Irán depende un 2% del agua desalinizada mientras los países del Golfo e Israel superan el 75%
Las 56 plantas desalinizadoras del Golfo están expuestas ante posibles ataques iraníes, que 'secarían' a las petromonarquías en cuestión de días.
En el contexto de la agresión contra la República Islámica de Irán, el agua se ha convertido en un recurso estratégico tan crítico como el petróleo. Mientras Teherán mantiene una dependencia mínima de la desalinización, con apenas el 2% de su producción doméstica de agua potable proveniente de plantas desalinizadoras, los países del Golfo Pérsico e Israel exhiben niveles de dependencia extrema que los exponen completamente ante cualquier interrupción deliberada o colateral de sus instalaciones costeras.
Datos actualizados a marzo de 2026 de fuentes como Al Jazeera, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) y Global Water Intelligence (GWI) confirman que más del 90% del agua desalinizada del Golfo proviene de apenas 56 plantas clave, muchas de ellas ubicadas a menos de 350 km de territorio iraní, fácilmente alcanzables, por tanto, por misiles o drones.
Kuwait encabeza la lista con un 90% de su agua potable proveniente de la desalinización de sus plantas, seguido de Omán (86%), Israel (75-80%) , Arabia Saudí (70%), Bahréin (90%), Qatar (99%) y Emiratos Árabes Unidos (42%). En contraste, Irán registra solo el 2%, gracias a sus recursos naturales abundantes: ríos permanentes, montañas, lagos y acuíferos alimentados por precipitaciones en regiones como el norte y el oeste del país.
Según el informe de GWI DesalData y AQUASTAT de la FAO (2026), los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU), producen colectivamente alrededor del 40-45% del agua desalinizada mundial a través de más de 400 plantas operativas, con una capacidad diaria de 22,67 millones de m³. Esto equivale al 33% de la producción global. Sin embargo, el 90% de ese volumen se concentra en tan solo 56 instalaciones, la mayoría ubicadas en las costas del Golfo Pérsico y el Mar Arábigo. Un ataque coordinado o incluso meros daños colaterales podrían dejar sin agua potable a ciudades enteras en cuestión de días.
El Estado de Israel no escapa a esta dinámica. En 2026, entre el 75% y el 86% de su agua potable proviene de cinco grandes plantas costeras, según datos de la empresa estatal de aguas israelí Mekorot. Aunque cuenta con reciclaje de aguas residuales para agricultura, su dependencia urbana de la desalinización lo coloca en una posición similar a la de los aliados del Golfo.
Objetivo militar estratégico
La guerra actual ha convertido esta infraestructura en objetivo estratégico. Entre el 7 y 8 de marzo se reportaron ataques directos contra varias instalaciones: un dron iraní dañó una planta en Bahréin, afectando al suministro de 30 aldeas. El 2 de marzo, Irán lanzó un ataque con misiles y drones contra el puerto de Jebel Ali en Dubái (EAU), lo que provocó impactos y explosiones a pocos kilómetros del gran complejo desalinizador de la zona, que suministra gran parte del agua potable de Dubái. Ese mismo día y el siguiente, se reportó un presunto incendio en el complejo de energía y agua Fujairah F1, en la costa este, atribuido a un dron iraní o a la caída de restos de misiles interceptados. Esos mismos días, en Kuwait, la planta desalinizadora de Doha West sufrió "daños menores" por fragmentos de un dron iraní interceptado por las defensas antiaéreas. En ambos casos, las autoridades locales negaron daños graves y aseguraron que "las plantas continuaron operativas", aunque los incidentes generaron gran preocupación entre la población por la gran vulnerabilidad de la infraestructura hídrica.
Las implicaciones van más allá del corto plazo. En el artículo del 18 de marzo "Attacks on desalination plants in the Iran war forecast a dark future", el Atlantic Council reconoce que un corte de semanas obligaría a racionamientos masivos, paralizaría industrias petroquímicas y centros de datos, que consumen más del 50% del agua desalinizada en Qatar y Bahréin, y podría desencadenar migraciones internas masivas. Los gobiernos del Golfo han invertido más de 53.400 millones de dólares en infraestructura desde 2006 e implementado planes de contingencia con almacenamiento, tuberías y defensas, pero la concentración geográfica y su proximidad a Irán las hacen más que insuficientes.
Teherán, hídricamente independiente
La República Islámica de Irán, por su parte, mantiene una independencia notable. Con menos del 2% de dependencia de la desalinización, su suministro se basa en ríos como el Karun, el sistema Tigris-Eufrates y varios acuíferos montañosos. Aunque pueda enfrentar cierto estrés hídrico propio a causa de sequías o sobreexplotación, su diversificación natural lo protege de los riesgos que enfrentan sus enemigos.
El país cuenta con más de 163 plantas desalinizadoras, principalmente concentradas en la costa sur, incluyendo instalaciones en la isla de Qeshm, pero su contribución estatal sigue siendo marginal y se destina sobre todo a zonas costeras áridas o usos industriales. Analistas de CNN y Think Global Health confirman que, a diferencia del Golfo, Irán no colapsaría por un sabotaje a sus plantas costeras.