La doble vara de medir imperialista
Recuerdo que en 2022, con el recrudecimiento de la guerra en Ucrania, la Orquesta Filarmónica de Cardiff –y tras ella algunas otras– prohibió la interpretación de las piezas compuestas por Chaikovski, considerándolas prorrusas. Mientras tanto, año tras año el estado genocida de Israel participa en el concurso de Eurovisión. Lo mismo con los eventos deportivos; las selecciones rusas y sus deportistas fueron fulminantemente expulsadas de casi la totalidad de competiciones deportivas. Mientras, Israel participa con una normalidad sólo interrumpida por la protesta popular de miles de personas. Medios de comunicación como RT o Sputnik fueron prohibidos y periodistas como Pablo Gonzalez detenidos por considerarlos prorrusos. Mientras, lobbistas a sueldo de los sionistas recorren corporaciones y parlamentos por todo el mundo influyendo sobremanera en las decisiones políticas y los discursos mediáticos. También detuvieron en Reino Unido a militantes de Palestine Action utilizando leyes antiterroristas o a otros cinco militantes alemanes acusándolos de organización criminal por una acción en solidaridad con Palestina. Sin embargo, para el caso del Ministro de Seguridad israelí, responsable directo de, al menos, 80.000 asesinatos y promotor de la pena de muerte por horca a presos palestinos, en su caso parece que no había suficiente consenso en la Unión Europea para tan siquiera sancionarlo. Y aunque la Unión Europea ya va camino de aprobar el paquete de sanciones número 21 contra Rusia, ni un solo diplomático israelí ha sido expulsado de un país europeo, y mucho menos se han tomado medidas sancionadoras contra él. Podría seguir todo el texto dando ejemplos, pero resulta ya obvio lo que quiero decir: la doble vara de medir imperialista se aplica ya sin ambages.
Ahora añadimos una muesca más a esta doble vara de medir, con la detención de dos miembros de Samidoun e Iranekin Bat en Bilbo y Getxo, acusados de “vínculos con Hezbollah”. La Audiencia Nacional ordenó su detención tomando como único indicio la creación de un canal de Telegram en el que se compartía información sobre el genocidio contra el pueblo palestino, la guerra contra Irán y los distintos grupos de la Resistencia. El operativo se encuentra ahora bajo secreto de sumario y ha llevado acabo varios registros domiciliarios. Tras su puesta en libertad, no podemos más que exigir la total absolución de los dos militantes y señalar la absoluta hipocresía del Partido Socialista; mientras escenifica una supuesta política externa más outsider en el panorama europeo, detiene e investiga a los movimientos propalestinos. Así, queda claro que la posición crítica de Sánchez no es más que un maquillaje electoralista que no se desarrolla en ninguna dirección efectiva –ni ruptura de relaciones con Israel, ni salida del bloque atlantista genocida– si no es la de seguir la estela de la represión contra las protestas propalestinas marcada por Alemania o Reino Unido.
Esto se debe a varias razones: en primer lugar, al hecho de que la política externa de los países europeos no es una cuestión que esté a debate. Por el momento, no existe una política exterior alternativa a la absoluta subordinación al bloque atlantista liderado por la oligarquía estadounidense, incluso cuando ésta resulta cada vez más insostenible y contraproducente para la clase trabajadora europea. El camino está ya trazado y pasa por saquear los ahorros de las clases medias europeas y financiar una política de rearme contra un virtual enemigo común. Todos los conflictos se leen a la luz de este esquema imperialista entre buenos y malos. La conclusión es evidente, no existe una norma universal, sino intereses legítimos e ilegítimos: unos asesinan, colonizan o manipulan procesos electorales legítimamente y otros no.
En segundo lugar, para contrarrestar la ausencia de normas universales en el juego internacional, las potencias occidentales se dotan de unos preceptos liberales aparentemente humanistas: la preservación de la democracia, la libertad, la soberanía, la igualdad… Todos estos conceptos, sin embargo, son unidireccionales, acompañan siempre las agresiones imperialistas occidentales y condenan siempre, cualquier resistencia frente a ellas. La legalidad internacional, en su magnífica igualdad, prohíbe a la mayor potencia militar global atacar otro país, de la misma manera que prohíbe todas las formas de resistencia que los pueblos agredidos puedan emprender. Ante tal magnífica abstracción igualitarista, la realidad se abre paso: ninguna medida contra los EEUU que lanzan un “ataque preventivo” ilegal contra Irán y persecución, criminalización y represión contra las organizaciones que defienden el legítimo derecho a la resistencia. Más importante aún, mientras algunos se han dedicado a gestos vacuos de solidaridad con Palestina, el único agente que ha contribuido de manera efectiva a limitar los planes de Israel es el eje de la resistencia. Es la resistencia palestina la única que se ha interpuesto entre el sionismo y el exterminio total en Gaza, es Hezbollah quien ha enfrentado la colonización del ejército israelí o Irán quien ha tratado de imponer un alto el fuego en el Líbano como condición del acuerdo. Criminalizar la resistencia o reprimir el apoyo en su favor, por lo tanto, es completamente contraproducente.
Por último, para cerrar filas con el proyecto atlantista, los estados europeos están avanzando, a pasos agigantados, en el retroceso de derechos políticos y civiles. Criminalizar y reprimir cualquier relato que ponga en duda la versión atlantista es una necesidad imperiosa. Más aún si esos relatos ponen en el centro dos cuestiones fundamentales: por un lado, el apoyo a la resistencia y por otro lado, las complicidades occidentales con el estado sionista. La represión contra personas y movimientos que trabajan en esta dirección no sólo debilita la necesaria respuesta solidaria e internacionalista contra los ataques imperialistas, sino que, además, está siendo punta de lanza en el ataque a nuestros derechos civiles y políticos aquí y ahora. Qué precedentes más peligrosos fijaríamos si nos quedáramos quietos ante la prohibición de manifestaciones, confiscación de banderas palestinas o kufiyas, detención de militantes, cierre de medios de comunicación… Nuestros derechos civiles y políticos están en juego. La posibilidad misma de conocer los planes imperialistas y oponernos a ellos como clase está en juego. Este sábado saldremos a las calles de Bilbo para dejar claro a la Ertzaintza y a la Consejería de Seguridad que no lo tendrán tan fácil.