El caso contra Booker Ngesa Omole, secretario general del Partido Comunista Marxista de Kenia (CPM-K), detenido ilegalmente el pasado 24 de febrero y sometido a torturas en comisaría, ha comenzado a derrumbarse en sus primeras etapas procesales, según ha denunciado la formación política a través de sus redes sociales y ha detallado Peoples Dispatch. El pasado 9 de marzo, en la vista previa al juicio celebrada en el tribunal de Mavoko, el propio denunciante y principal testigo de la acusación, Andrew Amoth, presentó un recurso en el que se retractaba "inequívocamente" de todas sus declaraciones previas y acusaba directamente a la policía de haber fabricado los cargos. Amoth declaró que los agentes lo coaccionaron y amenazaron para que incriminara a Omole, llegando a advertirle de que si no cooperaba sería arrestado y su negocio destruido.

Según el testimonio jurado de Amoth, recogido por los medios del partido, los oficiales Peter Mugambi, jefe de la comisaría de Mlolongo, y el investigador Munene fueron quienes orquestaron el montaje policial. Amoth relata que fue obligado a conducir a los agentes hasta el apartamento que había alquilado a Omole, donde le acusaron falsamente de albergar "una organización extremista vinculada a Venezuela" y de "preparar una insurgencia armada contra el Estado keniano". Mugambi, según el testimonio, llegó a presumir de sus conexiones con la oficina del Inspector General y advirtió a Amoth que debía elegir bando: cooperar con la narrativa policial o enfrentarse a "todo el peso del Estado" y sufrir daños irreparables en su vida y su negocio. "Estas acusaciones no eran pruebas. Eran amenazas. Eran instrumentos de persecución política", denunció el CPM-K en su cuenta de X.

La versión oficial se vuelve insostenible

Sin embargo las contradicciones en la versión policial se han multiplicado. El registro de armas confirmó que Omole es propietario legal del arma que supuestamente poseía "ilegalmente", desmontando el cargo principal. La acusación original, por tenencia ilícita, ha sido sustituida ahora por una nueva de "mal uso del arma", a pesar de que el propio Amoth afirmó en su recurso que "en ningún momento Omole apuntó con el arma" y que cuando la policía llegó, la pistola "estaba guardada en una caja fuerte, separada del cargador". "Cuando las mentiras colapsan, inventan otras nuevas", denuncian los comunistas kenianos, que exigen responsabilidades para los agentes implicados. El juez ha citado ahora a Mugambi y Munene para que comparezcan el próximo 7 de abril y expliquen por qué retienen los efectos personales de Omole desafiando las órdenes judiciales, y para que el investigador enfrente el interrogatorio sobre los cargos fabricados.

Emboscada y detención

La detención de Omole se produjo en circunstancias que ya evidenciaban su carácter arbitrario. Viajaba de vuelta de Isiolo, donde había realizado trabajo político y recaudación de fondos acompañado de un camarada del partido y un delegado internacional, cuando fue interceptado en un control instalado en la desviación hacia Nairobi. Unos veinte hombres sin uniforme rodearon el vehículo y comenzaron a agredirlos. "Fue una emboscada. No sabíamos quiénes eran, así que nos resistimos y peleamos", recordó Omole. Solo cuando se congregó un público exigiendo saber quiénes eran, los asaltantes se identificaron como policías. La acusación de que amenazó de muerte a los agentes durante el forcejeo es, según él, "ridícula: eran veinte, armados, ¿cómo podría haberles amenazado de muerte?".

Tras ser detenidos, los trasladaron al apartamento que el partido había alquilado para alojar a sus delegados internacionales. La policía registró el lugar y encontró 320.000 chelines kenianos (unos 2.500 dólares), que pretendían presentar como "un fondo para financiar una insurgencia contra el gobierno". Condujeron entonces a Omole a la comisaría de Mlolongo, donde, según el testimonio de Amoth, intentaron extorsionarle con esa cantidad. Allí estaba al mando el oficial Peter Mugambi, a quien Omole describe como "un conocido criminal dentro de la policía, un cristiano evangélico anticomunista convencido". Mugambi ya había acusado antes a Omole de organizar "una célula terrorista para derrocar al gobierno" cuando estaba destinado en Bamburi.

Bajo su custodia, Omole fue torturado. Le dislocaron el brazo, ya lesionado en el forcejeo de la detención, y llegaron a estrangularle mientras le exigían que revelara quién le financiaba para liderar las protestas frente a la embajada estadounidense contra el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro. Le insistieron en que "debía ser miembro de un cártel de droga", haciéndose eco de las acusaciones fabricadas por EE.UU. contra Maduro. Esa acusación fue retirada después, igual que la de narcóticos, ya que el propio Amoth confirmó en su recurso que en el apartamento no había drogas ni sustancias ilegales.

