Hamada Hatam: “Para EEUU, Francia, Marruecos o el PSOE, el Sáhara no ha sido más que un conjunto de intereses económicos”
GEDAR LANGILE KAZETA entrevista a Hamada Hatam, militante del Frente Polisario que lleva más de veinte años viviendo en el Estado español, tratando la situación actual del pueblo saharaui, el plan de autonomía de Marruecos y los intereses económicos ligados a la ocupación.
GEDAR LANGILE KAZETA ha tenido la oportunidad de hablar con Hamada Hatam, militante del Frente Polisario, y que actualmente forma parte de la diáspora saharaui presente en Euskal Herria. Durante la entrevista, han podido conversar sobre la situación actual del pueblo saharaui, el papel del Estado español, el plan de autonomía de Marruecos y los intereses económicos ligados a la ocupación.
Los acuerdos tripartitos de Madrid en 1975 fueron un pacto del último franquismo para dejar su colonia del Sáhara Occidental en manos de Marruecos, negando el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. Más de 50 años después, el espíritu de esa descolonización traicionera pervive en el plan de autonomía de Marruecos que apoyan EEUU, la UE y España. Empecemos por los orígenes, pues: ¿qué supusieron aquellos acuerdos de Madrid?
Aquellos famosos acuerdos traían seis puntos fundamentales. El sexto punto decía que dichos acuerdos serían vinculantes desde el momento en que se publicaran en el BOE, algo que no se hizo nunca. Sin embargo, ello no dispensa al Estado español de su responsabilidad histórica y moral con el pueblo saharaui. De hecho, en el marco de la ONU, España (y sus sucesivos gobiernos) sigue como potencia administradora responsable de iure en el Sáhara Occidental. Por lo tanto, mientras no se culmine un proceso de descolonización en el territorio, esa responsabilidad subsiste.
España entró en 1883 en el territorio saharaui, para expoliar sus abundantes recursos, como el litoral de 1.500 kilómetros rico en bancos de pesca, las enormes reservas del segundo mejor fosfato de la Tierra, así como reservas de oro o petróleo. Todo ello en un territorio cuya población nómada está organizada en tribus.
Al morir Franco, todos sabemos la forma en la que se hizo la Transición: llegó el rey Juan Carlos apoyado por la CIA, y EEUU arropó también a Hassan II, que era su aliado en la zona, e hizo el paripé de aquel acuerdo que estipulaba que el territorio del Sáhara Occidental se repartiría entre Argelia, Mauritania, España y Marruecos. Se querían evitar así los conflictos, pero Argelia se negó, aduciendo que ya existía un pueblo soberano allí. Por ese apoyo a la lucha saharaui fue excluida del acuerdo. Mauritania sí que aceptó. Así, el Frente Polisario, creado dos años antes para luchar contra el ocupante español, continuó su lucha contra los dos nuevos ocupantes: Mauritania y Marruecos.
“Todos sabemos la forma en la que se hizo la Transición: llegó el rey Juan Carlos apoyado por la CIA, y EEUU arropó también a Hassan II [...]. Hizo el paripé de aquel acuerdo que estipulaba que el territorio del Sáhara Occidental se repartiría entre Argelia, Mauritania, España y Marruecos”.
Ante ese escenario neocolonial abierto por los acuerdos de Madrid, el Frente Polisario defiende la propuesta de ejercer el derecho de autodeterminación, construir una república democrática en el Sáhara, nacionalización de las minas de fosfato… Marruecos no ha cesado de intentar eliminar esta posibilidad, empezando con la invasión militar inmediatamente posterior a los acuerdos (la Marcha Verde) y ocupación hasta hoy, con la complicidad de Occidente.
Así es, el Sáhara fue una víctima más de la Guerra Fría. Francia siempre ha sido el interlocutor de Marruecos en Europa, y tanto la UE como EEUU van tras los recursos del Sáhara. De hecho, en los acuerdos de Madrid se estipulaba que España se quedaría con el 30% de las riquezas del Sáhara, algo que nunca se cumplió tras la invasión marroquí.
