Un periodista de ‘The Guardian’ admite haber inventado una entrevista que desató una crisis diplomática contra Irán
Reconoce, 16 años después, que la exclusiva de 2010 sobre una presunta lapidación a una mujer “nunca se produjo”; se la inventó por completo.
El diario británico The Guardian publicó el 7 de agosto de 2010 una exclusiva mundial bajo el titular “Iranian facing stoning speaks: '‘It's because I'm a woman’” (“La iraní que se enfrenta a la lapidación habla: ‘Es porque soy mujer’”). El artículo, firmado por Saeed Kamali Dehghan, afirmaba que Sakineh Mohammadi Ashtiani, condenada en Irán por “adulterio y complicidad en el asesinato de su marido”, había concedido una entrevista desde la prisión a través de un intermediario. En ella, según el reportaje, la mujer denunciaba que Teherán había lanzado “acusaciones falsas” contra ella para poder ejecutarla en secreto y que su caso respondía a una lógica misógina.
La publicación se convirtió así en el detonante de toda una campaña internacional contra Irán: políticos occidentales exigieron su liberación inmediata, más de ochenta personalidades —entre artistas, intelectuales y antiguos jefes de Estado— firmaron una carta abierta dirigida al líder supremo iraní y al entonces presidente Mahmud Ahmadineyad, y decenas de organismos de derechos humanos amplificaron el relato. La historia llegó a los principales medios de todo el mundo y se utilizó como símbolo de la “barbarie del régimen iraní”. Sin embargo, aquella entrevista nunca existió. El 24 de abril de 2025, el propio Kamali Dehghan, que trabajó como corresponsal de The Guardian durante años, publicó una confesión en sus redes sociales que ha tardado más de un año en viralizarse y que aún así ha sido recogida solo por medios como Anadolu Agency y Middle East News, no en la prensa occidental. “Esta noticia se presentó como una entrevista exclusiva con Sakineh Ashtiani. Esa entrevista nunca tuvo lugar. La inventé por completo. Fue una noticia totalmente falsa y asumo toda la responsabilidad”, confesó el periodista. “Pido perdón a los lectores, a The Guardian y, sobre todo, a Dios. Hago esta confesión por mi propia voluntad porque no puedo permanecer en silencio mientras se siguen publicando noticias tan engañosas y falsas sobre Irán”, añadió.
El periódico británico, silenciosamente, ha retirado el artículo de su página web tras 16 años en línea, pero no ha emitido una explicación pública sobre cómo pudo publicarse una invención de tal calibre sin verificación alguna.


La confesión de Kamali Dehghan expone un mecanismo de propaganda que trasciende el caso concreto. Sakineh Mohammadi Ashtiani, nacida en 1967, fue condenada en 2010 por “adulterio y participación en el asesinato de su marido”, pero la sentencia inicial de muerte por lapidación fue conmutada en apelación por diez años de prisión y quedó en libertad en 2014.
Su caso, real, fue distorsionado para convertirlo en un instrumento de presión internacional sobre Irán. La pieza clave de esa campaña ha resultado ser una fabricación, un relato amplificado sin cuestionamiento por The Guardian, altos cargos políticos, ONGs y otros medios que tenían interés en presentar a Irán como “un Estado bárbaro”. La desinformación, en este caso, fue el combustible de una operación de propaganda internacional que tergiversó el caso de una mujer para justificar sanciones y presión internacional contra Teherán. Sin embargo, la reacción a la confesión ha pasado bastante desapercibida en Occidente. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova, ha denunciado que “la propaganda occidental a menudo se basa en falsificaciones descaradas” y ha recordado que el artículo se publicó en el momento de máxima presión contra Irán. En redes sociales, numerosos usuarios han señalado que The Guardian mantiene otras historias sobre Irán que nunca han sido verificadas de forma independiente. Además, ninguna de las organizaciones que en 2010 exigieron la liberación de Ashtiani —Amnistía Internacional, Human Rights Watch, los gobiernos europeos— reconocieron públicamente que una de las pruebas centrales de su campaña era falsa.
La confesión de Kamali Dehghan, que llega después de que el periodista haya abandonado el diario, plantea una pregunta incómoda: si una de las historias más difundidas de la década sobre Irán era una invención, ¿cuántas otras piezas del relato mediático sobre el país se construyeron de la misma forma?
Sin ir más lejos, el pasado 20 de agosto, el mismo diario publicó una carta abierta dirigida a los presos políticos iraníes, titulada “Between two blades of a scissors”, que presentaba a los activistas encarcelados como “víctimas atrapadas entre dos fuerzas”: la represión interna de Teherán y los bombardeos de Estados Unidos e Israel. La carta, firmada por decenas de intelectuales —entre ellos Angela Davis, Rashid Khalidi y Judith Butler—, incluía el nombre del preso político estadounidense Mumia Abu-Jamal, encarcelado desde hace más de cuatro décadas. Sin embargo, la credibilidad del documento se desmoronó en cuestión de días al conocerse que Abu-Jamal nunca había dado su consentimiento para aparecer como firmante. El historiador indio Vijay Prashad, director del Instituto Tricontinental de Investigación Social, publicó un mensaje manuscrito que Abu-Jamal había escrito en dos platos de papel desde la prisión, en el que expresaba una posición radicalmente distinta a la que se le atribuía: “Irán está mostrando al mundo (especialmente al Tercer Mundo) cómo luchar contra el Imperio. Sus drones están reescribiendo las reglas de la guerra”, escribía, antes de comparar la resistencia iraní con la de Vietnam. La equidistancia de la carta contrastaba frontalmente con la defensa que Abu-Jamal hacía de la resistencia de Irán frente a la agresión imperialista. El escándalo se agravó cuando varios firmantes retiraron su apoyo: el historiador Robin D.G. Kelley calificó las circunstancias en que se recogieron las firmas como “sombrías” y admitió que el texto publicado no era el que le habían mostrado originalmente. Prashad acusó al diario de haber permitido que una “operación de inteligencia mal ejecutada” burlara sus estándares periodísticos. El caso de la carta con el nombre de Abu-Jamal, sumado a la confesión de Kamali Dehghan, muesta que The Guardian, en la cobertura sobre Irán, prioriza el impacto propagandístico sobre la verificación de los hechos.