El portavoz del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió este domingo que su país “destruirá irreversiblemente” las infraestructuras energéticas y petroleras de toda la región si los Estados Unidos de América cumplen su amenaza de atacar las centrales eléctricas de la República Islámica de Irán. Posteriormente, el comando de operaciones militares de Irán, Khatam Al Anbiya, afirmó en un comunicado difundido por medios estatales que "si se llevan a cabo las amenazas de Estados Unidos con respecto a las centrales eléctricas de Irán... el estrecho de Ormuz estará completamente cerrado, y no será reabierto hasta que se reconstruyan nuestras centrales eléctricas destruidas".

Las respuestas iraníes llegan tras las palabras del presidente estadounidense, Donald Trump, que dio un ultimátum de 48 horas a Teherán para reabrir completamente el estrecho de Ormuz, bajo la amenaza de “aniquilar” sus plantas de energía. “Inmediatamente después de que se ataquen las plantas eléctricas y las infraestructuras de nuestro país, las infraestructuras vitales, así como las infraestructuras energéticas y petroleras de toda la región, serán consideradas objetivos legítimos y serán destruidas irreversiblemente”, respondió Ghalibaf en su cuenta de X. El portavoz advirtió además que la represalia iraní aumentaría el precio del petróleo “durante mucho tiempo”.

Mientras Trump reclama una coalición internacional para “abrir” el estrecho —por donde transita al menos el 20% del petróleo mundial—, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, ha comparado la guerra con Vietnam y ha cuestionado las recientes declaraciones estadounidenses que aseguraban la victoria sobre el país persa. “Los estadounidenses no han olvidado cómo, incluso cuando cientos de soldados morían en Vietnam y el resultado ya era evidente, el general Westmoreland fue trasladado en avión a casa para asegurar que la guerra iba bien”, escribió Araqchi en redes sociales, señalando que se repite “el mismo guion, diferente escenario” con las intervenciones del secretario de Defensa, Pete Hegseth. Según Araqchi, mientras Washington declara que las defensas aéreas iraníes “han desaparecido”, un caza F-35 habría sido alcanzado y los portaaviones se estarían alejando. Irán mantiene que el estrecho está “abierto para todos excepto para los enemigos” y que cualquier barco puede transitar si se coordina con Teherán.

En Líbano, Israel ha iniciado una operación para “separar” el sur del país destruyendo de puentes sobre el río Litani. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, anunció este domingo que ha ordenado “destruir inmediatamente todos los puentes sobre el río Litani” que, según su gobierno, "son utilizados por Hezbollah para trasladar armamento". El primer objetivo fue el puente de Qasmiya, sobre la carretera costera, que conecta el sur con Sidón y Beirut. El Ejército libanés confirmó que evacuó sus puestos en la zona tras las amenazas israelíes. Katz también ordenó “acelerar la destrucción de las viviendas libanesas en las localidades de primera línea, siguiendo el modelo de Beit Hanun y Rafah” en Gaza, en una escalada que el presidente libanés, Joseph Aoun, calificó como “preludio de una invasión terrestre”. Aoun pidió "la intervención inmediata de Naciones Unidas".

Mientras tanto, Irán castigó este fin de semana los asentamientos israelíes de Dimona —donde se ubica el principal complejo nuclear israelí— y Arad, dejando más de 180 heridos, según reconoce el propio Ministerio de Sanidad israelí. Las represalias, en respuesta al bombardeo estadounidense contra la planta nuclear de Natanz, han evidenciado fisuras en el sistema de defensa israelí. En paralelo, la Guardia Revolucionaria iraní afirmó haber derribado 127 drones enemigos desde el inicio de la guerra y amenazó con atacar infraestructuras de agua y tecnología de la información vinculadas a EE.UU. e Israel en toda la región.

La guerra ha entrado así en su cuarta semana con una escalada cualitativa: mientras el gobierno de Trump insiste en su "ultimátum", los analistas citados por Al Jazeera advierten de que la guerra amenaza con expandirse a una dimensión energética internacional, con posibles consecuencias devastadoras para la economía y las poblaciones de todo el planeta.