Los datos publicados por organismos internacionales como el Banco Mundial, la UNESCO, UNICEF y la Organización Mundial de la Salud confirman que Cuba mantiene indicadores sociales comparables o superiores a los de Estados Unidos y a la media de los países de altos ingresos, a pesar de que arrastra más de seis décadas de bloqueo económico impuesto por Washington. Según el Instituto de Estadística de la UNESCO, la tasa de alfabetización adulta en Cuba alcanza el 99,67% (2021), mientras que en Estados Unidos, aunque la alfabetización básica oficial ronda el 99%, la alfabetización funcional —la capacidad para entender textos cotidianos— se sitúa en apenas el 79%, según el Centro Nacional de Estadísticas Educativas de EE.UU. Más de la mitad de los adultos estadounidenses leen por debajo del nivel de sexto grado, un dato que contrasta con la educación universal cubana.

En materia de salud, los indicadores cubanos desafían cualquier predicción economicista. La mortalidad infantil en Cuba, con todas sus dificultades derivadas del bloqueo, ha rondado entre 4 y 4,9 por cada 1.000 nacidos vivos (UNICEF, Banco Mundial), inferior a la tasa estadounidense, que se sitúa entre 5,1 y 6 (2023-2024). La mortalidad materna, uno de los indicadores más sensibles a las condiciones de vida, ha llegado a ser de 35 por cada 100.000 nacimientos en Cuba, frente a 17-22 en EE.UU., un país que entre las "naciones ricas" destaca negativamente por el aumento de esta cifra en los últimos años. La esperanza de vida al nacer en Cuba alcanza los 78 años, de acuerdo con los datos del Banco Mundial del 2023, igualando a Estados Unidos y situándose muy cerca del promedio de los países de altos ingresos, que ronda los 80 años, según datos de la OCDE. Todo ello con un gasto en salud por habitante que es una fracción del estadounidense y el acceso a medicinas y equipos médicos extremadamente restringido. Los indicadores de Cuba en estos aspectos son comparables o ligeramente inferiores al promedio de países enriquecidos, pero extraordinario para su contexto económico.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sitúa la prevalencia de subnutrición crónica en Cuba por debajo del 2,5%, un nivel similar al de EE.UU., aunque en la isla caribeña la inseguridad alimentaria está directamente relacionada con las restricciones al comercio impuestas por Washington, que han agravado el acceso a alimentos y medicinas. Mientras el gobierno estadounidense gasta miles de millones en su ofensiva contra Irán y amenaza con "tomar Cuba", las agencias internacionales confirman que la isla, incluso bajo un bloqueo que la ONU condena anualmente desde hace tres décadas sin efectos prácticos, garantiza derechos universales que en Estados Unidos dependen del dinero que tiene cada persona en su bolsillo.

Estos datos desmontan la narrativa oficial que presenta a Cuba como un "Estado fallido" y revelan la verdadera naturaleza del bloqueo: un castigo colectivo contra un pueblo que ha logrado, incluso con recursos limitados, indicadores sociales que envidian muchas naciones "desarrolladas". Además, lejos de reservarse sus recursos médicos para sí mima, Cuba ha extendido sus misiones sanitarias a los rincones más recónditos y empobrecidos del mundo, llegando a superar los despliegues del G7 y la OMS.

Mientras EE.UU. destina 1.000 millones de dólares a guerras imperialistas y otros tantos a rescates bancarios, Cuba prioriza la educación y la salud pública, demostrando que el bienestar de la población es una cuestión de prioridades políticas. La resistencia de la isla no es solo una cuestión de soberanía: es una prueba de que otro modelo de sociedad es posible, y que el imperio no puede quebrar a quienes deciden poner la vida humana por encima de las lógicas del beneficio privado.