El regreso del diputado Raphaël Arnault a la actividad parlamentaria y mediática ha evidenciado las contradicciones entre la dirección de La Francia Insumisa (LFI) y los sectores más combativos del antifascismo francés. Tras seis semanas de silencio ante la muerte del militante fascista Quentin Deranque en Lyon, el diputado concedió el pasado 1 de abril una entrevista al medio Blast. En sus declaraciones, el ex-portavoz de la ahoradisuelta organización Jeune Garde Antifasciste evitó referirse como "camaradas" a los siete antifascistas imputados que escoltaban el acto de la eurodiputada LFI Rima Hassan que sufrió un intento de ataque por parte de un grupo de asalto de neonazis. Arnault optó por el término administrativo de "asalariados" para referirse a sus excompañeros

Este giro discursivo ha generado una respuesta abierta e inmediata por parte del movimiento antifascista y un sector de la base militante de LFI. Cem Yoldas, militante antifascista y candidato local de LFI en Estrasburgo, ha denunciado a través de sus redes sociales que Arnault "pone distancia", culminando lo que señala como "una transformación de portavoz militante a diputado". Las palabras de Yoldas recuerdan que este giro terminológico adoptado por quien fue la cara más visible de Jeune Garde Antifasciste coincide plenamente con la estrategia empleada por los políticos profesionales de LFI en los platós de televisión: desvincularse de los sucesos de Lyon para no perder votos. En aquel día en Lyon, los escoltas antifascistas que protegían un acto propalestino de de la eurodiputada insumisa Hassan repelieron un ataque de Quentin Deranque y otros neonazis. Al parecer, algunos sectores del LFI esperaban otra respuesta por parte de Arnault, pero no ha sido así.

"Follón tremendo"

La dirección de LFI, encabezada por Jean-Luc Mélenchon, Mathilde Panot y Manuel Bompard, ha cerrado filas para evitar la exclusión de Arnault de sus listas, pero a costa de marcar una separación clara con la antigua estructura de la Jeune Garde Antifasciste y los sectores más combativos del antifascismo militante, que han servido tradicionalmente como seguridad de varios cargos de LFI. Fuentes del partido citadas por Le Monde admiten que la situación generó un fuerte malestar interno, calificando los hechos de "follón tremendo". Para mitigar el impacto de puertas para fuera, los portavoces oficiales han insistido públicamente en que "LFI no tiene ninguna responsabilidad judicial, moral ni política", reduciendo el vínculo con los detenidos a una "relación puramente laboral". Sin embargo, el descontento interno es visible en algunos sectores.

Dentro del cuerpo de la entrevista, Arnault dijo defender "la vigencia de la autodefensa" frente a la extrema derecha, pero priorizó la continuidad de su mandato institucional frente a la solidaridad con sus excompañeros encausados, que han sido demonizados como "asesinos" aunque la versión de los fascistas haya sido desmontada por fascículos en la prensa independiente francesa, mientras los medios de masas convertían en mártir al neonazi a Deranque. Esta postura es vista por sectores como el representado por Yoldas como una capitulación ante la "casta político-mediática", y de hecho, el militante insumiso crítico con la línea oficial advierte que existe una urgencia en defender a quienes responden a los ataques de la extrema derecha en un contexto donde el antifascismo y la autodefensa están siendo criminalizados por el aparato estatal.

La controversia está servida entre la militancia antifascista callejera y los políticos profesionales socialdemócratas. Mientras LFI respira tras el retorno de Arnault por haber evitado su dimisión, una parte de la base percibe este cambio de lenguaje como una "traición" que abandona a los militantes de base.