El mercado turístico en China experimenta una transformación estructural en la primavera de este año, impulsada por las políticas de exención de visados aplicadas por el Ejecutivo. Según datos de China Daily, los viajeros internacionales están desplazando su interés desde los monumentos icónicos típicos de las ciudades de primer nivel hacia experiencias de "inmersión cultural" en localidades de menor escala. Este cambio de tendencia implica que los visitantes ya no solo buscan contemplar el paisaje, sino que buscan otro tipo de actividades, como "talleres de patrimonio inmaterial", vestir ropa tradicional o aprender técnicas de alfarería; pasando del concepto de "ver China" al de "entender China" mediante la participación en la vida diaria, en palabras del China Daily.

Las infraestructuras se abren al transporte hacia el interior del país, facilitando la descentralización del consumo turístico y la distribución de los ingresos por el turismo hacia zonas menos desarrolladas. Lyu Ning, decana de la Escuela de Ciencias del Turismo de la Universidad de Estudios Internacionales de Pekín, señalaba que el ferrocarril de alta velocidad ya alcanza ciudades de tercer y cuarto nivel como Wuyishan o Huangshan. Estas zonas conservan "costumbres populares y paisajes naturales más auténticos", lo que responde a la demanda de singularidad de los turistas jóvenes, especialmente de la Generación Z. Según Lyu, este sector de la población ya no desea únicamente "marcar hitos en un mapa", sino "integrarse en la cotidianeidad", lo que transformaría la cultura china de "símbolos abstractos en momentos tangibles".

En la provincia de Hunan, el área escénica de la montaña Tianmen es uno de los ejemplos más visibles este nuevo auge del turismo de provincias del interior como motor económico. Ding Yunjuan, subdirectora de marketing del recinto, recuerda que el lugar recibió 162.100 visitantes extranjeros solo en el primer trimestre de 2026, lo que supone un aumento del 26% respecto al año anterior. El perfil del visitante ha cambiado: el 70% de la audiencia del musical folclórico Tianmen Fox Fairy es ahora de origen internacional, procediendo de más de 120 países. Los principales países emisores para esta región son Corea del Sur, Indonesia y Malasia, lo que ha conducido a la administración del parque a dotar a sus empleados de dispositivos de traducción y formación en idiomas extranjeros.

La percepción de "seguridad" y la inversión en servicios públicos en las ciudades de interior también actúan como factores de atracción frente a otros destinos globales. Turistas procedentes de Estados Unidos, entrevistados durante el Festival Sanduo en Lijiang (Yunnan), destacaron el "entorno seguro y amigable" de la localidad. Otros viajeros europeos subrayaron que ciudades como Lijiang están "increíblemente limpias" y resultan menos masificadas que los destinos tradicionales del sudeste asiático.

Este fenómeno de promoción estratégica del turismo a través de redes sociales como TikTok o Instagram está sustituyendo a la publicidad institucional tradicional, permitiendo una visión menos mediada por los canales oficiales y las agencias de viajes. Lyu Ning recuerda que los vídeos de experiencias reales publicados por los propios viajeros son "más influyentes y cercanos" que los anuncios tradicionales. Esta transición de un modelo dependiente de grandes hitos monumentales a uno basado en destinos de menos conocidos con vivencias culturales permite aumentar el nivel de sofisticación y diversificación del circuito turístico del país. El objetivo de estas políticas es que los turistas formen "conexiones emocionales" con el territorio que incentiven las visitas recurrentes, consolidando a las ciudades pequeñas como nuevos polos de atracción.

A pesar de este crecimiento, China todavía enfrenta desafíos significativos para consolidarse como un destino accesible para el turismo occidental masivo. La barrera del idioma sigue siendo un obstáculo mayoritario fuera de los circuitos de las grandes capitales, sumado a una infraestructura digital altamente específica que obliga a los viajeros a depender casi exclusivamente de aplicaciones de móvil locales para pagos, transporte y servicios básicos, lo que dificulta la autonomía de quienes no están familiarizados con el ecosistema tecnológico del país. A esto se añaden las dificultades para acceder a plataformas y servicios de internet internacionales debido a las restricciones de red del país, la relativa complejidad de los trámites para registrar tarjetas bancarias extranjeras en los sistemas de pago digitales y una oferta de servicios turísticos que, en las zonas rurales, todavía no está plenamente adaptada a los estándares de consumo y las expectativas de los viajeros internacionales.