Volkswagen, el mayor fabricante de automóviles de Europa, está negociando con la empresa israelí de defensa Rafael Advanced Defense Systems la producción de componentes para el sistema antimisiles “Iron Dome” (Cúpula de Hierro) en su planta de Osnabrück, amenazada de cierre, según ha publicado el Financial Times y recoge Handelsblatt. La planta, donde trabajan 2.300 asalariados, sería reconvertida para producir sistemas de defensa aérea israelí que se comercializarían también en Europa, en medio de la crisis estructural que atraviesa la industria automovilística alemana, afectada por la competencia china y la transición fallida hacia el vehículo eléctrico. El plan cuenta con el respaldo del Gobierno alemán, según fuentes citadas por el FT, y supondría un giro radical en la actividad de una planta que hasta ahora producía modelos como el T-Roc Cabriolet.

La iniciativa de Volkswagen no es un caso aislado, sino el último ejemplo de la creciente imbricación entre la industria automovilística alemana y el sector armamentístico. A través de su filial MAN, Volkswagen ya fabrica camiones militares en colaboración con Rheinmetall, el mayor grupo de militar alemán. La alianza con Rafael llevaría esa relación un paso más allá, incorporando a la producción alemana tecnología israelí de defensa antimisiles, un sistema que ha sido ampliamente utilizado por Israel en la guerra en curso. La empresa Rafael, con la que Volkswagen negocia, es uno de los principales proveedores del ejército genocida israelí y ha participado activamente en el suministro de armamento utilizado en el genocidio contra la población palestina y en la guerra de agresión contra la República Islámica de Irán.

La decisión de Volkswagen se produce en un contexto de rearme masivo impulsado por el gobierno alemán y la OTAN, que ven en la industria militar una salida a la crisis industrial. Mientras la llamada "transición ecológica" transita hacia el verde caqui militar y los fabricantes de automóviles aplican recortes masivos de empleo, la economía de guerra emerge como un sector boyante con grandes expectativas de crecimiento para los dueños del complejo militar industrial. El gobierno del canciller Friedrich Merz ha impulsado un aumento del gasto militar y ha promovido la cooperación entre la industria civil y el sector armamentístico, con el argumento de la “seguridad europea”. En este marco, la reconversión de la planta de Osnabrück se presenta como un “modelo a seguir” para otras fábricas en riesgo de cierre.