contra la República Islámica Irán desde el pasado 28 de febrero está agravando los problemas de una economía estadounidense que ya mostraba claros signos de debilidad antes del conflicto, según un análisis del Wall Street Journal publicado este lunes. El precio del petróleo se ha disparado por encima de los 100 dólares por barril, elevando el precio medio de la gasolina de 2,98 a 3,63 dólares por galón desde el inicio de la guerra. Esta escalada amenaza con acelerar una inflación ya de por sí persistente, erosionar el consumo de los hogares y limitar aún más el margen de maniobra de la Reserva Federal, que se reúne esta semana sin poder recortar los tipos de interés como esperaban los inversores.

Los datos macroeconómicos dibujan un panorama preocupante. El producto interior bruto creció a una tasa anual de apenas el 0,7% en el cuarto trimestre del año pasado, muy por debajo del 1,4% estimado inicialmente, lastrado por el cierre del Gobierno Federal del pasado otoño. El consumo, el principal motor de la actividad económica, se expandió a una tasa anual de solo el 1,6% en los tres meses hasta enero. El empleo, por su parte, se ha contraído en tres de los últimos seis meses. La inflación subyacente, la que excluye alimentos y energía, se situó en enero en el 3,1%, prácticamente sin cambios respecto al año anterior y muy por encima del objetivo del 2% fijado por la Fed.

Pese al sombrío panorama, los economistas no ven una recesión inminente, a diferencia de lo ocurrido tras la invasión de Kuwait por Irak en 1990. La confianza de los consumidores, que ya era baja antes de la guerra, apenas se ha deteriorado ligeramente por el momento, pasando de 56,6 a 55,5 puntos en lo que va de marzo, según la Universidad de Michigan. Michael Feroli, economista jefe de JPMorgan Chase, señaló que la expansión económica "ha resistido muchos golpes y sigue recuperándose". David Seif, de Nomura, añadió que el aumento de la producción nacional de petróleo en la última década haría que "el gasto energético de los estadounidenses revierta en gran medida en empresas del país".

Sin embargo, los riesgos se acumulan. Las inversiones futuras, que antes de la guerra preveían al menos dos recortes de tipos este año, ahora otorgan casi un 40% de probabilidades a que no haya ninguna bajada. El encarecimiento del petróleo sitúa a la Fed ante una disyuntiva clásica: los riesgos sobre el empleo recomiendan tipos más bajos, pero la inflación persistente exige mantenerlos o incluso subirlos. Esta contradicción paraliza al banco central, que optará por esperar antes que actuar de forma preventiva. El mercado bursátil, con el S&P 500 un 5% por debajo de su máximo de enero, podría desplomarse si la disrupción energética se prolonga, arrastrando la inversión en inteligencia artificial que ha sostenido el crecimiento y el gasto de los consumidores más ricos. La economía estadounidense, advierte el WSJ, "se parece cada vez más a una piñata que terminará por romperse de tanto recibir golpes".