El Frente Polisario, por su parte, representaba la aspiración de independencia de los saharauis, formando la unidad popular por encima de tendencias de izquierda y derecha o jerarquías tribales. Entre 1975 y 1978 logró que Mauritania se retirara de la guerra y reconociera la causa saharaui, volviéndose parte de la alianza contra el ocupante marroquí. La guerra del Polisario contra Marruecos duró desde 1975 hasta 1991, pasando por diferentes etapas. En ese año llegó el Plan Baker de la ONU, una propuesta de negociación que culminaría en un referéndum de autodeterminación. El Frente Polisario aceptó incluso la pregunta propuesta por Marruecos para saber si el pueblo saharaui deseaba ser marroquí, dando una lección de democracia en las negociaciones al Estado marroquí. Ambas partes firmaron el acuerdo para llevar a cabo la consulta. Sin embargo Marruecos, con apoyo de la CIA, empezó a poner constantes trabas al proceso. Así, el plebiscito de la ONU no se ha culminado, hasta ahora.
Así hemos estado, muriendo como pueblo durante más de treinta años en los campamentos y las ciudades bajo ocupación marroquí. Sin poder acceder a estudios universitarios ni trabajos, en el punto de mira constante de la represión marroquí. Ello se une a las generaciones de jóvenes que fuimos obligados a emigrar a otros países para poder trabajar o estudiar. Pero todo eso no nos ha hecho olvidar nuestra causa, y por tanto volvimos a los campamentos y año tras año más jóvenes nos unimos al Polisario. Ha habido tal represión ante esto, que ha quedado claro que la única vía con Marruecos es la lucha armada. Más aún desde el 13 de noviembre del 2020, cuando Marruecos violó el acuerdo de paz y empezó la guerra silenciosa que se ha cobrado cientos de vidas saharauis (civiles, en más del 80%).
“Todo eso no nos ha hecho olvidar nuestra causa, y por tanto volvimos a los campamentos y año tras año más jóvenes nos unimos al Polisario”
¿Cómo ha sostenido Marruecos semejante invasión, colonización, represión y exterminio en flagrante violación de todo vestigio de derecho internacional?
Ahora mismo, lo que más bloquea una solución, un proceso en el que podamos llegar a un acuerdo en el que se respete el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, es la complicidad de algunos países. Principalmente la UE, como Francia o el gobierno de Sánchez actualmente, pero junto a otros países como EEUU, Inglaterra o Israel. Tampoco se salva el Golfo Arábigo, que al fin y al cabo son una mini-copia de la dictadura marroquí en el territorio árabe, y por tanto obviamente están de acuerdo con su política, da igual en el Magreb o en el Golfo.
“Lo que más bloquea una solución [...] es la complicidad de algunos países”.
Este apoyo se debe a que el control del Sáhara no solo responde a los intereses del Estado marroquí. Las cuotas de pesca en el litoral que cede a la UE son un buen ejemplo de ello. El pulpo, por ejemplo, como hemos denunciado numerosas veces, se vende con la ayuda de la UE. Los barcos traen directamente el pulpo saharaui desde El Aaiún hasta Vigo, y lo etiquetan y empaquetan como “pulpo gallego”. Lo mismo ocurre con las sardinas, que las llevan hasta la ciudad marroquí de Gadir y las etiquetan como “sardinas de Gadir”. De hecho, antes las etiquetaban como “sardinas de Dajla, Marruecos”, siendo Dajla territorio saharaui ocupado. Así que el Frente Polisario y los simpatizantes de la causa saharaui, junto con defensores de derechos humanos, denunciamos y logramos que cambiaran eso, pero gracias a la complicidad de la UE siguen haciendo estas trampas en el etiquetado. También en la agricultura, donde los agricultores andaluces y canarios han sido pisoteados por el acuerdo que tiene el Estado español con Marruecos para adquirir productos del Sáhara Occidental. Son cientos las empresas (detrás de la mayoría de las cuales está el PSOE) que están operando en el territorio ocupado por Marruecos, como Repsol, las corporaciones que instalan allí los parques eólicos, Cepsa o la empresa vasca SIEMSA, entre otros. A algunas las hemos conseguido paralizar gracias a denunciarlas, dado que no han querido manchar su imagen. El Sáhara siempre ha sido una cesta de intereses, llena de recursos, y una zona estratégica en el Magreb no solo para Marruecos sino para diversos países.
