La ciudad de Babol, en la provincia de Mazandarán y conocida en el discurso oficial como Dar al-Mu'minīn (la morada de los creyentes), ha sido epicentro de una ola de movilizaciones populares sin precedentes en las últimas semanas. Según informes difundidos por la Agencia de Noticias Tasnim —vinculada al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica—, los habitantes han participado cada noche, durante 20 jornadas consecutivas, en las llamadas "marchas por la dignidad y el poderío". Estas concentraciones en apoyo a la República Islámica han ganado en intensidad y número de asistentes con el paso de los días, han convertido las calles de Babol en un escenario de unidad nacional.

Los manifestantes, de manera unánime y con gran fervor, han coreado el lema "Babol, una sola palabra: venganza, venganza", al tiempo que exigen "justicia por la sangre del Imam mártir", en clara referencia al fallecimiento del Líder Supremo Ayatolá Ali Khamenei, calificado oficialmente como "mártir" tras los ataques conjuntos atribuidos a Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero de 2026. Las protestas también han incluido fuertes condenas a las "crímenes de América y del régimen sionista", presentándolos como responsables directos de la agresión imperialista. Fuentes estatales destacan que estas marchas nocturnas muestran un volcamiento masivo del pueblo iraní en defensa de la República Islámica, su sistema político y sus fuerzas armadas, en un momento de máxima tensión regional.

Aunque no se han publicado cifras oficiales de participación, las descripciones de los medios iraníes hablan de una "presencia cada vez más apasionada y numerosa", con decenas de miles de personas en algunas noches. Fenómenos similares se han reportado en otras ciudades del país, como Qom, Arak o Kermanshah, donde también predominan los llamados a la venganza y el apoyo incondicional al establishment de la Revolución Islámica.

Las movilizaciones se producen dentro del luto nacional de 40 días decretado tras la confirmación oficial del martirio de Khamenei, y se interpretan desde Teherán como una demostración de fuerza y cohesión interna frente a la guerra impuesta por Tel Aviv y Washington.

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