El Gobierno de Malí anunció oficialmente este 10 de abril que retira su reconocimiento a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). La decisión se hizo pública tras una reunión diplomática en Bamako entre el ministro de Exteriores maliense, Abdoulaye Diop, y su homólogo marroquí, Naser Burita. Con este movimiento, Malí no solo rompe con su postura histórica, sino que califica el plan de autonomía bajo soberanía marroquí como la "única base seria, creíble y realista" para resolver el conflicto del Sáhara Occidental, siguiendo los pasos de EEUU y los países europeos.

Esta decisión responde a una reconfiguración de las alianzas en el Sahel, donde varias juntas militares que gobiernan algunos países de la región han firmado varios acuerdos con Marruecos. Según el comunicado de la cartera de Exteriores maliense, la medida atendería a una situación que afecta a la "paz y seguridad subregionales". Bamako ha subrayado la solidez de sus relaciones con Rabat, destacando una "solidaridad activa" que se ha materializado en diversos foros internacionales. Para la junta militar que gobierna Malí, la estabilidad regional parece ahora pasar por una alianza estrecha con Marruecos, alejándose de la influencia de Argelia, principal valedor de la causa saharaui.

El giro de Malí supone un nuevo golpe diplomático para el Frente Polisario, que ha visto cómo en los últimos años potencias como Estados Unidos, Israel, Alemania, Francia y España han respaldado, en distintos grados, las pretensiones de afianzar la ocupación del Reino alauí. La RASD, que reclama la culminación del proceso de descolonización del antiguo territorio colonizado por el Estado español y celebrar un referéndum de autodeterminación con un censo que elimine los sesgos posteriores a 1975, queda cada vez más acotada en el plano internacional, mientras Marruecos consolida su estrategia de "hechos consumados" sobre el terreno y reconocimiento a cambio de acuerdos bilaterales en materia económica y acuerdos militares.

Al alinearse con las tesis de Rabat, la junta militar de Bamako busca garantizar su acceso al océano a través de la Iniciativa Atlántica y el megaproyecto del puerto Dajla Atlántico, una infraestructura que pretende conectar a los países del Sahel con una ruta de 3.500 km. Este movimiento consolida el control marroquí sobre el Sáhara Occidental mediante la "diplomacia de infraestructuras", ofreciendo a los países del Sahel sin litoral una oportunidad logística frente a la inestabilidad de otras rutas africanas, a pesar de los enormes retos de seguridad y las dudas sobre la viabilidad técnica de un corredor que atraviesa zonas de guerra.

Volviendo al Sáhara, la ocupación colonial marroquí se remonta a la ocupación a la Marcha Verde de 1975, y permanece en un punto muerto técnico desde el alto el fuego de 1991. Las diferencias insalvables sobre el censo de votantes han impedido durante décadas la convocatoria del referéndum auspiciado por la ONU. Con el cambio de bando de Malí, Marruecos sale reforzado en la Unión Africana y debilita el frente de apoyo saharaui en el África Occidental, transformando la correlación de fuerzas en una zona marcada por la inestabilidad y el avance de las milicias mercenarias.