“Son cientos las empresas [...] que están operando en el territorio ocupado por Marruecos, como Repsol, las corporaciones que instalan allí los parques eólicos, Cepsa o la empresa vasca SIEMSA”.
La cercanía del territorio saharaui a Argelia también tiene mucho que ver. Al fin y al cabo, Marruecos y Argelia son los dos países con mayor peso en la zona. Más allá de lo militar, Argelia destaca aún más que Marruecos por sus reservas de petróleo, de las que dependen muchos países como España. Es por esto que, para poder presionar a Argelia cuando convenga, EEUU, España o Francia realizan una política de chantaje a través de Marruecos, política que pagan los saharauis.
Para Marruecos la opresión del Sáhara también es una válvula de escape chovinista para la penuria que sufre su propio pueblo, cuyo 70% directamente quiere irse del país para no sufrir las pésimas condiciones de vida allí.
Efectivamente, Marruecos siempre ha visto el Sáhara como un pilar fundamental para la perpetuación de su régimen dictatorial alauita contra la población marroquí. Tratan de hacer creer al pueblo marroquí que tienen un problema en su frontera y que quieren quitarles un trozo de su tierra. Además, como ya hemos mencionado, Sáhara es un territorio con muchas riquezas, de lo cual carece Marruecos. A diferencia del despoblado desierto, Marruecos tiene una población de casi 40 millones de personas que apenas tienen para comer; más de 2 millones de marroquíes viven por debajo del límite de la pobreza multidimensional, más aún debajo de la monetaria. La mayoría de la juventud no acaba sus estudios y las únicas salidas que tiene son alistarse en el ejército o huir a Occidente en pateras.
“Marruecos tiene una población de casi 40 millones de personas que apenas tienen para comer [...]. El control del desierto [...] cumple un rol de estabilidad para la monarquía”.
El control del desierto, por tanto, cumple un rol de estabilidad para la monarquía. No solo mediante las riquezas que roban, sino en las oportunidades diplomáticas y comerciales que le brinda vendérselas a la UE y al resto de socios.

El muro construido en el Sáhara es igual al que Israel construyó en Palestina. Y no es la única conexión entre esos dos.
Así es. Los drones que ahora mismo utilizan para matar saharauis mayoritariamente son israelíes o de los ya mencionados países árabes (Emiratos y Arabia Saudí). Marruecos siempre ha tenido y sigue teniendo estrechas relaciones con el ensangrentado régimen de Israel. En todo, empezando por su pertenencia al pacto de Abraham. Incluso ha habido ahora ayudas al sanguinario régimen de Netanyahu. Eso lo sabe todo el mundo, existen informes que lo documentan. Hace poco la población marroquí salió a protestar a favor de Palestina y en contra de la política que lleva a cabo el régimen Alauita con Israel. El Estado marroquí tiene una “oficina de contacto” en Israel que prácticamente es una embajada, porque cumple las mismas funciones. Lo mismo hace Qatar, que para no enfadar a su población árabe declara que solo tiene una oficina en Tel Aviv.
“Marruecos siempre ha tenido y sigue teniendo estrechas relaciones con el ensangrentado régimen de Israel”.
A mí no me da miedo el agresor, me da miedo que la población árabe esté cada vez más dormida. Solo protestan los de siempre cuando ocurre lo de Palestina o lo del Sáhara, y los de siempre simplemente acabarán muertos o en las cárceles. Si los 300 millones de árabes salieran juntos a la calle serían imparables. La mayoría de los regímenes árabes, apoyados por EEUU e Israel, mantienen un régimen dictatorial apoyado por la CIA. Mientras hagan caso, mantienen su posición con asesinatos brutales.
