Ibrahim Traoré: “Donde las potencias occidentales intentan establecer la democracia, hay matanzas”
El líder de Burkina Faso denuncia que la democracia liberal funciona como una herramienta de injerencia imperialista diseñada para inyectar corrupción y dividir a los pueblos africanos.
El presidente de Burkina Faso, el capitán Ibrahim Traoré, ha instado a la población a "olvidar" el concepto de democracia liberal, calificándolo de "sistema ajeno y destructivo" para la realidad del continente. Durante una entrevista en la televisión estatal, el joven líder militar —que asumió el poder hace tres años— sostuvo que la estructura de partidos políticos genera "división y corrupción", describiendo al político tradicional en África como una figura que "encarna todos los vicios: mentiroso, sicofante y embaucador". Traoré recordó que al imponer el modelo occidental ha supuesto enormes derramamientos de sangre, poniendo como ejemplo el caso de Libia tras la agresión de la OTAN.
En su intervención, Traoré recordó que la caída del coronel Muamar Gadafi en Libia trajo la fragmentación del país en administraciones rivales y señores de la guerra, un estado fallido donde se ha reinstaurado la esclavitud contra las personas migrantes. Anteriormente, reconoce la BBC, la "autocracia" de Gadafi garantizaba a su población "vivienda subsidiada, educación gratuita y atención médica gratuita". Visto "Dondequiera que las potencias occidentales intentan establecer la democracia en el mundo, siempre va acompañada de matanzas", sentenció el capitán de 38 años. Así explica la decisión de su Gobierno de prohibir los partidos políticos el pasado enero como parte de un plan para "reconstruir el Estado" desde una lógica de "soberanía nacional".
El actual Ejecutivo de Uagadugú ha marcado distancias con las antiguas potencias coloniales, especialmente con Francia, y inspirándose en el panafricanismo y proyectando planes de autosuficiencia militar. Traoré subrayó que Burkina Faso no pretende "copiar a nadie", sino establecer "un sistema propio" donde cobrarían importancia "las estructuras de base" y los liderazgos burkineses enraizados en el territorio.
En el plano económico, Traoré hizo un llamamiento a la "intensidad laboral" y a la "independencia económica", argumentando que el país no podrá librarse del chantaje de las naciones más ricas manteniendo jornadas de trabajo reducidas. Todo ello mientras el gobierno mantiene una confrontación militar abierta contra mercenarios salafistas en la región.
El giro estratégico de Burkina Faso, que ahora recibe asistencia militar de Rusia junto a sus vecinos Mali y Níger vía contratistas y asesores, muestra la quiebra del consenso diplomático previo y un rechazo frontal a seguir siendo tutelado por occidente, lo que genera temor a que su modelo pueda ser replicado en otros países africanos ricos en materias primas. Pese a las críticas de organismos internacionales, Traoré mantiene un amplio respaldo popular por su retórica panafricanista y su desafío directo a los intereses de Europa y EEUU en el Sahel.