Cómo el ejército estadounidense se llenó de nazis y supremacistas blancos tras el 11-S
Matt Kennard describe en su libro 'Irregular Army' la incorporación masiva de fascistas durante las guerras de Irak.
El periodista Matt Kennard, periodista y escritor británico especializado en investigación, quien ha trabajado en medios como Financial Times o The Guardian, constata en la reedición de su libro Irregular Army que el ejército estadounidense se nutrió de nazis, supremacistas blancos y miembros de bandas fascistas tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. En la entrevista publicada por Grand Continent, Kennard sitúa el inicio de este proceso en los meses posteriores al ataque, cuando Estados Unidos inició dos guerras prolongadas, en Irak y Afganistán, que superaron con creces las previsiones iniciales de duración.
Los planificadores militares sabían que no contaban con suficientes tropas para ocupaciones a largo plazo y reintroducir el servicio militar obligatorio se descartó por el recuerdo del movimiento pacifista generado durante la guerra de Vietnam. En su lugar, las autoridades norteamericanas "bajaron los estándares de reclutamiento": normas que filtraban explícitamente a nazis y supremacistas blancos se flexibilizaron, eludieron o ignoraron directamente. Ejemplos mencionados incluyen tatuajes con esvásticas, runas nórdicas vinculadas a la ideología nazi o símbolos asociados a las cruzadas, que antes estaban "prohibidos". Veteranos supremacistas blancos citados por Kennard indicaron que nadie les preguntó sobre esos tatuajes durante el proceso de alistamiento.
Esta relajación no afectó solo a la extrema derecha. También benefició a exmiembros de bandas y a personas con antecedentes penales a través de programas de exención ampliados. Kennard estima que, entre los aproximadamente dos millones de estadounidenses que sirvieron en Irak y Afganistán, decenas de miles de extremistas, fascistas y miembros de bandas supremacistas fueron absorbidos por el ejército. Algunos supremacistas blancos y nazis, según la investigación, se alistaron con el objetivo de recibir entrenamiento militar, tácticas de combate, disciplina y experiencia en operaciones, para usarlo posteriormente en lo que describen como una "guerra santa racial" dentro de Estados Unidos.
Orígenes del MAGA, antes de Trump
Kennard argumenta que esta "infraestructura humana" ayuda a explicar, en parte, el auge del movimiento MAGA y de milicias paramilitares, aunque señala que el proceso no comenzó con Donald Trump. Las políticas se iniciaron bajo George W. Bush y continuaron en cierta medida durante el mandato de Barack Obama, impulsadas por la "necesidad de personal".
Pete Hegseth, actual secretario de Defensa, es citado como ejemplo visible de esta evolución. Veterano de Irak y Afganistán y ex presentador de Fox News, Hegseth exhibe tatuajes que incluyen la palabra "kafir", término árabe peyorativo para designar al infiel, y símbolos asociados a la imaginería de las cruzadas, como el lema "Deus Vult" (Dios lo quiere). En 2021, durante su servicio en la Guardia Nacional, fue apartado de la ceremonia de investidura de Joe Biden tras la preocupación expresada por un compañero militar respecto a sus tatuajes. Kennard indica que Hegseth ha manifestado su intención de eliminar lo que denomina "ideología woke" y las iniciativas de "diversidad, equidad e inclusión" en las fuerzas armadas.

Formación pública para la guerra racial
La entrevista menciona que, entre los participantes en los disturbios del 6 de enero de 2021 en el Capitolio, los veteranos y militares en activo estuvieron sobrerrepresentados en relación con su peso en la población general (alrededor del 7%). Distintos análisis periodísticos han situado esa proporción entre el 10% y casi el 20% de los acusados, según el momento y el alcance de los datos revisados.
Kennard documenta trayectorias individuales para ilustrar patrones. Entre los casos referidos figuran Steven D. Green, quien recibió una exención moral pese a antecedentes delictivos y participó en una masacre en Irak, y Kenneth Eastridge, un soldado con runas de las SS tatuadas condenado por asesinatos en Estados Unidos tras su regreso; durante su juicio, compañeros admitieron haber disparado contra civiles en Bagdad de forma aleatoria. Otros ejemplos históricos incluyen a Timothy McVeigh, veterano de la primera Guerra del Golfo y autor del atentado de Oklahoma City en 1995, y a Michael Wade Page, supremacista blanco y veterano responsable de una masacre en un templo sij en 2012.
Según Kennard, algunos supremacistas blancos no sienten lealtad hacia el gobierno estadounidense. Para ellos, el servicio militar representa un entrenamiento financiado públicamente para preparar acciones contra el Estado o para desencadenar una guerra civil racial. El autor advierte que los efectos de esta dinámica podrían extenderse durante generaciones y trae a colación el caso de las Guerras Mundiales, donde, entre otros, las unidades paramilitares de Mussolini, que atacaban a militantes de comunistas y dirigentes sindicales, estaban formadas por soldados que regresaban del frente.
"Estados Unidos se está convirtiendo en una estratocracia"
Respecto a la situación actual de EE.UU., Kennard afirma que la CIA ha sufrido un proceso de pérdida de su independencia a manos de Trump, a lo que cabe sumar la ICE. Esta concentración del poder en manos del presidente lleva, según el autor, a un "riesgo real de que Trump intente mantenerse en el poder con el apoyo del ejército". Afirma también que "Estados Unidos se está convirtiendo en una estratocracia" ya que "aproximadamente la mitad del presupuesto federal se destina al ejército, el Pentágono gestiona más de un billón de dólares al año y las empresas armamentísticas, estrechamente vinculadas a Trump, ejercen una influencia considerable sobre los responsables políticos".