Vista ante el juez y encarcelamiento

Omole fue presentado ante el tribunal dos días después de su detención, superado el plazo legal de 24 horas, con el brazo mal vendado y escoltado por media docena de policías que impidieron la entrada a sus compañeros y a la prensa. Se le denegó la fianza por el tecnicismo de que "la policía no había entregado los documentos necesarios", y fue enviado a la prisión de Kitengela. Esa primera noche la pasó en régimen de aislamiento, en una celda que calcula de apenas dos por un metro, donde apenas podía moverse. "No hay retrete", describió Omole. "Te dan un cubo para defecar. Es una prisión dentro de una prisión donde te mandan para quebrar tu espíritu".

Hacinamiento y formación teórica marxista en prisión

Al día siguiente fue trasladado a la prisión principal, vestido con un uniforme marcado con las letras rojas "SW" (Special Watch), reservado para presos considerados "peligrosos". Sus compañeros de celda eran condenados o acusados de delitos graves como asesinato o robo con violencia. Unos 400 internos compartían una planta de aproximadamente 8 por 20 metros, con filas de celdas de 3 por 4 metros a cada lado, donde se hacinaban 27 presos en cada una. Diversos informes de derechos humanos han documentado el hacinamiento en las prisiones kenianas, donde los reclusos deben dormir de lado, todos mirando en la misma dirección para poder caber, "apilados como sardinas". Omole observó que los presos más pudientess, que podían pagar a la policía, conseguían celdas individuales, lo que aumentaba aún más la densidad en las demás. La mayoría pasaba el día en el pasillo central.

Desde ese pasillo, sentado en la tapa de un cubo de basura, Omole organizó sesiones de educación política nocturnas con los reclusos, que fueron recibidas con sorprendente bien entre los presos. En un vídeo que logró sacar a escondidas de la prisión, se le ve explicando las similitudes entre la guerra de guerrillas liderada por Mao en China y el levantamiento Mau Mau dirigido por Dedan Kimathi en Kenia, imágenes que han dado la vuelta al mundo. "Ninguno de ellos se arrepentía de sus crímenes", observó Omole al hablar con sus compañeros de celda. "Solo juraban que si tenían una segunda oportunidad, no se dejarían atrapar. Esto demuestra que la idea de la prisión como lugar para reformar criminales es un mito", comenta el líder comunista keniano. "Los presos eran muy conscientes de las contradicciones de clase", explicó, y aseguraba que "comprendían por qué Kimathi, que luchó por la tierra, sigue siendo criminalizado como terrorista mientras que los representantes de las clases más ricas son considerados héroes de la independencia".

Omole despierta interés entre los carceleros, que colaboran introduciendo literatura marxista

Incluso los funcionarios de prisiones se interesaron por sus palabras. Omole remarca que sus condiciones eran "apenas mejores que las de los presos", viviendo en barracones de chapa metálica que en invierno helaban y en verano abrasaban. Entre las siete puertas que separan las filas de celdas, los guardias permanecen encerrados sin llaves. "Si hay un incendio, no pueden escapar. Tienen que morir con los presos". Esas condiciones, explicó Omole, los hicieron receptivos a las ideas marxistas. "Nos hicimos buenos amigos. Nos ayudaron a pasar literatura política". Cuando los superiores descubrieron las lecturas, Omole fue castigado con otras ocho horas en la celda de aislamiento.

Liberación

Finalmente, el 3 de marzo, el tribunal concedió la libertad bajo fianza a Omole por un importe de 500.000 chelines, superior incluso a los 320.000 que la policía había intentado extorsionar. El juez ordenó que le devolvieran todas sus pertenencias, incluyendo dos coches, un iPhone, un ordenador portátil y el dinero incautado. Cuando Omole acudió a la comisaría con su abogado para recogerlas, Mugambi ordenó a sus agentes que lo expulsaran, produciéndose un nuevo forcejeo. El tribunal reiteró la orden el 9 de marzo, el mismo día en que Amoth anunció que retiraba sus acusaciones. La defensa de Omole confía ahora en que toda la acusación será finalmente retirada por "defectuosa e insostenible", y anuncia que presentarán una demanda por detención y procesamiento ilegales reclamando una indemnización.

Foto: @BookerBiro (X)

"La represión se intensificará"

El secretario general, sin embargo, no alberga ilusiones. "La represión contra nuestro partido se intensificará a medida que crezcamos en fuerza. La tarea que tenemos hoy es construir una organización revolucionaria capaz de luchar". Los movimientos comunistas y obreros del mundo han sido llamados a seguir de cerca el caso y a exigir justicia para el secretario general del CPM-Kenya, que reivindica que la lucha de la clase trabajadora "no puede ser encarcelada". Mientras tanto, las preguntas sobre el oficial Mugambi y sus métodos siguen en el aire, junto a la certeza de que, como reza un proverbio africano citado por el propio Omole, "por mucho que corra la mentira, la verdad acaba alcanzándola".