“No podemos equivocarnos de enemigo”
Hay que señalar con firmeza al auténtico enemigo y plantarse contundentemente en defensa de nuestros hermanos de clase migrantes allí dónde sea necesario.
Esta mañana, en una entrevista en la radio, una enfermera de Ceuta decía, escandalizada, que era horrible que los niños de Ceuta tuvieran que estar en casa a las diez de la noche. Hablaba, claro está, de los niños españoles. De los únicos niños que, según su discurso, parecen merecedores de compasión.
Lo decía mientras justificaba la violencia que los fascistas han ejercido contra otros niños y niñas. Mientras obviaba la violencia sexual que están sufriendo las niñas y mujeres que duermen en las calles de Ceuta. Mientras reclamaba mano dura y deportaciones. Mientras defendía que se negara la atención sanitaria a quienes no tuvieran papeles.
No es una contradicción accidental. Es el resultado de una idea que lleva semanas extendiéndose: la deshumanización de los migrantes, presentados como una amenaza, como una masa indistinta que llega desde fuera para alterar las condiciones de vida de quienes ya están aquí. Se habla de ellos como se hablaría de una infección o de un ejército invasor. Se les deja de considerar personas para convertirlos en un problema que hay que contener.
Podemos hablar de los intereses geopolíticos que atraviesan las fronteras, de las responsabilidades de los Estados y de las condiciones materiales que empujan a miles de personas a migrar. Pero nada de esto puede servir como excusa para aceptar que determinadas ideas se conviertan en normales.
Porque estas ideas ya no aparecen únicamente en los mítines de grupos fascistas. Llevamos semanas escuchándolas en el trabajo, en el gimnasio, en el bar, en el grupo de WhatsApp o en la comida familiar. Las escuchamos en boca de personas que quizá nunca se considerarían fascistas, pero que repiten cada vez con mayor naturalidad que hay que expulsar, que hay que deportar, que no se debe atender a quien no tiene papeles o que determinadas vidas valen menos que otras. Porque en diez años hemos pasado de la generalización del Welcome Refugees a un viraje acelerado a la reacción, justificando quemar las tiendas de campaña de gente que vive en la calle.
Y frente a esto tenemos una responsabilidad: disputar esas ideas allí donde aparecen. Pelearnos en todos los espacios dónde están presentes y organizarnos en consecuencia.
Los fascistas hablan del supuesto «derecho de autodefensa del pueblo español» para justificar que se quemen las tiendas de campaña de personas migrantes. Hablan de seguridad para justificar la violencia. Hablan de defender a los trabajadores mientras señalan como enemigo a otros trabajadores que se encuentran en una situación todavía más precaria.
Y aquí aparece la verdadera naturaleza de las movilizaciones de este miércoles 2. Quienes llaman a movilizarse este miércoles no son únicamente los ayuntamientos. La FEMP, la Federación Española de Municipios y Provincias, que agrupa a miles de municipios y cuya dirección está controlada por el Partido Popular, ha sido quien ha llamado a estas manifestaciones. Vox y PP, evidentemente, han hecho propias estas movilizaciones, pero a ellas se han sumado organizaciones abiertamente fascistas como Núcleo Nacional o Falange, así como todos los influencers de medio pelo de este espacio político (Dani Steve, Vito Quiles, Macarena Olona …).
Por eso el «en apoyo a los ciudadanos de Ceuta» no es una consigna inocente. Detrás de ella existe una división entre trabajadores. Unos son presentados como merecedores de protección y otros como responsables de todos sus problemas. Unos aparecen como ciudadanos a los que hay que defender y otros como una amenaza de la que hay que defenderse.
Pero defender las condiciones de vida de los trabajadores de Ceuta no puede significar empeorar todavía más las condiciones de vida de miles de personas migrantes que hoy sobreviven hacinadas, sin vivienda y sin acceso a recursos básicos. No puede significar aceptar las cargas policiales contra personas que intentan conseguir alimentos. No puede significar convertir la miseria de unos trabajadores en el argumento para perseguir a otros.
