‘The Guardian’ publica una carta contra Irán con el nombre de Mumia Abu-Jamal sin su consentimiento
El preso político estadounidense escribió en dos platos de papel un mensaje que defiende la resistencia iraní frente al “Imperio”. Varios firmantes retiraron su apoyo.
El diario británico The Guardian publicó el pasado 20 de agosto una carta abierta dirigida a los presos políticos de Irán que ha desatado una agria polémica en la izquierda internacional. El texto, titulado “Between two blades of a scissors” (Entre dos hojas de una tijera), presentaba a los activistas encarcelados en Irán como “víctimas atrapadas entre dos fuerzas”: la represión interna de Teherán y los bombardeos de Estados Unidos e Israel. La carta, firmada por decenas de intelectuales y activistas —entre ellos Angela Davis, Rashid Khalidi, Judith Butler y, presuntamente, el propio Mumia Abu‑Jamal—, fue presentada como un “llamamiento a la solidaridad”. Sin embargo, la credibilidad del documento se desmoronó en cuestión de días tras conocerse que el nombre del preso político más famoso de Estados Unidos había sido incluido sin su consentimiento.
El historiador indio Vijay Prashad, director del Instituto Tricontinental de Investigación Social, denunció la falsa atribución. Prashad publicó un mensaje manuscrito que Abu‑Jamal había escrito en dos platos de papel desde la prisión, en el que expresaba una posición radicalmente distinta a la que se le atribuía en la carta. El texto, fechado recientemente, decía:
“Mis jóvenes amigos, Irán está mostrando al mundo (especialmente al Tercer Mundo) cómo luchar contra el Imperio. Sus drones están reescribiendo las reglas de la guerra. Y los países del Sur Global están estudiando esta fase de la guerra para su propio uso. Me recuerdan a Vietnam, un país pobre que derrotó al ejército más poderoso de la tierra… Ahí es donde estamos hoy. Amor… Mumia”.
Esta defensa de Abu‑Jamal de la resistencia iraní frente a la agresión imperialista contrasta frontalmente con el tono equidistante de la carta de The Guardian.
El escándalo se agravó cuando otros firmantes comenzaron a retirar su apoyo públicamente. El historiador Robin D.G. Kelley, uno de los firmantes iniciales, anunció que había retirado su nombre y calificó las circunstancias en las que se recogieron las firmas como “sombrias” (shady). En un vídeo, Kelley explicó que el texto finalmente publicado “no era el que le habían mostrado originalmente” y pidió disculpas por su error: “Lo que apareció impreso no era exactamente lo que había visto inicialmente”. Después de Kelley, otras firmas empezaron a desmoronarse, y las críticas se dirigieron no solo contra el contenido de la carta, sino contra el proceso de recogida de firmas y la falta de verificación del periódico.
Prashad fue más allá y acusó a The Guardian de haber permitido que una “operación de inteligencia mal ejecutada” burlara sus estándares periodísticos, cuestionando la falta de verificación directa de las firmas antes de publicar una declaración política de tal calado. La carta, que presentaba a Irán y a Estados Unidos e Israel en el mismo plano moral, ya había sido criticada por grupos como la Asamblea Internacional de los Pueblos por difuminar la distinción entre el agresor que lanza una guerra y el país que se defiende.
La polémica ha abierto un debate incómodo sobre los estándares editoriales de los grandes medios y la instrumentalización del nombre de un preso político encarcelado desde hace más de cuatro décadas, mientras la izquierda internacional se enfrenta a su propia división en torno a la guerra imperialista contra Irán.