Washington amenaza a Bruselas con quitarle el “acceso favorable” al gas si no acepta comprarle 750.000 millones en energía
Washington advierte de que “tiene otros compradores” tras el bloqueo del GNL qatarí por la guerra de Irán y que Europa depende de sus envíos; el Parlamento Europeo vota esta semana el acuerdo energético.
Estados Unidos ha lanzado una advertencia directa a la Unión Europea: exigen ratificar el acuerdo comercial de Turnberry sin modificaciones o perderán el acceso “favorable” al gas natural licuado (GNL) estadounidense. Andrew Puzder, embajador de Donald Trump ante la UE, ha declarado al Financial Times que “si Turnberry no se implementa, volvemos a la casilla de salida” y que Washington “tiene otros compradores”. El “aviso” llega en un momento crítico para los mercados energéticos europeos: la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha bloqueado el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, y ha dañado gravemente la planta de Ras Laffan en Qatar, que produce una quinta parte del GNL del mundo. Aunque solo el 10% del gas que circulaba por Ormuz se dirigía a Europa, el continente es especialmente vulnerable a la competencia internacional por los suministros, y cabe recordar que países como Italia obtenían hasta un tercio de su GNL de Qatar.
El acuerdo de Turnberry, firmado el año pasado por Donald Trump y la presidenta de la Comisión Europea Ursula Von der Leyen en el campo de golf del presidente estadounidense en Escocia, incluye un compromiso de la UE para comprar 750.000 millones de dólares en energía estadounidense —incluyendo GNL, petróleo y tecnologías nucleares civiles— antes de 2028, a cambio de que Washington aplicara un arancel del 15% a la mayoría de las exportaciones europeas y Bruselas redujera a cero los suyos sobre bienes industriales y algunos productos agrícolas. La ratificación del pacto, que se vota este jueves en el Parlamento Europeo, se ha retrasado por varios motivos, incluyendo las amenazas de Trump de invadir Groenlandia. Ahora, los eurodiputados han incluido salvaguardas que suspenderían el acuerdo si Trump lanza nuevas amenazas arancelarias o no restaura las exenciones pactadas originalmente, un movimiento que la administración estadounidense no está dispuesta a tolerar.
La amenaza de Puzder no es baladí. La guerra en Oriente Medio ha desatado la mayor crisis energética de la historia, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), y la competencia por los cargamentos de GNL se ha intensificado en todo el mundo. El embajador estadounidense advirtió también que la norma europea que obliga a los exportadores a declarar sus emisiones de metano a partir de enero de 2027 debería modificarse porque sería “imposible” para la mayoría de los productores estadounidenses cumplirla, lo que podría “disparar los costes del combustible”. “Si van a sobrevivir económicamente, necesitan energía, y nosotros podemos suministrarla”, sentenció Puzder. El comisario de Comercio de la UE, Maroš Šefčovič, ha defendido el pacto en una entrevista con el FT, advirtiendo a los eurodiputados de que “un acuerdo es un acuerdo” y que la administración estadounidense ha dejado claro que respetaría el nivel arancelario global del 15% si se ratifica el texto original.
La presión estadounidense sobre la UE llega en un momento de máxima debilidad europea. Dependiente de las importaciones energéticas, con sus reservas de gas en mínimos históricos para la época del año, el continente se enfrenta al dilema de aceptar los términos de Washington o arriesgarse a pagar precios aún más altos en un mercado internacional donde Qatar tardará entre tres y cinco años en recuperar su capacidad de exportación.
La UE, que antes presumía de “cortar sus lazos energéticos con Rusia para defender la democracia” ahora se enfrenta a la realidad de que su “autonomía estratégica” depende de comprar gas a EE.UU., que le exige sumisión comercial y le amenaza con cerrar el grifo de gas si no se pliega a sus condiciones. Mientras tanto, Trump amenaza, Bruselas “negocia”, y los hogares europeos pagan la factura de una guerra que no eligieron y de una dependencia energética que sus gobernantes no supieron o no quisieron romper.