La contaminación por la agresión militar contra Irán igualó las emisiones anuales individuales de 84 países
CCI revela cinco millones de toneladas de CO₂ en tan solo 14 días de ataques, sumando la liberación de metales pesados, contaminantes tóxicos y sustancias químicas al aire, suelo y agua.
Un análisis del Climate and Community Institute (CCI) publicado a finales de marzo estima que las operaciones militares conjuntas de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán generaron 5.055.016 toneladas de dióxido de carbono durante tan solo los primeros 14 días del ataque, iniciado el 28 de febrero. La cifra, difundida por medios como The Guardian y Al Mayadeen, sitúa estas emisiones como equivalentes a las emisiones anuales combinadas de más de 84 países.
El estudio desglosa las fuentes principales de estas emisiones: aproximadamente 2,4 millones de toneladas provienen de la destrucción de más de 20.000 edificios e infraestructuras civiles, según datos de la Media Luna Roja iraní. Otros 1,88 millones de toneladas se atribuyen a los ataques contra instalaciones energéticas, que provocaron incendios masivos de petróleo y gas, con reportes de "lluvia negra" en áreas como Teherán. El consumo directo de combustible en operaciones militares, aeronaves, buques y vehículos, aportó alrededor de 529.000 toneladas, derivadas del uso estimado de entre 150 y 270 millones de litros de combustible fósil en ese periodo. El resto corresponde a emisiones incorporadas en el equipamiento bélico perdido y en municiones.

Estos cálculos se basan en metodologías similares a las empleadas en estudios previos sobre el genocidio en Gaza, donde otro informe estimó 33 millones de toneladas de CO₂ equivalente en los primeros meses, donde solo las operaciones militares iniciales superaron las emisiones anuales de 26 países. El CCI señala que las emisiones directas e indirectas de la guerra en Irán superaron, en apenas dos semanas, el total anual de 48 países pequeños.
"Cada salida de un F-35 genera entre 14 y 17 toneladas de CO₂"
Expertos consultados en los informes coinciden en que las guerras modernas representan una fuente subestimada de emisiones. Patrick Bigger, investigador del CCI, ha destacado que cada salida de combate de un avión F-35 genera entre 14 y 17 toneladas de CO₂, equivalente a las emisiones de toda la vida útil de un automóvil convencional. Bombarderos estadounidenses que operan desde bases lejanas, como en el oeste de Reino Unido, ampliarían considerablemente la huella de carbono. Además, las emisiones “incorporadas” en la producción de nuevas armas y el reabastecimiento de arsenales incrementarán el total si el conflicto se prolonga.
El conflicto también ha tenido efectos indirectos sobre las emisiones. La alteración de rutas marítimas en el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz ha obligado a buques comerciales a desviarse de su ruta habitual, aumentando su huella de carbono hasta un 50-70% según estudios de la UNCTAD de 2024 actualizados en 2026.
Más allá del CO₂
El impacto no se limita al CO₂. Organizaciones como el Conflict and Environment Observatory (CEOBS) han documentado más de 300 incidentes con riesgo ambiental durante las primeras semanas, incluyendo la liberación de metales pesados, contaminantes tóxicos y sustancias químicas al aire, suelo y agua. La Media Luna Roja iraní y el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, han advertido sobre los efectos en la salud de millones de personas, con posibles lluvias ácidas y contaminación persistente que podría durar décadas.