El Pentágono tiene previsto enviar miles de soldados de la 82ª División Aerotransportada del Ejército de Estados Unidos a Oriente Medio, según han informado dos fuentes familiarizadas con la cuestión a la agencia Reuters, en un movimiento que amplía el masivo despliegue militar estadounidense en la región incluso mientras el presidente Donald Trump asegura "mantener conversaciones con Irán para poner fin a la guerra". Los efectivos, que se suman a los 50.000 soldados ya desplegados en la zona, se trasladarán desde Fort Bragg (Carolina del Norte) en los próximos días, aunque las fuentes no precisaron el destino exacto ni la fecha de llegada. La noticia se conoce un día después de que Trump anunciara en Truth Social "una tregua de cinco días en los ataques a infraestructura energética" iraní basándose en unas "conversaciones productivas", que Teherán y los hechos posteriores han desmentido rotundamente con ataques contra infraestructura gasística persa.

El despliegue forma parte de una estrategia de acumulación de tropas que viene gestándose desde hace semanas. Reuters ya había informado el 18 de marzo de que la administración Trump estudiaba enviar miles de tropas adicionales para ampliar sus opciones, incluida la posibilidad de desplegar fuerzas dentro de territorio iraní. Posteriormente, el 20 de marzo, se conoció el envío de miles de marines y personal naval a bordo del USS Boxer, un buque de asalto anfibio con su unidad expedicionaria y buques de escolta. Uno de los oficiales consultados por la agencia señaló que "no se ha tomado una decisión sobre la entrada de tropas en Irán", pero que los efectivos reforzarán la capacidad para futuras operaciones en la región. La 82ª División Aerotransportada, especializada en asaltos con paracaídas, puede desplegarse en menos de 18 horas tras recibir la orden.

La contradicción entre el discurso de la Casa Blanca y la escalada militar efectiva es evidente, generando confusión entre gobernantes, inversores y analistas. Mientras Trump aseguraba este lunes que Estados Unidos e Irán habían mantenido “conversaciones muy buenas y productivas” y aparentemente ordenaba suspender los ataques a las centrales eléctricas iraníes durante cinco días, las fuentes iraníes desmentían cualquier negociación y acusaban al presidente de intentar “reducir los precios de la energía y ganar tiempo para implementar sus planes militares”. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, confirmó que se han recibido mensajes de países amigos con la solicitud de EE.UU. para negociar, pero negó cualquier diálogo efectivo y advirtió de que cualquier ataque a infraestructuras energéticas iraníes tendrá una “reacción firme, inmediata y eficaz”. Por lo demás, la posición de Irán sobre el estrecho de Ormuz y las condiciones para poner fin a la guerra no ha cambiado.

El apoyo a los ataques contra Irán cae al 35%

La escalada militar supone un riesgo político considerable para Trump. Una encuesta de Reuters/Ipsos publicada este mismo martes revela que la aprobación de los ataques estadounidenses contra Irán ha caído rápidamente al 35%, frente al 37% de la semana pasada, mientras que el rechazo ha subido al 61%. Los números demuestran un creciente descontento en una población estadounidense que, según la misma encuesta, ya mostraba un amplio escepticismo sobre las motivaciones de la guerra desde el inicio.

La base electoral de Trump, que le apoyó en 2024 con la promesa de "no involucrarse en nuevas guerras interminables en Oriente Medio", ve con preocupación cómo su administración, que llegó al poder criticando los conflictos exteriores, se ve ahora inmersa en una escalada militar que ya ha costado miles de vidas y ha desatado una crisis energética internacional. Ahora, que el Pentágono ha atacado más de 9.000 objetivos en Irán desde el inicio de las operaciones militares conjuntas con Israel el pasado 28 de febrero, Trumo habla de "tregua" y prepararía más tropas con la guerra en curso. El presidente que prometió no enredarse en nuevos conflictos, se encuentra ahora gestionando una crisis que amenaza con arrastrar a Estados Unidos a un nuevo atolladero en Oriente Medio, con el agravante de que sus propios ciudadanos ya no confían en sus motivos.

La retórica de la negociación se desmorona ante los hechos: más soldados, más bombas, más guerra. Y el 61% de los estadounidenses, según la encuesta, lo saben. La base electoral republicana que le llevó a la Casa Blanca también. Las elecciones de medio mandato están a la vuelta de la esquina, y la guerra que Trump prometió no librar puede acabar costándole los apoyos del Congreso. Mientras tanto, los soldados de la 82ª División Aerotransportada hacen sus maletas. El destino, dicen las fuentes militares, es Oriente Medio.