Ceuta, el negocio político de la inmigración
Lo primero que quiero dejar claro es que lo que se está viviendo en Ceuta y Melilla es una situación de crisis humanitaria. No puede calificarse de otra manera el hecho de que hayan “muerto” más de 50 personas, según los datos de los que disponemos ahora, y que miles de personas se encuentren absolutamente desamparadas, sin comida, sin hogar y violentadas por la policía y por grupos fascistas. En segundo lugar, los comunistas debemos analizar este y otros fenómenos partiendo de una perspectiva global; todas las lecturas que parten de marcos nacionales son falaces y potencialmente reaccionarias. Para los comunistas no se trata de un problema “externo” sino de un problema que atañe a toda la clase trabajadora. No existe un “afuera” de la humanidad, ésta sólo existe como comunidad global y bajo la premisa irrenunciable de que el proletariado de todas las naciones tiene la misma importancia.
En este punto, debemos preguntarnos qué causas estructurales producen la inmigración y qué mecanismos se utilizan para presentarla en sí misma como un problema. Desde una perspectiva nacionalista e imperialista, la inmigración supone un problema irresoluble asociado a dos factores: por un lado, pondría en riesgo el bienestar económico de un país, tensionando sus recursos limitados y, por otro lado, traería consigo el aumento del conflicto social, debido al supuesto carácter intrínsecamente negativo de otras culturas y nacionalidades. Esta perspectiva, sin embargo, esconde las causas estructurales de la inmigración: la división internacional del trabajo, basada en el saqueo imperialista de las burguesías occidentales. Su consecuencia más directa es que tres cuartas partes del proletariado internacional vive en condiciones de pobreza, en regímenes políticos autoritarios intervenidos por potencias extranjeras donde son reprimidos y sus derechos políticos están anulados. Esas son las causas por las cuales miles de personas se ven obligadas a abandonar su hogar.
Sin embargo, los movimientos migratorios se nos presentan como un problema de “soberanía y estabilidad nacional”, no por ninguna esencia cultural, ni tampoco por la absurda idea de que los Estados europeos, envejecidos y con tasas de natalidad muy bajas, tienen un cupo poblacional y unos recursos escasos. La inmigración se convierte en un problema “social” sólo en la medida en que es gestionada bajo los preceptos de la lucha de clases y las políticas imperialistas. Es decir, es la criminal política migratoria europea la que militariza las fronteras externas e impone un estado de excepción permanente para el proletariado migrante dentro de ellas. Fruto de esa política racista y clasista, las personas que se ven obligadas a emigrar son violentadas a niveles indecibles, deshumanizadas y en algunos casos, embrutecidas. Además, es la política de clase imperialista la que impone un reparto de los recursos desigual e injusto. La burguesía occidental saquea, explota y esclaviza a las poblaciones del sur global y, mientras tanto, desmantela los “Estados de Bienestar” en Europa. No hay recursos que se deban limitar a una “comunidad nacional”, sino una clase oligárquica imperialista que quiere seguir enriqueciéndose a costa de la clase trabajadora internacional, y que compra la obediencia del proletariado autóctono (al que también está saqueando a calzón quitado) con la amenaza de vivir en la miseria a la que condenan a sus compañeros proletarios en la periferia.
Pero, debemos sumar una dimensión más: además de convertir la inmigración en un problema social, las burguesías imperialistas y demás sanguijuelas fascistas utilizan la inmigración como un instrumento político. En el caso que nos ocupa, es evidente que Marruecos (con el apoyo de Estados Unidos e Israel, grandes amigos de Mohamed VI) ha utilizado como arma política la vida de miles de personas a las que su propio gobierno ha llevado a la más absoluta desesperación. Como ya ha señalado mucha gente, es evidente que detrás de esta operación está el interés de Marruecos por marcar al Gobierno español y su acercamiento a Argelia; así como el interés de Estados Unidos e Israel por marcar al Gobierno de Sánchez. Así de mal están las cosas… El ejecutivo de Sánchez no ha tomado ni una sola medida que lo aleje de la dirección impuesta por la OTAN y, sin embargo, un par de declaraciones verbales en tono humanista (que responden más a intereses electorales del PSOE que a ninguna declaración de intenciones real) son suficientes para que los yankis le aprieten las tuercas.
