Corrientes del Partido Republicano proponen eliminar el voto femenino
Sectores de la extrema derecha y fundamentalistas cristianos sugieren “un voto por familia y que decida el marido”, amparados por aliados de Trump como Hegseth o personajes públicos como Erika Kirk.
Diversas facciones del ala más radical del movimiento ultraconservador y el extremismo de corte cristiano han comenzado a proponer de manera abierta la supresión del sufragio femenino en Estados Unidos. Esta corriente, que defiende la sustitución del voto individual por un sistema de “voto por unidad familiar” en el que la decisión final recaiga exclusivamente en el marido, ha dejado de ser un discurso confinado a los márgenes de internet para ganar visibilidad en influyentes espacios de debate y plataformas de comunicación de masas. Aunque sus defensores no lo mencionen directamente, una de las razones por las que defienden esta medida es que el voto femenino es de media más ‘progresista’ que el masculino, por lo que estos sectores pretenden suprimirlo.
La controversia cobró una dimensión pública notable a raíz de una entrevista difundida en redes sociales, donde el podcaster Jack Neel cuestionó al comentarista de extrema derecha Nick Fuentes sobre qué derechos restaría a las mujeres en el marco de su agenda ideológica, a lo que Fuentes respondió de forma categórica que les retiraría el derecho al voto. Este fragmento audiovisual ha acumulado decenas de millones de reproducciones en diversas plataformas digitales. Paralelamente, durante un encuentro de activistas de extrema derecha organizado en el estado de Texas por Erika Kirk, viuda del asesinado fascista Charlie Kirk, varias asistentes declararon ante los micrófonos de la corporación pública canadiense CBC su “plena disposición a renunciar a su derecho al sufragio bajo premisas de fe y doctrina bíblica”, priorizando la prohibición absoluta del aborto sobre sus derechos políticos individuales.
El sustento ideológico de esta propuesta encuentra uno de sus principales pilares en el estado de Idaho, desde donde el pastor evangélico Douglas Wilson, cofundador de la Comunión de Iglesias Evangélicas Reformadas, promueve activamente una visión teocrática de la sociedad norteamericana. Wilson lidera una red que abarca centros educativos, una universidad de artes liberales y medios audiovisuales con la que difunde la subordinación de la mujer en el ámbito público. La influencia de estas ideas ha alcanzado las altas esferas gubernamentales en Washington D.C., reflejándose en figuras como el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien profesa esta corriente de fe y facilitó que el propio Wilson presidiera un servicio religioso en el Pentágono el pasado febrero.
Asimismo, estrategas políticos vinculados al entorno del presidente Donald Trump, tales como John McEntee, asesor principal de la plataforma de reformas estatales conocida como “Proyecto 2025”, y Paul Ingrassia, responsable de la Oficina del Asesor Especial, han manifestado sintonía con discursos similares al sugerir que las decisiones electorales “deberían recaer únicamente en personas que consideren plenamente capacitadas” bajo sus estándares tradicionales, es decir, hombres blancos.
A nivel cultural y legislativo, portavoces como el pastor ultraconservador Dale Partridge difunden desde sus redes que la Decimonovena Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que garantizó formalmente el voto femenino en el año 1920, desaparecerá en el transcurso de la próxima década bajo el argumento de que la política estadounidense padece una “nociva feminización”.