El vicepresidente de la Cámara de Diputados de Italia, Fabio Rampelli, perteneciente al partido Hermanos de Italia (Fratelli d'Italia), liderado por la primera ministra Giorgia Meloni, ha presentado una interrogación parlamentaria en la que denuncia que "unos 40 institutos de Roma no estarían celebrando con el debido rigor el Día del Recuerdo", una jornada instituida en 2004 para conmemorar cada 10 de febrero a los muertos de las foiba —simas kársticas donde fueron arrojadas varias personas durante las represalias en la frontera nororiental italiana al final de la Segunda Guerra Mundial—. En su escrito, dirigido al ministro de Educación, Giuseppe Valditara, Rampelli afirma que en estos centros —que incluyen tanto liceos de prestigio del centro histórico como institutos de barrios periféricos— "se habrían ignorado totalmente las directrices previstas por dos leyes del Estado", y solicita que el ministro "adopte las iniciativas oportunas para que las instituciones escolares cumplan con la conmemoración".

La iniciativa, de la que se ha hecho eco el diario Il Manifesto y recogida por medios internacionales, ha sido calificada por sectores críticos como una "lista de proscripción" que atentaría contra la libertad de cátedra. Cabe señalar que la legislación sobre esta efeméride, incluso tras las modificaciones introducidas por el propio Valditara en 2024, no establece obligaciones vinculantes para los centros educativos, sino que se limita a "invitar" a las escuelas a "favorecer la más amplia difusión de las iniciativas" y a "incentivar la participación en los viajes de la memoria", siempre "en el respeto de la autonomía escolar". Sin embargo, Rampelli sostiene que el escaso seguimiento de estas convocatorias constituye "una violación del deber cívico de la escuela como lugar privilegiado de formación de la conciencia nacional".

Detrás de la ofensiva contra los institutos subyace una profunda batalla por la interpretación histórica. El recuerdo de las foibe se ha convertido en un símbolo para la derecha italiana, que durante años ha promovido una versión de los hechos que algunos historiadores consideran autoexculpatoria respecto al papel de la Italia fascista y sus aliados en la región. Colectivos de investigación histórica y grupos como el famoso colectivo literario boloñés Wu Ming han denunciado las inexactitudes y manipulaciones de este relato oficialista. Para muchos docentes, la versión promovida por el gobierno resulta partidista, revisionista y alejada del rigor histórico, lo que explica su resistencia a adherirse a unas conmemoraciones percibidas como instrumento de propaganda nacionalista que exculpan al fascismo.

La interrogación parlamentaria de Rampelli, que cuenta con el apoyo de otros dirigentes del partido, algunos vinculados a organizaciones juveniles salpicadas por escándalos de apología del nazismo, se inscribe en una estrategia más amplia de la derecha italiana para controlar el relato histórico en las aulas. Esta estrategia ya ha incluido campañas de señalamiento de profesores considerados de "izquierdas", "woke" o "antifascistas". Mientras el gobierno de Meloni impulsa reformas educativas que refuerzan el centralismo curricular, la iniciativa contra los institutos romanos supone una vuelta de tuerca más sobre el profesorado.

Las foibe a debate

Entre septiembre de 1943 y mayo de 1945, partisanos yugoslavos arrojaron a estos abismos de las foibe a centenares de personas, en su mayoría representantes del régimen fascista de Benito Mussolini y colaboracionistas, aunque también habría algunas víctimas civiles inocentes y acciones de venganza personal. Estos hechos se produjeron en medio de la violencia extrema que sufrió una región multiétnica que había padecido décadas de italianización forzada por parte del fascismo y una brutal ocupación italiana durante la guerra.

Por ello, la interpretación de estos sucesos enfrenta a historiadores y diferentes sectores políticos: mientras la derecha y la extrema derecha italiana ha utilizado el recuerdo de las foibe para establecer una falsa equivalencia entre los crímenes fascistas y los los errores de los partisanos comunistas para blanquear a la Italia de Mussolini., una vasta corriente historiográfica —con autores como Raoul Pupo, Roberto Spazzali y Eric Gobetti— ha desmontado los usos instrumentales de esta memoria, situando los hechos en su complejidad histórica y rechazando tanto la minimización como la mitificación nacionalista.

El historiador Gobetti subraya que la violencia fue principalmente político-ideológica y no una "limpieza étnica" planificada, y que sus perpetradores actuaban movidos por el deseo de castigar a quienes consideraban responsables de décadas de crímenes. La creación del Día del Recuerdo en 2004, impulsada por sectores ultraderechistas y nacionalistas, ha sido criticada por pretender construir artificialmente una "memoria nacional" que equipara víctimas y verdugos, ignorando quiénes fueron los verdaderos responsables de sembrar el odio en esas tierras fronterizas.