El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, convenció al presidente Donald Trump para lanzar la guerra contra Irán en una llamada telefónica crucial menos de 48 horas antes de los bombardeos del 28 de febrero, según ha revelado una investigación de Reuters basada en declaraciones de tres fuentes familiarizadas con la conversación. Durante la llamada, Netanyahu argumentó que "nunca habría una mejor oportunidad" para matar al líder supremo, Ali Khamenei, que se encontraba reunido con sus principales lugartenientes en Teherán, y que la operación serviría también para "vengar el intento de asesinato contra Trump en 2024", "orquestado por Irán", según Israel. El asesor de Seguridad Nacional israelí, Giora Eiland, y el propio Netanyahu llevaban años impulsando esta estrategia, pero fue la nueva inteligencia que adelantaba la reunión de Khamenei de la noche del sábado a la mañana lo que habría desencadenado la decisión final.

Al parecer, Trump ya habría aprobado la idea de una operación militar contra Irán, pero aún no había decidido cuándo ni en qué circunstancias. La llamada de Netanyahu, junto con la inteligencia que mostraba "una ventana de oportunidad que se cerraba", fue el catalizador para que el presidente ordenara a sus fuerzas el 27 de febrero iniciar la "Operación Furia Épica", actualmente en curso. El propio Netanyahu le planteó a Trump que "podría pasar a la historia por eliminar un régimen odiado por Occidente y por muchos iraníes", y que los iraníes "podrían incluso salir a la calle a derrocar el sistema teocrático". Las primeras bombas cayeron en Teherán la mañana del 28 de febrero, y Trump anunció esa misma noche que Khamenei había muerto. Netanyahu ha negado posteriormente haber arrastrado a EE.UU. a la guerra, y Trump ha insistido en que "la decisión fue exclusivamente suya".

Las conversaciones entre Israel y EE.UU. para una segunda oleada de ataques se habían intensificado tras la operación conjunta de junio de 2025, en la que se bombardearon instalaciones nucleares y de misiles iraníes. Durante una visita de Netanyahu a Mar-a-Lago en diciembre, el primer ministro israelí expresó su insatisfacción con los resultados de aquella operación y encontró en Trump la disposición a considerar nuevos bombardeos, aunque el presidente quería agotar primero la vía diplomática. Dos eventos posteriores empujaron a Trump hacia la guerra: la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero, que demostró que operaciones militares ambiciosas podían tener escasas consecuencias para las fuerzas estadounidenses, y las protestas masivas en Irán ese mismo mes y llevaron a Trump a prometer "apoyo" a los manifestantes.

La planificación militar se aceleró con reuniones secretas entre el Mando Central de EE.UU. (CENTCOM) y las Fuerzas de Defensa de Israel. El secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió a los líderes del Congreso el 24 de febrero de que Israel atacaría Irán con o sin la participación de EE.UU., y que Teherán respondería contra objetivos estadounidenses, según tres fuentes familiarizadas con la reunión. Esa advertencia se ha cumplido: los bombardeos han provocado contraataques iraníes contra instalaciones militares de EE.UU., la muerte de más de 1.400 civiles iraníes y al menos 13 militares estadounidenses, el cierre del estrecho de Ormuz y un aumento histórico de los precios del petróleo.

La CIA había evaluado antes del ataque que si Khamenei era eliminado sería reemplazado por un halcón interno, una predicción que se ha cumplido con el nombramiento de su hijo, Mojtaba Khamenei, considerado aún más antiestadounidense que su padre. La guerra, que comenzó con una llamada telefónica entre dos líderes, ha entrado en su quinta semana sin señales de resolución, mientras los muertos se acumulan y los mercados energéticos internacionales se tambalean por el bloqueo de Ormuz. Las consecuencias de aquella conversación, que Netanyahu justificó como una "oportunidad histórica", se extienden ahora por todo Oriente Medio y el resto del mundo. Los analistas consultados por Reuters señalan que, aunque Trump tomó la decisión final, fue Netanyahu quien marcó el camino.