“La mayoría de los regímenes árabes, apoyados por EEUU e Israel, mantienen un régimen dictatorial apoyado por la CIA”.
Volvamos ahora a los últimos acontecimientos. Tras pisotear los intentos de referéndum de 1991 y 2008, entre otros, Marruecos da un paso adelante y propone su plan de autonomía. No ya aprovecharse de la inoperancia de la ONU y su plan de referéndum, no ya colonizar el territorio con asentamientos ilegales. Directamente presenta un plan para anexionarse el Sáhara Occidental.
Marruecos no hace nada por su cuenta. Tras la primera guerra, que duró desde la Marcha Negra (aquella que ellos llaman la Marcha Verde) hasta los 90, Marruecos estuvo ganando tiempo con falsas negociaciones y soluciones. Cuando constató que la comunidad internacional les pedía una solución a ellos y el apoyo al Sáhara se iba apagando, presentó el plan de autonomía.
El Polisario y los saharauis hemos cedido mucho, hemos aceptado todo menos una autonomía. Cualquier cosa menos una solución que nos anexione a Marruecos. No somos marroquíes ni vamos a serlo. Este plan se ha apoyado en la política de hechos consumados. Al igual que Israel mata y construye asentamientos, es una realidad: Marruecos lleva desde 1975 beneficiándose de la situación, explotando nuestros recursos, reprimiendo a los saharauis en la zona ocupada o directamente expulsándolos al otro lado del muro, a uno de los lugares más inhóspitos de la Tierra. Quienes salimos perdiendo con el tiempo desgraciadamente somos nosotros.
Así, cuando llegó Trump, se apoyó en estos hechos consumados para, a través de Francia, apoyar el plan de autonomía presentado por Marruecos. Las resoluciones de la ONU, los derechos humanos, la legalidad internacional… pasaron a no valer nada. Muchos países cambiaron de posición y apoyaron este plan. Marruecos, por su parte, ha entendido la situación y ha ofrecido a Trump a cambio lo que quiera: ser más sionista que Netanyahu, el acuerdo de Abraham, debilitar a Argelia… Argelia siempre ha sido un problema para EEUU; un país estable y con conexiones gracias a sus depósitos de petróleo que ha apoyado sin titubear el derecho de los saharauis a la autodeterminación. Eso enfadó mucho a Trump.
“Cuando llegó Trump, se apoyó en estos hechos consumados para, a través de Francia, apoyar el plan de autonomía presentado por Marruecos. Las resoluciones de la ONU, los derechos humanos, la legalidad internacional… pasaron a no valer nada”.
Sin embargo, no solo fue cosa de Trump, tras él vinieron Macron y después Sánchez, bajo cuyo mandato 50 años después el Estado español vuelve a traicionar a los saharauis.
Claro, volvemos a lo mismo. El Sáhara para EEUU, Francia, Marruecos o el PSOE no ha sido más que un conjunto de intereses económicos. Han hecho numerosos intentos y reuniones secretas para negociar y llegar a algún acuerdo con Argelia por ejemplo para controlar sus hidrocarburos, y no lo han logrado. Ahí el Sáhara tiene un papel fundamental para presionar, y Occidente actúa de forma unida. Junto con esta política que dirige EEUU y presiona, ayudado por Francia, a países como el Estado español o Alemania para que la sigan, está la política de chantaje que lleva a cabo Marruecos contra el Estado español siempre: la droga, la inmigración, la radicalización religiosa… Y les da igual en qué forma; si a Marruecos le interesara, podría estar incluso detrás de radicales cristianos, por sus intereses hace cualquier cosa. También ha estado inmiscuido en los casos de corrupción del PSOE, el caso Pegasus (que a su vez es un programa israelí), etcétera.
