La ofensiva militar conjunta iniciada el pasado 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán ha provocado una transferencia masiva de rentas hacia el capital energético. Según datos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), el barril de queroseno ha pasado de costar 99,4 dólares en la víspera de los primeros ataques a situarse en 195,19 dólares a finales de marzo, lo que supone un incremento del 96,36% en apenas un mes. Ante la subida vertical del combustible, que representa el 30% de los costes de explotación de las aerolíneas, las empresas del sector han decidido reducir la oferta de plazas y a encarecer los billetes, restringiendo de facto el acceso al transporte para la clase trabajadora.

Ante la volatilidad de los precios, los grandes grupos monopolísticos como International Airlines Group (IAG) —matriz de Iberia y Vueling— o Ryanair se protegen a sí mismas con artimañas financieras que les permiten comprar combustible a precio fijo. Sin embargo, estas medidas siguen siendo insuficientes para frenar el golpe estructural que supone la guerra. La compañía Volotea ya ha confirmado cancelaciones de vuelos tras realizar "ajustes en su programa", mientras que Ryanair advierte de que, si la situación persiste, hasta el 25% de sus suministros estará en riesgo a partir de mayo. El director general de la IATA, Willie Walsh, reconoció este martes que el aumento "considerable" de los costes está derivando en una "subida" de los precios de los pasajes y en una "contención del gasto" por parte de los usuarios.

Sin embargo, los precios no suben solos, los suben los seres humanos. Y tampoco son un fenómeno aislado, sino que aterrizan en medio de una crisis profunda del poder adquisitivo que ya venía de antes. Según un estudio de AECOC Shopperview citado por la Cadena SER, el 77% de los consumidores del Estado español pasará las fiestas de Semana Santa en su hogar, un aumento del 4% respecto al año anterior. La responsable de estudios de la entidad, Marta Munné, explica que la subida generalizada de precios obliga a las familias a destinar sus ingresos a cubrir el aumento del coste de la energía, de los tipos de interés y de los alquileres. Según la analista, se produce una "priorización del gasto", ya que el presupuesto disponible debe absorber el encarecimiento de los bienes básicos de subsistencia frente al transporte o el ocio.

1 de cada 3 hogares "se tendrá que ajustar el cinturón"

Los datos de la encuesta de AECOC revelan que uno de cada tres hogares tendrá que "ajustarse el cinturón" este año, el doble que en 2025. La contención de gasto no responde únicamente al empeoramiento actual de las finanzas domésticas, sino también a una "preferencia hacia el ahorro ante posibles contingencias" derivadas del sombrío panorama geopolítico. En este contexto de incertidumbre y de precios acumulados al alza durante los últimos años, el 20% de las personas que prevén gastar más durante las vacaciones admiten que no se debe a la realización de más actividades, sino simplemente a que los planes ahora son "más caros".

Finalmente, el impacto de la guerra imperialista se refleja en la parálisis de los flujos internacionales. La capacidad mundial de plazas aéreas, que crecía un 3,9% en febrero, ha frenado su avance hasta el 3,3% en marzo, con una previsión de caída hasta el 2,7% para abril, según la IATA. Este repliegue de la oferta de vuelos afecta especialmente a las rutas entre Europa, Asia y África, consolidando un escenario donde solo un 4% de los residentes en el Estado español planea viajar al extranjero, optando la inmensa mayoría por el turismo estatal de proximidad o la permanencia en sus puestos de residencia habitual.