Cabría hacer una reflexión más sobre la instrumentalización política de la vida de las personas, y es que las élites europeas están ahora probando de su propia medicina. Llevan décadas implementando una política migratoria basada en la externalización del control de las fronteras. Es decir, especialmente los últimos años, se han dedicado a cerrar pactos con países africanos y asiáticos para que sean éstos quienes “controlaran los flujos migratorios” antes de que llegaran a las puertas del “jardín europeo”. O dicho de otra forma, han dado recursos a las élites corruptas de otros países para que sean éstas quienes, lejos del ojo mediático europeo, apaleen a su propia población. Lo que vimos ayer en Ceuta no suele suceder porque detrás del alambre de espino y las concertinas hay un estado armado hasta los dientes contra su población. La consecuencia de todo esto es que esos mismos estados ganan capacidad de negociación y chantaje frente a Europa. Ese es el caso, especialmente de Turquía y también de Marruecos o Bielorrusia.
Y como no, en la instrumentalización de la migración no podían faltar los partidos de extrema derecha y el fascismo. A nivel europeo, la extrema derecha en el gobierno de Finlandia ha pedido suspender el espacio Schengen e Italia parece haberlo implementado. Aunque el alcance real de lo sucedido está por ver (los datos del ministerio del Interior apuntan a que el 96% de las personas han sido “devueltas en caliente”), el escándalo internacional sirve a los partidos de ultraderecha para exigir más restricciones en la política migratoria europea. A nivel Estatal, por un lado, los partidos de derecha españoles hacen lo propio, utilizar la situación contra el gobierno de Sánchez y en favor de sus políticas racistas. Por otro lado, las organizaciones fascistas están aprovechando el momento para organizar cacerías contra las personas inmigrantes. Han convocado numerosas concentraciones y están interviniendo en pogromos racistas que se presentan como espontáneos. Los próximos días es previsible que la violencia escuadrista contra las personas racializadas aumente, organizada por grupos fascistas y con la cobertura de la policía y los medios de comunicación (Veamos si le dan el mismo tratamiento mediático que le dieron a los enfrentamientos con fascistas españolistas tras la Copa del Mundial de fútbol en Euskal Herria). Todos estos salvapatrias de gimnasio que dicen defender a España frente a una invasión marroquí, son realmente energúmenos que sirven a los intereses de Estados Unidos, y su acción heroica será pegar a mujeres, niños y adolescentes indefensos. No hay honor en agredir al débil para complacer al amo.
Y, por último, debemos hablar del papel del PSOE. Pedro Sánchez ha viajado a Ceuta y en sus declaraciones ha empleado el marco chovinista: ésto se trataría de un ataque a la integridad territorial de España. Aun así, ha evitado señalar a Marruecos y ha responsabilizado a “las mafias”. Es evidente que Sánchez está evitando a toda costa subir la tensión con Marruecos (y por ende, con Estados Unidos). Algo similar sucedió con el caso de espionaje destapado en 2022, en el que se reveló que el Gobierno de Marruecos había estado utilizando el sistema Pegasus para intervenir los teléfonos de Sánchez o Marlaska, entre otros. Tras la revelación, el Gobierno no hizo nada. Las aparentes tensiones entre los actores no deberían llevarnos a equívoco: el PSOE puede estar electoralmente enfrentado a algunos partidos, puede estar encarando momentáneamente algunos intereses de Marruecos, y puede incluso estar sufriendo la tensión con el bloque atlantista producida por algunas decisiones de marketing electoral. Pero nada de eso convierte al PSOE en un partido de izquierdas, ni en un partido opuesto a la OTAN y a su política migratoria. El PSOE es parte de la reacción, y no tiene ningún problema a la hora de llevar a cabo las reformas autoritarias. Cabe recordar que el actual Pacto Migratorio Europeo, el más restrictivo y reaccionario hasta la fecha, fue aprobado por el PSOE.
Nos esperan unas semanas de mucha incertidumbre. El miedo es una herramienta política de primer nivel y la van a utilizar contra todos nosotros. Yo tengo miedo, pero de aquello que la clase trabajadora debemos temer: de los pogromos racistas, de los avances sociales y políticos del fascismo, de la militarización de las calles, de las reducciones en derechos políticos y económicos, de los retrocesos éticos… Los comunistas no podemos dar un paso atrás en la lucha contra el fascismo.