Sánchez no solo ha cambiado de postura y se ha enfrentado a los saharauis, sino que se enfrenta a Argelia, con quien tener buena relación interesa mucho más al Estado español que tener como aliado a Marruecos. La decisión, por tanto, no se basa ni en la legalidad internacional, ni en intereses españoles ni nada. Ahora mismo hay 300.000 saharauis viviendo aquí, obtienen la nacionalidad española, y con una relación histórica profunda. Pudiendo haber optado por lo mínimo, como los gobiernos españoles anteriores, por la legalidad internacional, el derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación y estar en contra de matar civiles, como lo hace con Palestina, ha optado por un giro de 180 grados. Eso indica que detrás hay algo más.
“Sánchez no solo ha cambiado de postura y se ha enfrentado a los saharauis, sino que se enfrenta a Argelia, con quien tener buena relación interesa mucho más al Estado español”.
Lo que ha hecho Sánchez es como iniciar una guerra directa y oficial contra los saharauis. Marruecos lleva años llevando a cabo una guerra silenciosa matando saharauis. Es un país que expolia nuestros recursos porque tiene más armamento, más aliados y más población, pero no tiene derecho. Por eso estamos dispuestos los saharauis a pagar con nuestras vidas o con lo que haga falta para defendernos.
Al aceptar el plan de autonomía y volver a la situación anterior, hubo que volver a sentarse en la mesa de negociación. El Frente Polisario aceptó negociar, y fue entonces cuando se vio que el plan solo eran cuatro hojas, era humo. Marruecos se echó atrás, y hasta los estadounidenses tuvieron que callar. La presión mediática y la campaña de Trump de que la cuestión se cerraría en 60 días ya no son sostenibles. Cuando el Polisario se sentó a negociar, para ver lo que traían, Marruecos ya no iba tan en serio con su intención de resolver un conflicto que, como hemos mencionado antes, es fundamental para que su población siga unida. Si acabara con la cuestión saharaui con una solución definitiva, ¿qué le diría a su población? Por eso acudió con una propuesta de autonomía de cuatro hojas. Ninguna comunidad autónoma del Estado español tiene un estatuto de autonomía de cuatro hojas. Todo lo prometido por Francia al respecto tampoco fue más que ruido.
Es más: si Marruecos no es capaz de ofrecer a su propia población un nivel de vida aceptable (aun expoliando los recursos de Sáhara), ¿cómo puede Occidente pedirle que lo haga con los saharauis, como se hace en Catalunya, por ejemplo? Por eso una mayoría aplastante de saharauis apuesta por la independencia. Podemos optar por numerosas soluciones posibles con Marruecos, para llegar a un acuerdo, pero que desemboque en la independencia total del Sáhara. Como miembro del Polisario, sé que podría haber numerosas soluciones: ciertos años de autonomía y después independencia, mandato de la ONU y después independencia… Pero renunciar a la autodeterminación, nunca.
“Ya somos casi cinco generaciones las que hemos nacido y vivido en los campamentos”.
¿Cuál es la situación en los campamentos?
Los campamentos, como sabéis, se encuentran en el lugar más inhóspito del planeta, en el sureste de Argelia. Es el único lugar en el que la seguridad está garantizada, pero la visa es cada vez más difícil. Ya somos casi cinco generaciones las que hemos nacido y vivido en los campamentos, donde prácticamente todo viene de fuera, desde la propia comida y la ropa. Incluso el agua potable, que viene de pozos cavados por ONGs del Estado español o de Naciones Unidas. Las temperaturas, ahora en verano, alcanzan los 57 grados a la sombra, y la gente vive en chabolas de tela que llamamos “jaimas”. Ya ni hablemos del tema sanitario o el educativo.
Todos los informes del gobierno saharaui en el exilio, e incluso aquellos dependientes de la UE o la ONU, confirman que viven en peores condiciones que en muchos otros lugares del continente. Sin embargo, estamos centrados en superar nuestra situación como pueblo, es la única vía para solucionar estos problemas: el reconocimiento del inalienable derecho de autodeterminación de nuestro país, de nuestro pueblo. Por eso estamos dispuestos a darlo todo en este camino hacia la libertad, porque los que más han dado son quienes caen por el camino, y más aún ahora con esta guerra silenciosa que libramos con Marruecos.