La Unión Europea se enfrenta a un escenario de alta vulnerabilidad de cara al suministro de gas para el próximo invierno debido a un notable retraso en el llenado de sus reservas estratégicas. Este desfase se produce por la eliminación progresiva del gas de origen ruso y una intensa competencia internacional con los mercados asiáticos por asegurar cargamentos de Gas Natural Licuado (GNL). Aunque el año 2025 ya registró tensiones estructurales tras la finalización en enero del acuerdo de tránsito de gas por gasoducto a través de Ucrania, las consecuencias de la agresión imperialista de EEUU e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero han agravado la situación al retirar del mercado global una quinta parte de la oferta de GNL.

Según los datos oficiales publicados por Gas Infrastructure Europe (GIE), la asociación que agrupa a los operadores de redes de gas del continente, la UE cerró el ejercicio de 2025 con sus depósitos al 62,5% de su capacidad, lo que supuso el nivel más bajo para un cierre de año desde 2021. Sin embargo, la tendencia ha empeorado sensiblemente durante el presente año. El almacenamiento europeo tocó un suelo crítico del 27,7% a principios de abril, arrastrado por las intensas olas de frío de enero que obligaron a realizar extracciones masivas de los depósitos. En lo que va de mayo, el volumen acumulado promedia apenas un 35,4%, una cifra que se sitúa como el mínimo para este mes desde 2021 y queda significativamente por debajo de la media histórica de los últimos quince años, fijada en el 47,3%.

GIE ha explicado que esta parálisis en la recarga "responde a las dinámicas actuales del mercado", donde la curva de futuros presenta una "anomalía técnica" al cotizar los precios de verano por encima de los de invierno, eliminando los incentivos financieros tradicionales para realizar inyecciones tempranas de gas. El Índice de Referencia Europeo (TTF) ha experimentado un encarecimiento del 50% desde el inicio de las hostilidades en Oriente Medio, situándose en el entorno de los 47 euros por megavatio hora (MWh). Los mercados de futuros indican que este precio elevado se mantendrá estable hasta el mes de agosto, superando los 45,7 euros por MWh con los que cotizan los contratos para diciembre de 2026.

¿Y si Ormuz se abriera hoy?

Ante esta coyuntura, un informe reciente elaborado por el Ministerio de Economía del Gobierno español, en colaboración con el departamento de estudios de Repsol, advierte de que el precio del gas europeo y del GNL en el mercado físico podría escalar de forma puntual hasta los 25 dólares por MMBtu (aproximadamente 85 euros por MWh) en los próximos meses debido a la competencia directa entre regiones por los volúmenes de gas que no han sido contratados previamente. El análisis institucional subraya que, incluso en el escenario improbable de que la interrupción del tránsito por el estrecho de Ormuz finalice por completo durante este mes de mayo, la capacidad europea para reponer sus inventarios seguirá muy limitada. El documento estima que el cierre, de por lo menos tres meses, en dicho paso marítimo sustrae cerca de 24 millones de toneladas de suministro procedentes de Catar y los Emiratos Árabes Unidos, lo que restringiría el llenado máximo de los almacenes europeos a una horquilla de entre el 70% y el 75%, situándose por debajo del objetivo vinculante del 80% que la Comisión Europea flexibilizó recientemente para "mitigar" la crisis.

A las complicaciones técnicas y logísticas se suman las restricciones de la propia UE por el veto al combustible ruso. El pasado 25 de abril entró en vigor la prohibición de importar GNL procedente de Rusia mediante contratos a corto plazo, una medida que se ampliará el próximo 17 de junio para vetar el gas que todavía ingresa por el gasoducto turco bajo la misma modalidad contractual. Las proyecciones normativas prevén un veto absoluto y definitivo a partir de los primeros meses de 2027 para el GNL y desde el otoño de ese mismo año para el gas convencional.

El informe del Ministerio de Economía recalca que la pérdida de las exportaciones de Oriente Medio no puede ser compensada a corto plazo por otros productores globales, dado que EEUU opera actualmente "a plena capacidad" y sus nuevas instalaciones proyectadas para 2026 "son insuficientes para cubrir el déficit del 20% en el mercado mundial". Según el informe, esta situación obligará a "un ajuste" mediante la destrucción de la demanda, un proceso que ya ha comenzado en Asia con el incremento del uso del carbón para la generación eléctrica. La UE, debido a sus directrices medioambientales, cuenta con menos margen para recurrir al carbón, manteniendo una demanda de gas mucho más inelástica.

La 'Excepción Ibérica'

Dentro de este panorama crítico, los países de la llamada "Excepción Ibérica" consiguen desmarcarse debido a su configuración de "isla energética". Los registros de Gas Infrastructure Europe correspondientes al 25 de mayo sitúan las reservas españolas en el 69% de su capacidad, superando con holgura la situación de Alemania, cuyos depósitos se encuentran al 29,8%. No obstante, las conclusiones del informe advierten de que, a causa de este mismo aislamiento físico, una hipotética reserva al 100% en los depósitos de la península ibérica no tendría la capacidad técnica necesaria para resolver una crisis severa de desabastecimiento en el centro de Europa.