No nos confundamos de enemigo, porque en ello nos jugamos el futuro. Los responsables de que los servicios sanitarios estén colapsados no son los migrantes que han llegado a Ceuta sino quienes han generado un modelo de salud basado en contratos de mierda, ratios de personal por paciente inasumibles, descansos insuficientes y centros sanitarios calléndose a cachos. La responsabilidad de la miseria creciente, de que a mitad de mes (si hay suerte) el sueldo nos haya ya desaparecido, de que haya alimentos que ya no podamos comprar, de que tengamos que elegir entre pasar frío en casa o pagar el pan no es de quienes llegan huyendo de las guerras y la miseria. Es de una burguesía que no ha dejado de ver aumentar sus beneficios mientras nosotras nos sumimos entre la ansiedad constante de las notificaciones del banco, la inmobiliaria y el portal de empleo.
Es contra esa burguesía que debemos dirigir nuestras fuerzas, nuestra rabia y nuestro odio. Es contra ella contra la que debemos organizarnos.
Porque si nos confundimos estamos asumiendo también la división que la burguesía necesita para mantenernos enfrentados. Si aceptamos que unos niños merecen protección y otros pueden dormir en la calle, estamos aceptando que existen vidas de primera y de segunda categoría. Si aceptamos que las muertes de unos en el mar son su propia responsabilidad y que los culpables de nuestra miseria son quienes la sufren más que nosotros no solo estamos siendo crueles sino también estúpidos.
Por eso es terrible también la respuesta del gobierno progresista y su base, como una mera “gestión técnica” o cómo una “defensa nacional” que no deja de naturalizar las fronteras y su régimen sanguinario de arrestos ilegales, torturas, violaciones, deportaciones en caliente y asesinatos.
Las movilizaciones de este miércoles convocadas por la derecha serán espacios en los que miles de personas reclamarán violencia, expulsiones y deportaciones contra quienes no tienen nada. En ellas neonazis conocidos serán recolzados por miles de personas convocadas por los ayuntamientos.
Frente a ellas habrá movilizaciones para buscar parar el racismo que se esta extendiendo como un virus. Será, previsiblemente, un día tenso.
Pero precisamente por eso entendemos que acudir es una responsabilidad política. Estar presentes en la calle ese día combatiendo la impotencia y el miedo que tratan de generar. Combatiendo la idea de que, de repente, todo el mundo se hubiera vuelto reaccionario, dejando claro que hay una voz alternativa al fascismo y a la reacción. Señalando con firmeza al auténtico enemigo y plantándonos de forma contundente en defensa de nuestros hermanos de clase migrantes allí dónde sea necesario.
Comienza un nuevo curso político. Los fascistas han aprovechado el parón veraniego para redoblar su ofensiva. Pues bien, que no se confundan: no encontrarán el camino despejado. Nos encontrarán enfrente, organizados y dispuestos a plantarles cara. Los comunistas estaremos ahí, día a día, levantando una alternativa frente a la reacción. Estaremos en cada barrio, en cada centro de trabajo, en cada instituto, en cada calle donde pretendan convertir a nuestros hermanos de clase en enemigos. Plantando cara a sus ataques, a sus discursos y a sus amenazas. A la par que buscamos recomponer las fuerzas revolucionarias que planten cara a un mundo en el que nuestros niños, los niños del proletariado, se ven obligados a morir en el mar, a vivir en la maldita calle, a sufrir violaciones o a pasar hambre y sed.
El futuro se juega en si la rabia, frustración e impotencia generadas por este mundo se dirigen contra sus causantes, la oligarquía global y el orden que la engendra, o si, por el contrario, son canalizadas contra el pobre, el comunista o el racializado. Ahí es donde nos lo jugamos: en que la clase trabajadora occidental no se equivoque de enemigo.