En artículo publicado este martes por Politico advertía que el cierre de facto del estrecho de Ormuz tras la guerra iniciada por Irael y EE.UU. contra Irán ha dejado a Taiwán sin acceso a los exportadores qataríes, que proporcionan más de un tercio de su gas natural licuado (GNL). La red eléctrica taiwanesa depende del GNL para abastecer hasta el 40% de su generación, y esa sobredependencia de Qatar hace a la isla especialmente vulnerable a cualquier interrupción en el golfo Pérsico. Según el medio, una parálisis prolongada del estrecho podría obligar al gobierno de Taipei a elegir entre racionar la electricidad a hogares y servicios públicos o reducir el suministro a su sector industrial más valioso, incluida Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC).

TSMC consume alrededor del 9% de la producción eléctrica total de la isla y su sector representa cerca del 20% del producto interior bruto anual de Taiwán. La empresa fabrica aproximadamente el 90% de los chips más avanzados del mundo, utilizados en sistemas de guiado de misiles hasta teléfonos inteligentes y equipos de diagnóstico médico. “Los cortes de energía podrían repercutir directamente en las cadenas globales de suministro de chips que sustentan todo, desde servidores de inteligencia artificial hasta automóviles”, declaraba un analista especializado en China a Politico. El senador Todd Young, republicano por Indiana y copatrocinador de la ley CHIPS and Science Act que destinó 7.400 millones de dólares a la industria, manifestó su preocupación: “Me preocupa que la producción de estos chips dependa de todo tipo de insumos de todo el mundo, incluido el Golfo, y es un ecosistema frágil”.

TSMC afirmó en un comunicado que no prevé “ningún impacto significativo” por el cierre del estrecho, pero que está “monitoreando la situación de cerca”. Por su parte, el Ministerio de Asuntos Económicos de Taiwán señaló que la isla mantiene una “reserva de seguridad” de GNL para unos 11 días y que está girando hacia “exportadores no pertenecientes al golfo Pérsico” para garantizar el suministro hasta abril. La compañía estatal Taiwan Power Company indicó que está “formulando planes de contingencia relevantes” y que los suministros domésticos pueden “soportar las fluctuaciones internacionales a corto plazo”. El capital de riesgo Ross Fubini, inversor temprano de Anduril y Palantir –empresas que colaboran estrechamente con el Pentágono en la actual operación contra Irán– restó urgencia a la crisis: “Una empresa que opera a esa escala y con ese nivel de importancia para Taiwán encontrará la manera”.

El conflicto, que comenzó hace cuatro semanas con ataques aéreos estadounidenses e israelíes contra territorio iraní y ha incluido represalias diarias con misiles iraníes sobre el Estado de Israel, ha abierto un nuevo frente de vulnerabilidad para la cadena internacional de semiconductores. Mientras tanto, el Gobierno estadounidense de Donald Trump mantiene su ofensiva con el respaldo del príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salmán –quien según The New York Times ha instado a continuar la guerra e incluso a realizar operaciones terrestres en Irán–. Sin embargo, las consecuencias económicas empiezan a afectar a un sector estratégico para la economía estadounidense y la acumulación global de capital. La interrupción del suministro energético a Taiwán evidencia cómo la guerra imperialista, impulsada por intereses geopolíticos de las potencias occidentales y sus aliados regionales, pone en riesgo la propia infraestructura productiva que sostiene el poder tecnológico de Estados Unidos, mientras la población civil de Irán, Líbano y Palestina carga con el coste de miles de muertos y desplazamientos forzados.