Las exportaciones gasísticas de Qatar quedarán afectadas entre tres y cinco años
El país que produce una quinta parte del gas natural licuado mundial pierde el 17% de su capacidad de exportación por las represalias de Irán.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha asestado un golpe devastador al corazón de la industria energética mundial. El ministro de Energía de Qatar, Saad Sherida al-Kabi, anunció este martes que el país ha declarado la cláusula de “fuerza mayor” en los contratos de exportación de gas natural licuado con China, Corea del Sur, Italia y Bélgica, después de que las represalias con misiles iraníes del 18 y 19 de marzo causaran daños que tardarán entre tres y cinco años en repararse. Las instalaciones de Ras Laffan, el complejo industrial portuario más importante del mundo para la producción de GNL, sufrieron impactos en las líneas 4 y 6 —gestionadas conjuntamente con ExxonMobil— y en la planta Pearl GTL, operada por Shell, que transforma gas en combustibles de alta calidad. Una de las dos unidades de Pearl GTL permanecerá fuera de servicio al menos un año.
Los números son devastadores. Qatar, que produce una quinta parte del gas natural licuado mundial, perderá el 17% de su capacidad de exportación, según cálculos del propio ministro. Las pérdidas anuales se cifran en 20.000 millones de dólares, y la reducción de suministro afectará a 12,8 millones de toneladas de GNL al año durante los próximos tres a cinco años. Además, el país dejará de producir 18,6 millones de barriles de condensados (el 24% de sus exportaciones), 1.281 millones de toneladas de GNL (el 13%) y 0,594 millones de toneladas de nafta (el 6%).
El ministro confirmó que los ataques, que se produjeron después de que Israel bombardeara el yacimiento iraní de South Pars —la extensión del campo Norte de Qatar—, han obligado a declarar la fuerza mayor “a largo plazo”. La decisión supone que Qatar queda eximida de cumplir sus obligaciones contractuales con los compradores mientras duren las reparaciones, en un momento en que los mercados energéticos internacionales ya se encuentran colapsados por el bloqueo del estrecho de Ormuz.
La declaración de Qatar llega en un momento especialmente crítico para la Unión Europea, que depende del gas importado y que ha basado su estrategia de "independencia energética de Rusia" en la compra de GNL a proveedores como Qatar y Estados Unidos. Países como Italia obtenían hasta un tercio de su gas de la monarquía del Golfo, y Bélgica es también un cliente habitual. La crisis llega, además, cuando las reservas europeas están en su nivel más bajo para esta época del año desde 2022, y cuando los precios del gas se han disparado más de un 70% desde el inicio de la guerra. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) ha calificado la situación actual como "la peor crisis energética de la historia", peor que las dos crisis del petróleo de los años 70 combinadas. Ahora, el suministro de gas que llegaba del Golfo se reducirá durante años, justo cuando Europa se preparaba para "un invierno sin gas ruso".
Mientras Qatar negocia con sus clientes cómo repartir la escasez, la Unión Europea se prepara para un futuro de precios disparados, competencia internacional por cargamentos y una dependencia aún mayor de Estados Unidos, que se ha apresurado a ofrecer su gas como alternativa desde una posición negociadora mucho más fuerte. El gas estadounidense, que Bruselas presentaba antes como "una opción", se convierte ahora en una necesidad. Y como toda necesidad, se pagará cara. Las grandes petroleras —ExxonMobil, Shell—, que tienen participaciones en las plantas dañadas, ya calculan pérdidas y renegocian contratos.